León XIV deja en España la semilla de una futura y rara entente PP-PSOE

El viaje del papa León XIV a España, considerado un éxito de manera casi unánime, ha dejado varios mensajes y una rara semilla.

La semilla contiene el embrión de algún tipo de entente entre el PP y el PSOE en la próxima legislatura, injerto que hoy nos puede parecer radicalmente imposible, pero que quizá no lo sea tanto una vez las urnas hayan hablado y la Unión Europea contemple su incierto futuro con los resultados de los procesos electorales que el año que viene tendrán lugar en Francia (elecciones presidenciales), en España (legislativas), Polonia (legislativas) e Italia (legislativas).

El año que viene votan cuatro de los cinco países más grandes de la Unión. De esas urnas saldrá el futuro de Europa. La semilla que el Papa dejó caer el sábado 6 de junio en el Palacio ­Real de Madrid está asociada a ese calendario. El Vaticano tiene su propia concepción del tiempo, que posiblemente hoy no difiera mucho de la percepción del ritmo histórico del Partido Comunista Chino, marinado con las ideas de Confucio. Un año es un instante.

La primera alocución fue clave: el Papa invitó explícitamente a los partidos españoles a una fase de conciliación

“Invito a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista fundamental y principal. Apreciar la complejidad y estudiarla, aprender a no negarla y vivirla como una bendición, huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y de enemigos; he aquí la tarea de quien tiene una gran historia a sus espaldas”. Estas palabras, pronunciadas en el Palacio Real ante las principales autoridades españolas, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático acreditado en Madrid, contienen el principal mensaje político de la visita. Atemperen la confrontación, destensen el país, eviten que España se estropee, no se aíslen, contribuyan a trazar un rumbo para Europa.

Ese primer acto dibujó el marco de la visita. El discurso en el Congreso lo amplió y remachó. El Papa venía a España a atemperar. Concluido el viaje, el Vaticano considera que el mensaje ha sido captado con claridad, tal y como explica hoy el corresponsal de La Vanguardia en Roma, Francesco Olivo. La cara de satisfacción del rey de España durante toda la visita pontificia merece ser subrayada.

La semilla Prevost, sin embargo, deberá ser guardada en la Bóveda Global de Semillas de las islas Svalbard (Noruega), almacén subterráneo en el que se conservan una gran diversidad de semillas necesarias para la supervivencia del género humano, protegidas en aquel lejano rincón del Círculo Polar Ártico del riesgo de destrucción y extinción. En el tercer almacén, segunda hilera a mano derecha, cuarto estante, hay un sobre con un rótulo: “Consenso español”. El sobre contiene unas breves instrucciones: “Abrir en caso de fractura política irreparable. Utilizar solo en el supuesto de una correlación PP-PSOE favorable a los primeros; al revés, jamás germinará”.

El discurso en el Congreso, aplaudido durante siete minutos, remachó la idea de consenso

La posibilidad de un mínimo entendimiento entre el PP y el PSOE es hoy imposible de imaginar. Han de hablar las urnas, y ya se está luchando por el momento en que eso puede producirse. El combate español ahora girará alrededor de este punto: en qué momento se va a votar.  Pedro Sánchez intentará agotar la legislatura, y el movimiento El que pueda hacer que haga trabajará a fondo para que el Gobierno no llegue vivo al próximo otoño. El cráter Ábalos, el cráter Cerdán, el caso Zapatero, con toda su implicación americana y estadounidense, la joyas de la Castafiore y el esperpento Leire Díez van a generar nuevas instrucciones judiciales, y esa ramificación constante puede ahogar al Partido Socialista. (El caso Begoña Gómez puntúa hoy a favor de Sánchez y su esposa, por la manera cómo el juez Juan Carlos Peinado ha conducido la instrucción, transmitiendo un mensaje claro a la sociedad: vamos a por ella).

Un PSOE hundido por debajo de los cien escaños podría entrar en crisis, cambiar de líder y acordar una línea de oposición abierta a ciertos pactos con los populares, si estos toman distancias de Vox, cosa que hoy también parece imposible. España adoptaría en ese caso la actual línea portuguesa. El centroderecha portugués (PSD), gobierna en minoria y en solitario, recibe apoyos muy puntuales del Partido Socialista que se mantiene en la oposición pero que puede abstenerse en la votación de los presupuestos. La extrema derecha (Chega) queda fuera del área gubernamental, influyendo en algunas decisiones del Gobierno. Esa política es conocida en Portugal como el “bloque central”. 

Hay en Portugal un modulador político que en España no existe: el presidente de la República, elegido por sufragio universal, con poderes arbitrales: puede disolver las cámaras y convocar elecciones. En una situación como la española, ya lo habría hecho seguramente. España no es Portugal. España es una monarquía parlamentaria en la que el Rey no tiene funciones ejecutivas.  La llave del tiempo político la tiene el presidente del Gobierno, que puede ser sometido a moción de censura o a asfixia. El que pueda hacer que haga

Atrapado en el sotobosque judicial, Sánchez intentará poner las bases de un nuevo acuerdo PSOE-periferias sobre la base de una propuesta presupuestaria para el 2026. La dinámica interna catalana no le va a ayudar. Aliança Catalana está fácticamente en el otro lado, y Junts no duerme pensando en AC. Llegar o no llegar a octubre, esta es la cuestión. Con esta linterna podemos ver mejor lo que está pasando.

El Papa no quita ni pone coalición, solo defiende una perspectiva democristiana. Sabe lo que supondría un gobierno PP-Vox para el orden europeo y para la propia Iglesia católica. Elon Musk y Peter Thiel, sentados en el Consejo de Ministros español. No es ese el impulso que ha guiado la redacción de la encíclica Magnifica humanitas sobre la inteligencia artificial. Las disyuntivas se van dibujando. Los tiempos son complejos, pero leíbles.

El Papa enmendó en Canarias la idea de ‘prioridad nacional”, eje del pacto medular entre PP y Vox

El Papa ha conocido la Iglesia española de cerca. Ha elogiado en público al arzobispo de Madrid, José Cobo, muy poco amado por los sectores más conservadores. Ha tenido noticia de Catalunya. Uno de los principales canales de interlocución de la Iglesia católica con la pasión estética moderna se halla hoy en Barcelona. Ha quedado claro.  Alberto Núñez Feijóo se equivocó evitando el miércoles la cita de la Sagrada Família. No acudió. Cuando las posibilidades de gobernar se acercan hay que estar allí donde se dibujan lí­neas de futuro.

Finalmente, aunque no lo último, el Papa enmendó en Canarias la consigna de “prioridad nacional”. La impugnó mientras Musk, consagrado como el hombre más rico del mundo, avivaba desde X el incendio racista de Belfast. Un magnate de la tecnología intentando derribar al gobierno británico, azuzando disturbios en la calle. Una estampa de nuestro tiempo. Esa es ahora la principal disyuntiva. Incendiar o pactar. 

Hay un dato significativo en el último barómetro del CIS, en el cual se pregunta sobre el apoyo ciudadano al principio de “prioridad nacional”, impulsado por Vox y aceptado por el PP en diversos pactos autonómicos. Los datos internos del barómetro, estudiados por el politólogo Oriol Bartomeus, dicen que los católicos practicantes son mucho más partidarios de ese precepto que los católicos no practicantes, los agnósticos y los ateos. Sobre este asunto, por tanto, León XIV habla especialmente para los suyos y les dice: abrid la mente. Esto también forma parte de su propuesta de consenso. La escuela tomista de la Comunidad de Madrid ya está trabajando para que la escolástica española argumente que “prioridad nacional” y León XIV son perfectamente compatibles.

Han pasado tantas cosas en siete días.

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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