A los 94 años de edad, Raúl Castro tiene que jugar al escondite.
La sombra del destino de Nicolás Maduro, que fue secuestrado en su casa de Caracas el pasado enero y que de presidente de Venezuela pasó a ser presidiario en Nueva York a la espera de juicio por presunto narcoterrorista, se proyecta sobre el veterano jefe revolucionario.

La comunidad cubano estadounidense de Miami se mostró muy exaltada y emocionada este miércoles con la posibilidad de ver encarcelado en Florida al que consideran uno de los mayores tiranos del régimen de La Habana. Hay ganas de pasarle cuentas como supuesto responsable, desde el puesto de ministro de Defensa, por el supuesto asesinato de cuatro estadounidenses (de origen cubano) que participaron en 1996 como pilotos en las operaciones humanitarias de la organización Hermanos al Rescate. Sus aviones fueron abatidos.
El legislador estadounidense Carlos Giménez, nacido en la isla y miembro de la diáspora, alentó una posible operación para traer a Raúl por la fuerza y el presidente Donald Trump se limitó a responder “no quiero hablar de eso” cuando le recordaron el operativo de captura de Maduro.
Frente a esa opción de intervención militar –algunos expertos incluso atisbaron que la imputación y orden de detención podría incitar un conflicto bélico-, el que fuera presidente de Cuba del 2008 al 2018 debe estudiar como Fidel, su hermano mayor, se protegió de los atentados de la CIA en las primeras décadas de su ejecutivo.
Está documentado que el gran líder revolucionario, el principal de los barbudos, cambiaba con frecuencia de residencia y usaba múltiples lugares para dormir y trabajar por temor a sufrir un golpe del espionaje estadounidense.
Pero en la actualidad, con los extraordinarios avances tecnológicos de detección y vigilancia, que dejan en simples juguetes los de aquella época de Fidel, Raúl Castro ha de extremar sus precauciones, como si fuera un preso en su casa.
El fiscal general interino de EE.UU., Todd Blanche, no descartó más imputaciones mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio (otro con raíces en la isla) remarcó en un mensaje este miércoles a los cubanos que Castro no solo es un presunto asesino, sino que además es el mando real de Gaesa (Grupo de Administración Empresarial S.A.), sociedad a la que calificó de ser la gran expoliadora de la economía cubana, más incluso que el histórico embargo o el reciente bloqueo petrolífero ordenado por la Casa Blanca.
“Hace treinta años, Raúl Castro fundó una empresa llamada Gaesa. Esta compañía es propiedad y está operada por las Fuerzas Armadas, y tiene ingresos tres veces mayores que el presupuesto de su gobierno actual”, denunció Rubio.
“Hoy, mientras ustedes sufren, estos empresarios tienen 18.000 millones de dólares en activos y controlan el 70% de la economía de Cuba. Obtienen ganancias de hoteles, construcción, bancos, tiendas e incluso del dinero que sus familiares les envían desde Estados Unidos. Todo, absolutamente todo, pasa por sus manos. De esas remesas retienen un porcentaje, pero de las ganancias de Gaesa no les llega nada”, denunció.
En realidad, la entidad más dominante en Cuba no es el Partido Comunista, sino Gaesa, un conglomerado empresarial secreto controlado por el ejército cubano, en cuya cima administrativa se sitúa Raúl Castro. Se considera una de las estructuras económicas más poderosas del país porque gestiona gran parte de los sectores que generan divisas.
Establecida originalmente por Raúl Castro para reforzar el sector de defensa de Cuba, esa empresa ha evolucionado hasta convertirse en un imperio comercial, según diversos analistas, y en punto central de la campaña de Washington contra el régimen de La Habana. Varios de sus dirigentes y funcionarios se encuentran en la lista de sancionados por Estados Unidos.
“Esta empresa privada tiene más dinero que el propio gobierno”, sostuvo Rubio la semana pasada durante un viaje al Vaticano. “Ninguno de estos fondos se destina a construir una sola carretera, un solo puente, ni a proporcionar un solo grano de arroz a un solo cubano, excepto a las personas que forman parte de Gaesa”, aseguró.
Gaesa participa directa o indirectamente en turismo (hoteles y resorts), tiendas en moneda extranjera, puertos y logística, zonas francas, inmobiliarias, remesas, bancos y finanzas (en especial el Banco Financiero Internacional, que otorga al conglomerado un dominio absoluto sobre las reservas de divisas), importaciones, aeropuertos, telecomunicaciones asociadas, transporte marítimo o gasolineras y supermercados, todo esto a través de una vasta empresa llamada Cimex.
Aunque formalmente es una corporación empresarial, funciona con una mezcla de estructura militar, administración estatal y lógica corporativa. El gobierno cubano le concede sectores estratégicos y Gaesa administra empresas, recauda ingresos en moneda fuerte y redistribuye recursos al Estado y al aparato militar. Muchos creen que actúa como el verdadero centro financiero del sistema político cubano.
Es como un estado dentro del estado. Sus finanzas son secretas y no aparecen en ninguna parte del presupuesto del gobierno, lo que hace que no esté claro si el Estado recibe alguna parte de sus beneficios.
Gaesa nació por el caos que se genero tras la caída de la Unión Soviética en 1991, la época del periodo especial, aunque sus raíces se remontan a la década de 1980. Raúl Castro, entonces ministro de Defensa, convenció al presidente Fidel, para que le permitiera realizar cambios en los intereses empresariales de las fuerzas armadas, explicó al The New York Times Frank Mora, que ejerció como subsecretario adjunto de Defensa en la administración Obama.
Cuando se derrumbó la URSS, la isla perdió a su principal socio comercial y patrocinador financiero. El ejército quedó en ruinas y tuvo dificultades para pagar a sus tropas. Fidel permitió que las fuerzas armadas asumieran sectores de la economía controlados por el Estado, como el turismo, en un intento por salvar el país.
El experimento funcionó al principio, coincidieron los expertos, y el ejército demostró ser un gestor empresarial más eficiente que otras ramas del Estado. La economía se recuperó a finales de la década de 1990, y los militares reinvirtieron sus ganancias en el país para apoyar hospitales, la educación y las raciones de alimentos.
Su papel se reforzó cuando Raúl recibió la presidencia de su hermano y ahora controla gran parte de la economía. Gaesa también tiene empresas en Angola, que generan cientos de millones de dólares en beneficios anuales en educación, atención sanitaria, construcción y otros sectores.
La llegada de Trump a la Casa Blanca en enero del 2017, que cerró el flujo de turismo y negocios que abrió Obama, y la pandemia, castigaron a los cubanos. Pero pese a la crisis, Gaesa mantuvo su control, auque dejó de revertir en los ciudadanos. Hoy, con otros familiares de Raúl Castro también en la cúpula, es más fuerte que nunca, insisten los analistas. Sin embargo, la pobreza en la isla jamás ha sido peor.

