
Ante la iglesia de la Concepción de Huelva, en medio de un silencio que conmovía a cualquiera, antes de que sonaran las doce en el carrillón del campanario, las caras de todo el mundo eran de auténtica desolación mientras esperaban que pasaran, por el pasillo abierto en la pequeña plaza –a un lado la Guardia Civil, en frente, las autoridades– los ataúdes de los dos agentes fallecidos en una colisión fortuita ocurrida el jueves por la mañana frente a las costas de Huelva, mientras perseguían una lancha de supuestos narcotraficantes.
En primer lugar, en la hilera estaba el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, que en estos días se bate en la campaña electoral por conservar la mayoría absoluta de la pasada legislatura. Casi en el extremo opuesto estaba la secretaria general del PSOE de Andalucía, exvicepresidenta del Gobierno y candidata del PSOE en estas elecciones, María Jesús Montero. A cual de los dos más cariacontecidos. Estuvieron así, parados durante más de media hora, hasta que llegaron los féretros de los dos guardia civiles fallecidos.
“Si defienden lo público, que cuiden de las fuerzas se seguridad”, reclama la asociación de guardias civiles
Cuando se escuchó el himno de España alguien gritó viva la Guardia Civil. Luego regresó el silencio. Nadie dijo ni mu aunque el malhumor por estas muertes y por la carcoma del narcotráfico en la costa andaluza es considerable. No obstante, en honor a la verdad, la plaza no estaba muy llena. La gente de las tiendas asomaba la cabeza y miraba con curiosidad. Algunos transeúntes se paraban.
Nadie duda de la sincera desolación por la muerte de los dos agentes. Pero con toda probabilidad, Moreno y Montero –y sobre todo sus equipos– ya estaban calculando cómo van a afectar estas muertes a sus respectivas carreras hacia la meta del próximo domingo cuando se vota en Andalucía.
Moreno, en unas declaraciones realizadas a la salida de la capilla ardiente en la comandancia de la Guardia Civil de Huelva, reconocía que el narcotráfico es un problema en Andalucía. No es ninguna novedad, es lo que hay. En Huelva, particularmente. Sólo hace falta sentarse un rato en la orilla del Guadiana, en Ayamonte, para ver entrar las lanchas tierra adentro. Y en Huelva mismo, en el pequeño puerto del río Odiel, al pie del muelle de Río Tinto, a veces se pueden ver barcazas incautadas a los narcotraficantes, colocadas justo al lado de las naves rápidas de la Guardia Civil. Uno constata entonces que esta es una guerra desigual.
Para el presidente Moreno es difícil compaginar el mensaje, que repite en todos su actos en esta campaña de que Andalucía va bien, que es un gran motor de la economía española y que el paro, especialmente entre los jóvenes, está punto de dejar de ser un problema endémico de la comunidad. El mensaje casa mal con la realidad incontestable de que –él mismo lo ha reconocido en una entrevista al Diario de Sevilla que se publico ayer– las costas, desde Almería hasta Punta Umbría, se han convertido en un coladero del narcotráfico en el que se emplean jóvenes locales, bien en la intendencia –el petaqueo–, bien en las operaciones de desembarco y el almacenaje.
Hay datos incontestables de la realidad social andaluza. Según el informe de áreas urbanas de 2025 del Instituto Nacional de Estadística, de los quince núcleos urbanos con la renta per cápita más baja de España, nueve están en Andalucía. Seis de ellos en la prospera y exuberante región sevillana. Andalucía va bien, mucho mejor, sin duda, pero algunos se han quedado atrás.
Tampoco los cálculos para Montero ante este accidente son fáciles. Cuando salió de la capilla ardiente en la Comandancia de la Guardia Civil no se paró a hacer declaraciones. Cabizbaja, agarrada del brazo de su jefe de gabinete, bajo el paraguas –llovía a cántaros– pasó de largo. El ministro Fernando Grande-Marlaska, que podría haber ejercido de pararrayos del malhumor no estuvo ayer en Huelva. Mientras se celebraba el funeral en la iglesia de la Concepción, él participaba en una conferencia de prensa en Canarias para explicar el despliegue organizado para el desembarco del MV Hondius en el puerto de Granadilla de Abona (Canarias) a bordo del cual viajan 150 pasajeros que han estado en contacto con el hantavirus.
Desde allí, y sólo cuando los periodistas le preguntaron sobre lo ocurrido en Huelva, Marlaska defendió que el ministerio está atendiendo todas las demandas de la Guardia Civil para mejorar el equipamiento con el que Jerónimo y Germán, los dos agentes fallecidos, navegaban detrás de la narcolancha.
No opinan lo mismo los sindicatos de la policía y la Guardia Civil que llevan meses, años, reclamando más medios y plantillas completas frente a un adversario que incluso llega a utilizar armamento de guerra para defender su alijos.
El secretario general de la asociación profesional de la Guardia Civil (Jucil) en Cádiz, Agustín Domínguez, arremetió de frente: “Si tanto quieren cuidar lo público, que empiecen por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que también somos públicos. Y si nos coartan de esta manera por falta de medios y matándonos como nos están matando, poco podemos hacer”.
La seguridad es una competencia exclusiva del Estado en Andalucía y en estas elecciones, si alguna candidata lleva el sello del Gobierno de España estampado en la frente es María Jesús Montero. La candidata socialista ha basado su campaña en la defensa de los servicios públicos. Así que, sí, el accidente es, además de una lamentable historia, también un problema electoral.

