
La combustión del queroseno produce un efecto visual en los aeropuertos. Lo habremos observado en más de una ocasión: se produce una extraña vibración del aire, la luz refracta, las imágenes tiemblan, el entorno parece inflamable y el horizonte no se distingue muy bien. Algo parecido ocurre en una carretera recta en plena canícula. El aire tiembla a ras de suelo y parece que haya charcos en el asfalto. La carretera absorbe mucha radiación solar, calienta la capa de aire más próxima, que se vuelve menos densa que la superior. Al atravesar capas de aire de distinta densidad, la luz se curva y esa refracción engaña al cerebro humano que cree ver charcos en el asfalto. En los aeropuertos pasa algo parecido con el queroseno. Cuando los motores de un avión están encendidos expulsan un vapor muy caliente, menos denso que el aire, que provoca la refracción de la luz. Si la jornada es calurosa, el calentamiento de las pistas hace que el efecto óptico sea aún más intenso.
Vienen meses de queroseno volátil en los que será muy difícil ver lo que hay en el horizonte. No sabemos exactamente qué está pasando en el golfo Pérsico. Todo son fragmentos. Los iraníes han cerrado el estrecho de Ormuz por dentro y teóricamente sólo dejan pasar los barcos que pagan peaje. La Marina norteamericana ha cercado Ormuz por fuera, para controlar quien sale y evitar que Irán pueda exportar petróleo por vía marítima.
Estados Unidos gana dinero con la crisis de Ormuz y a la vez acumula mucho desprestigio
Retengamos el siguiente dato. Desde el primer día, Estados Unidos quiere desbaratar los circuitos de venta de petróleo que han dejado de utilizar el dólar como moneda de pago. Primer objetivo: salvaguardar el petrodólar. Venezuela vendía petróleo a China al margen del dólar. Irán, también.
En enero raptaron a Nicolás Maduro , y en febrero mataron a Alí Jamenei . Creyeron –o así se lo hicieron creer los servicios secretos israelíes– que después de la eliminación física del Líder Supremo, el régimen de los ayatolás colapsaría, estallaría una gran rebelión civil, o aparecería un líder más moderado, dispuesto a pactar como Delcy Rodríguez . Se señalaba una figura de elegante barba recortada. Alí Lariyani , secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, estudioso de la filosofía de Kant , parecía ser el interlocutor deseado. Murió en un bombardeo israelí. Irán no es Venezuela. Los dirigentes del movimiento bolivariano por lo general no creen en el Más Allá; los clérigos chiitas, sí. La religión vuelve a ser muy importante en la actual fase de desencuadernación del mundo, lo vemos cada día. En el islam chiita, la resistencia y el martirio ocupan un lugar importante. Estaban preparados para resistir.

Puesto que los pozos corren el riesgo de colapsar si el bombeo se detiene de manera abrupta, los iraníes siguen extrayendo petróleo. Lo exportan a China, en cantidades más reducidas, a través de una conexión ferroviaria por el Asia Central –la Ruta de la Seda– y lo almacenan donde pueden. Han llenado los tanques de su flota fantasma en el golfo Pérsico y han acercado muchos de sus petroleros a la costa occidental. Se calcula que en estos momentos en los depósitos de esas naves hay el equivalente a unos cuarenta millones de barriles. Esos petroleros son almacén y mina flotante. Si empieza una batalla naval a gran escala, alguien los puede hacer estallar para provocar una marea negra letal para las costas de Kuwait, Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, cuya agua potable depende en gran medida de plantas desalinizadoras. Cada país del Golfo evalúa hoy sus propios intereses y no está de más recordar que las monarquías petroleras tienen mucho dinero invertido en Estados Unidos, especialmente en las empresas tecnológicas. Algunos de esos emporios quizá nunca vuelvan a ser lo que fueron. Les han atacado con misiles y drones, les han bombardeados plantas de licuación de gas (Catar), oleoductos (Arabia Saudí) y puertos petroleros (Emiratos Árabes). Pueden ver barcos en llamas cerca de sus costas. Pueden quedarse sin agua potable. Los oficiales del régimen iraní que siguen con vida parecen dispuestos a morir matando. Creen en el Más Allá. Estamos, por tanto, ante una lucha contra el tiempo, en la que Donald Trump dice una cosa distinta cada día, inundando el mundo de confusión.
España tiene ocho refinerías, siete plantas de regasificación y un gran parque de renovables
Mientras tanto, Estados Unidos gana dinero con la exportación de petróleo y gas. Tiempo para ganar dinero; tiempo para evitar una debacle en las elecciones de medio mandato en noviembre. Ese sería el cronograma de los tipos listos de Washington. Las refinerías de todo el mundo van a tope. El día que la curva de los beneficios privados se cruce con las otras dos líneas al alza, el riesgo de colapso sistémico y la subida general de precios, la guerra de Irán basculará. A principios de junio esas líneas podrían cruzarse.
Mientras tanto hay mucho queroseno reverberando. El encarecimiento del combustible de los aviones puede arruinar la campaña turística del verano, pero hoy está reportando buenos beneficios a las refinerías españolas que lo producen, empezando por la del puerto de Tarragona.
España tiene buena planta en esta crisis: ocho refinerías de petróleo (nueve, con Portugal), y siete plantas de regasificación de GNL (ocho, con Portugal). Gran capacidad de producción de carburantes derivados del petróleo y gran capacidad de almacenamiento de gas natural licuado. Y un gran parque de energías renovables. Ningún otro país europeo tiene un equipamiento energético similar. Pero la campaña turística puede irse a pique.
El queroseno reverbera y provoca espejismos a pie de pista.

