Rubio viaja a Roma en plena crisis entre Trump y el Vaticano

Parecen haber pasado siglos desde los días en que los representantes de la administración Trump llegaban a Roma recibidos con todos los honores, mientras los ministros competían por hacerse una foto con ellos. Marco Rubio, en cambio, aterriza en la capital italiana en un clima de bajo perfil que roza la desconfianza. La misión del secretario de Estado, ya complicada de por sí, se ha vuelto todavía más ardua tras las nuevas acusaciones de Donald Trump contra el Papa sobre el programa nuclear iraní, a las que León XIV respondió con firmeza el martes por la noche.

La agenda prevé para la mañana del jueves una audiencia con el Pontífice en el Vaticano, seguida de un encuentro con el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin. El viernes, en cambio, la operación de acercamiento estará dedicada a Italia, país con el que las relaciones han empeorado notablemente. La reunión con la primera ministra Giorgia Meloni está prevista para las 11.30.

El Vaticano, pese a las nuevas frases ofensivas de Trump, ha decidido mantener la cita. Y en ambas orillas del Tíber, la religiosa y la política, muchos se preguntan cuál es realmente el sentido de la misión de Rubio. Las propias declaraciones de Trump contra el Papa han puesto en duda que el secretario de Estado llegue a Roma con un mandato claro para recomponer la relación con la Iglesia y con Italia. Y entonces surge la pregunta que circula por los palacios romanos: ¿Rubio está intentando construir un espacio propio o incluso ejercer de mediador entre Trump e Italia? Esa impresión se ha visto reforzada por la larga rueda de prensa del pasado martes, en la que el secretario de Estado se mostró mucho menos impulsivo que otros miembros de la administración.

La estrategia de EE.UU.

En los palacios romanos crece la duda sobre si Rubio llega con un mandato de Trump o intenta abrir un canal propio 

Los temas del encuentro con el Papa inevitablemente se cruzarán con aquellos que han provocado la polémica con Trump, empezando por las guerras. Una primera señal será la duración de la audiencia: en principio, Rubio dispone de media hora, ya que a las 12 el Papa tiene otro compromiso. Pero precisamente ese detalle será observado con atención. León XIV se mostró confiado ante el encuentro y apeló a la “apertura” y a la “comprensión” mutua. Pero en los principios no hay margen de ambigüedad: “La Iglesia —dijo el miércoles hablando a los fieles en la plaza de San Pedro— tiene la misión de pronunciar palabras claras para rechazar todo aquello que mortifica la vida e impide su desarrollo, y de tomar partido por los pobres, los explotados y las víctimas de la violencia y de la guerra”.

Y aun así, en el Vaticano nadie finge que no ha pasado nada. La herida provocada por las acusaciones del presidente estadounidense es evidente, empezando por la de haber aceptado el rearme nuclear iraní. Esos ataques “son cuanto menos extraños”, afirmó sin ocultar su sorpresa monseñor Parolin al entrar en la presentación de un libro sobre el Papa. “La Santa Sede siempre ha trabajado y sigue trabajando por el desarme nuclear, por lo que no puede aceptar que incluso se diga que está a favor de la legitimidad de las armas nucleares”.

El secretario de Estado vaticano

Las acusaciones de Washington “son extrañas: la Santa Sede siempre ha trabajado por el desarme nuclear”, afirma Parolin

En definitiva, todo hace pensar que Rubio tendrá que dar explicaciones sobre lo sucedido. “Hablaremos de todo lo ocurrido estos días. Es imposible evitar estos temas”, explicó el secretario de Estado vaticano. Pero el verdadero telón de fondo son sobre todo Venezuela y Cuba, dosieres centrales en la agenda de Rubio. “Nuestra propuesta —concluye Parolin— sigue siendo siempre la del diálogo. Los conflictos no se resuelven con la fuerza, sino con negociación y voluntad política”.

También te puede interesar