El gasto en defensa se libra de los sacrificios a que obliga la delicada situación de las finanzas públicas en Francia. La Asamblea Nacional ha dado luz verde esta semana a un aumento del presupuesto militar por valor de 36.000 millones de euros de aquí al 2030. Eso significa que, al término del mandato presidencial de Emmanuel Macron, se habrá doblado la inversión en este ámbito.
“Para ganar una guerra, es necesario anticiparla”, dijo este miércoles la ministra de Defensa, Catherine Vautrin, para justificar un gran incremento del dispendio que obtuvo un amplio consenso parlamentario, incluido el apoyo del Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha). “La posición de Francia es una posición defensiva -agregó la Vautrin-. Para ser respetado hay que ser temido, y para ser temido hay que estar entrenado y equipado”.
La guerra de Ucrania, la actual crisis en el golfo Pérsico y la postura más que desdeñosa de Donald Trump hacia la OTAN refuerzan la determinación francesa de autonomía estratégica, más aún cuando se trata del único país de la Unión Europea que dispone de disuasión nuclear independiente y de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
El rearme francés es especialmente urgente en el ámbito de la guerra aérea (más cazabombarderos, drones y armas antidrones) y del espionaje por satélite, pero también incluye el desarrollo de un nuevo carro de combate que sustituirá al Leclerc, además de acumular un nivel suficiente de munición ante la eventualidad de una guerra de alta intensidad en el teatro europeo. París necesita asimismo mantener actualizado su arsenal nuclear, con nuevos misiles y submarinos lanzadores, y preparar el relevo del portaaviones Charles de Gaulle. Se calcula que el próximo buque insignia francés costará al menos 10.000 millones de euros.
Vautrin recordó que la inversión en defensa tiene unas implicaciones económicas, tecnológicas y en empleo muy relevantes, no en vano Francia es el segundo exportador mundial de armamento, un sector en el que trabajan 240.000 personas.
Se dice a veces que Francia, como potencia mediana, cuenta con un “ejército bonsái”, en el sentido de que es pequeño, pero tiene de todo y de alto nivel, desde fuerzas nucleares de proyección mundial a unidades aerotransportadas de despliegue rápido. Otra característica crucial es que la mayor parte del material es de diseño y producción nacionales, por lo que la dependencia de otros países es mínima. En eso se distingue de otras fuerzas armadas europeas como las alemanas o las británicas, muy dependientes de los fabricantes estadounidenses, hasta el punto de que el Pentágono podría, llegado el caso, vetar el uso de determinadas armas, incluidos los cazas F-35.
