Romano Prodi ha pasado por Barcelona, invitado por la Generalitat, para celebrar los 40 años de la presencia de Catalunya en las instituciones europeas. El ex presidente de la Comisión Europea y ex primer ministro de Italia cree que el mundo convulso es una gran oportunidad para Europa, pero lamenta la falta de líderes capaces de tomar las decisiones correctas.
Usted siempre ha creído que Europa es nuestra gran esperanza. ¿Aún mantiene el optimismo?
Mantengo la esperanza, pero nada más. Hacemos lo mínimo. No tenemos un papel activo en ninguno de los grandes problemas del mundo. No en Ucrania, no en Palestina y no en Irán. No aprovechamos nuestro potencial y tenemos mucho. Hay algo que no funciona cuando no tenemos un peso político proporcional a nuestra riqueza. El PIB de la UE, combinado con el del Reino Unido, Noruega y Suiza, es comparable al de EE.UU. y no pintamos nada.
Europa no tiene un papel activo en ninguno de los grandes problemas del mundo
La UE reconoce que los informes Draghi y Letta son el camino hacia una Europa más fuerte y relevante, pero no los aplica.
Es difícil hacerlo sin una política común, sin un sentimiento común, sin algo que nos caliente el corazón.
¿Faltan líderes capaces de devolver la fe a los europeos?
Sí. Nos faltan líderes capaces de tomar las decisiones que deben tomarse.
Francia y Alemania no lideran.
Aun son amigos, pero ya no son hermanos y para liderar Europa deben ser familia.
Echamos de menos a Kohl y Mitterrand.
Sí. Pero hoy es mucho más difícil tener liderazgos fuertes con tanta división política. Incluso dentro de los gobiernos de coalición hay divisiones.
Y los que más alzan la voz son los radicales y los antieuropeos.
Exacto, pero el Brexit nos ha enseñado que ningún país quiere salir ya de la UE.
Esto no impide que muchos gobiernos culpen a Bruselas de todo lo que les va mal.
Sí y esto es muy interesante. Dese cuenta de lo que significa. Por un lado, Europa es irreversible, pero por el otro no estamos dispuestos asumir las consecuencias.
No queremos pagar el precio que implica ceder más soberanía.
Sí, es una gran decepción.
Esta cesión de soberanía parece imprescindible para asumir los retos de seguridad que plantean la retirada de Estados Unidos y la amenaza de Rusia. Alemania ha aprobado un presupuesto de defensa que es superior al francés. En cinco años puede tener el ejército más fuerte de Europa. ¿Le preocupa?
Esta sea tal vez la cuestión más delicada de todas a las que se enfrenta la UE. Francia y Alemania son los motores de Europa. Alemania lidera la economía y Francia, la política porque tiene la bomba atómica y derecho de veto en la ONU. Francia debería compartir la disuasión nuclear y el derecho de veto para que sean herramientas verdaderamente europeas y no francesas.
Macron he declarado que la fuerza nuclear francesa está al servicio de Europa, pero no quiere compartir su gestión.
Es imposible. Si diera este paso, la ultraderecha arrasaría.
La UE siempre ha estado supeditada a los intereses particulares de cada gobernante.
Y así nos va. Francia y Polonia, por ejemplo, rechazan el acuerdo de la UE con Mercosur. De nuevo, faltan liderazgos para tomar decisiones contundentes.
¿Cree usted que Trump ayudará a fortalecer la UE?
Trump es el gran aliado de Europa. Gracias a él, aumenta el sentimiento popular de más Europa.
Los gobernantes, de nuevo, parece que no atienden este sentimiento.
No y le pongo un ejemplo. En una república federal el estado acostumbra a gastar un 20% del PIB. La UE funciona con un 1% del PIB de los 27 socios y cuando se plantea aumentarlo, Alemania se opone con vehemencia.
¿Alemania pone frenos a una mayor unidad de Europa?
Se niega a compartir las herramientas financieras y económicas. Fíjese como el gobierno alemán se opone a que el banco italiano Unicredit se haga con el control del Commerzbank. Es el gobierno el que se opone a crear las grandes entidades financieras que necesitamos para competir con China y EE.UU.
Alemania se niega a compartir las herramientas financieras y económicas
A veces parece que Canadá cree más en la UE que muchos europeos.
El primer ministro Mark Carney dijo hace unos días que el orden internacional será reconstruido a partir de Europa.
¿Y los europeos lo creemos?
Deberíamos porque Europa es nuestro futuro y nuestra necesidad. Hay que tomar decisiones fuertes en la dirección correcta y si lo hacemos, la gente nos seguirá. Mire el euro. Al principio lo adoptaron 12 países y hoy son 21. ¿Por qué? Porque funciona. Es el momento de las decisiones fuertes. Por eso insisto en que Alemania y Francia deben ser hermanos y no lo son. No lo son en la defensa ni en la economía.
Macron no tiene mayoría parlamentaria y Merz dirige una coalición de gobierno mal avenida.
¿Cómo van entonces a tomar decisiones trascendentales? Imposible, pero no hay más remedio. Es el momento de actuar. La relación transatlántica no se recuperará y China nos necesitará de aquí a cinco años como mucho para que seamos un árbitro en su pugna con Estados Unidos. Por eso, Europa tiene una oportunidad muy grande y la gente lo sabe. Los europeos tienen este sentimiento y si hoy les planteas Europa sí o Europa no, seguro que escogen Europa sí.
Y ¿los chinos nos necesitan?
Claro. Y nosotros no tenemos una política común para relacionarnos con ellos. Dicen que somos sus amigos, pero también dicen que no sabemos lo que queremos. No nos coordinamos. Cada país va por libre y así no podemos competir. No podemos competir ni con los productos más simples ni con los más sofisticados. Dígame un producto que los europeos vendamos a los chinos. Ninguno.
Ellos nos venden los coches que anes les vendíamos nosotros.
Pero en cinco años nos necesitarán. Necesitarán el mercado de la UE más que ahora y ¿sabe lo que necesitarán por encima de todo? Nuestra reglamentación. Europa es la madre de todos los derechos y los chinos lo saben. Me piden que admitamos nuestra derrota en la carrera tecnológica, pero que les ayudemos a regular la inteligencia artificial. Por eso este es el momento de negociar como un bloque, con un proyecto común, sobre todo en tecnología.
Pero no tiene confianza en que seamos capaces de esta unidad.
Los gobernantes temen que no serán reelegidos si adoptan las medidas que son necesarias para tener una Europa más fuerte.
Las políticas identitarias y nacionalistas se imponen sobre las comunes y europeístas.
Este es el verdadero peligro que afronta Europa. La identidad avanza en cada democracia. Y la identidad lleva a guerras y a guerras de religión. Por eso, como usted ha remarcado antes, nos falta liderazgo, líderes que puedan aprovechar el momento y ser capaces de conectar con el sentimiento popular de más Europa.
