
Cuando el piloto de Iberia, Pablo Martínez Núñez, anunció el inicio del descenso hacia Barcelona, el Papa se levantó y se acercó a la ventanilla. Bajo algunas nubes se asomaba la Sagrada Família. La llegada a Catalunya, procedente de Madrid, donde la presencia de León XIV ha impuesto durante unos días una tregua política que toca ya su fin y ha bajado los decibelios de la crispación –hoy el Congreso de los Diputados vuelve a su normalidad–, difícilmente podía ser más simbólica. Este miércoles el Pontífice presidirá la misa solemne en la basílica de Antoni Gaudí –venerable para la Iglesia– en el centenario de su muerte. Al acabar, saldrá al exterior del templo que consagró en el 2010 Benedicto XVI y bendecirá la torre de Jesús. La ceremonia concluirá con un espectáculo de drones y se proyectará en la noche barcelonesa una frase que el arquitecto decía a sus colaboradores: “Primero el amor, después la técnica”.
Ese será el colofón y el momento culmen del viaje… pero la jornada de hoy del Papa será intensa y empezará mucho antes en la cárcel de Brians, un lugar al que no tenía previsto acudir en un primer momento y que a última hora, con el programa casi cerrado, se incluyó en la agenda. Fue la gran sorpresa y quien hará allí de anfitrión será el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez, que también le recibió en El Prat.
Después León XIV se desplazará a la abadía de Montserrat, que conmemoró el año pasado su milenario. Tras el rezo del rosario y una visita al camarín de la virgen, comerá con la comunidad benedictina a puerta cerrada. Por la tarde, habrá otro acto de carácter social en la parroquia de Sant Agustí, en el Raval, con los trabajadores de las asociaciones que atienden a los desfavorecidos de la diócesis y donde el Papa responderá a las preguntas de un niño… y ya a partir de las 19.30 horas estará en la Sagrada Família tras un paseo en papamóvil.
León XIV también acude hoy a la prisión de Brians, Montserrat y la parroquia de Sant Agustí, en el Raval
En la misa solemne estarán los Reyes y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que asistirá hoy por primera vez a una celebración religiosa desde que llegó a la Moncloa hace ocho años. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, en el 2010, no asistió a la consagración de la basílica. La mayoría de prelados españoles –se prevé que haya más de 250– estarán también en Barcelona y podrán seguir desde el interior del templo la eucaristía unas 4.000 personas que tendrán que pasar estrictos controles de seguridad. Habrá en el exterior otras 4.000 que verán por pantalla todo lo que suceda dentro y disfrutarán del espectáculo final.
Prevost encara ya su quinta jornada y las multitudes de los primeros días ya no se repetirán. Los días que el Pontífice estuvo en Madrid coincidieron con el fin de semana. Acudió allí gente de toda España y las inscripciones eran abiertas para todo el mundo que quisiera ir. En Barcelona, en cambio, el acto con mayor aforo fue el de anoche con unas 40.000 personas en el estadio Lluís Companys, donde , sobre todo, había jóvenes. Las 48 horas que Prevost pasará en territorio catalán coinciden con jornadas laborables y no se esperan eventos con una presencia masiva de fieles, un asunto que ha dejado un regusto amargo para la Iglesia local, ya que muchas personas que querrían ver de cerca al Papa tendrán que seguirlo a través de las pantallas.
En cualquier caso, más allá de los actos multitudinarios de la capital española, en los primeros tres días en España Prevost ha tenido un papel muy institucional y político que ahora en Barcelona –donde el ruido tiene muchos menos decibelios– va quedando atrás. Hay quien se atreve a decir que esta es una etapa más espiritual. El cambio de acento del viaje también se hizo visible en la vigilia, donde, más allá del recorrido triunfal en papamóvil, los jóvenes interpelaron al Pontífice sobre temas tan delicados como la salud mental y la depresión.
Prevost combina el catalán con el castellano en sus discursos y deja atrás la polémica lingüística
El primer acto del Pontífice, nada más aterrizar, fue en la catedral, donde dio muestras –como por la noche en la vigilia de oración en Montjuïc– de que en la Santa Sede hay sensibilidad por la cuestión lingüística y que la polémica, que ahora ya solo permanece en la esfera política, llegó a Roma. En su homilía durante el rezo de la hora Sexta, el Papa volvió a lanzar un mensaje en favor de la unidad, en este caso ante un público vinculado a la Archidiócesis de Barcelona. “En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más individualista, queremos ser ‘mártires’, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias”, les dijo a los canónigos, la curia diocesana, los seminaristas y los trabajadores de la diócesis y organizadores del viaje.
Sea como fuere, Prevost tiene 48 horas para ganarse la simpatía de los catalanes después de haberse declarado el sábado pasado “un madrileño más” y de mostrar su preferencia por el Real Madrid y el Atlético en detrimento del Barça… y de haberse fotografiado con la camiseta del conjunto blanco junto a Florentino Pérez. En ese sentido, en el vuelo a Barcelona ya moderó ayer su discurso.
Nada más subir a la escalerilla, el Papa se acercó a la cabina para saludar al piloto. Allí se permitió incluso una broma futbolística. “¿Nos hacemos una foto antes de la salida?”, le preguntó. Y añadió entre risas: “Lo del golazo me gustó, yo soy del Madrid”, en referencia a la frase pronunciada por León XIV en el Santiago Bernabéu: “La Iglesia de Madrid ha metido un golazo”. El Papa respondió con cautela y humor. “En Barcelona hay que tener cuidado”, dijo sonriendo. Durante el vuelo, Prevost también tomó el micrófono para intercambiar unas palabras con el piloto del caza del Ejército del Aire que escoltó el avión papal hasta El Prat. Frente a su asiento viajaba una imagen de la Moreneta.
“Primero el amor, después la técnica”, se podrá leer esta noche en Barcelona sobre la basílica
Teniendo en cuenta todos estos ingredientes, el retrato de un Papa rígido o encorsetado, al menos durante estos días en España, resulta difícil de sostener.
Entre quienes acompañan al Pontífice desde cerca existe la impresión de que estos primeros cuatro días de viaje le han dado una seguridad que no siempre se había visto en los primeros meses de pontificado. León XIV se muestra más espontáneo, más cómodo en las distancias cortas y probablemente también favorecido por una lengua, el castellano, que domina mucho mejor que el italiano y que le permite improvisar con naturalidad.

