España, nuevo land alemán

Últimamente prospera la idea que afirma que el crecimiento, aunque superior al de la UE, apenas es percibido por una gran mayoría. Ello sería el reflejo de que, pese al aumento de la ocupación, las alzas de precios por la guerra y la vivienda superan con creces la mejora ocupacional. Siendo ello cierto, es solo parte de lo que nos sucede: parecería que más ocupación y menos desempleo fueran aspectos de un orden menor. Recuerden cuando, no hace tanto, los problemas eran los contrarios: alzas del paro y destrucción de ocupación. En todo caso, si desean tener una visión más equilibrada de lo que nos espera hasta el 2028, les recomiendo el informe que acaba de publicar el FMI sobre España. De los múltiples aspectos que el estudio trata, les selecciono tres particularmente relevantes.

Primero, productividad. Medida por hora trabajada, esta ha mejorado en el 2025 reflejo de la caída de las horas de trabajo de los nativos que, en términos de la oferta de trabajo, se ha visto contrarrestada por el influjo de mano de obra inmigrante (75% del total del aumento del empleo), que en sus dos terceras partes procede de América Latina y el Este de Europa.

Mejoras en empleo, productividad o saldo exterior definen una economía más sólida

Segundo, saldo por cuenta corriente. En el 2025 mantuvo su ya tradicional valor positivo (2,9% del PIB) que, sumado a la larga cadena iniciada en el 2011,
define el período de bonanza exterior más dilatado de la historia del país. Con anterioridad, sólo en épocas de crisis habíamos conseguido un par de ejercicios positivos. Además, el Fondo considera que esa situación se mantendrá en el trienio 2026-28, consolidando una muy importante transformación de nuestra economía.

Finalmente, solvencia exterior. La llamada Posición de Inversión Internacional (diferencia entre activos de España en el resto del mundo y pasivos de extranjeros en España) es una variable crítica: nos puso a los pies de los caballos en 2008-12, tras alcanzar valores estratosféricos próximos al 100% del PIB. Los ajustes del tamaño del sector financiero, la espectacular reducción de la deuda de hogares y empresas y un saldo por cuenta corriente que lleva ya cerca de 14 años de superávit, han permitido reducirla al 45% en el 2025, y con previsiones del FMI que apuntan a registros en el entorno del 31% para el 2028, ya por debajo del 35%, el umbral que la Comisión Europea considera el mínimo adecuado para evitar problemas de solvencia exterior.

No es oro todo lo que reluce, cierto. El crecimiento no se extiende a todas partes por igual y la inflación reduce capacidad de compra, cierto también. Pero alzas en empleo y productividad, mantenimiento de un saldo exterior positivo y una mejora ya muy substancial de la posición neta internacional, definen una economía distinta y más sólida de la de hace unos años. ¡Parecería que, tras los sufrimientos de la gran crisis financiera, finalmente nos hemos vuelto alemanes!

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