Europa tiene tanta prisa por acelerar las deportaciones de migrantes en situación irregular que incluso recibe a una delegación talibana. La polémica reunión en Bruselas entre una delegación del régimen talibán y representantes de la Unión Europea ha tenido lugar este martes en Bruselas, en la que, entre otras cosas, se ha hablado de la posible reanudación de los servicios consulares para los afganos en la UE, según ha declarado el portavoz del Ministerio de Exteriores talibán, Abdul Qahar Balkhi, quien ha encabezado la comitiva afgana.
La Comisión Europea ha sido más cauta al confirmar el encuentro, especificando solamente que ha sido organizado entre el Ejecutivo comunitario y Suecia, y en el que han participado, además de los servicios comunitarios y las autoridades de la Administración talibana, quince Estados miembros con voluntad de restablecer los contactos para acelerar las deportaciones de migrantes que han “cometido crímenes serios y suponen una amenaza de seguridad”.
Excepción
Bélgica ha concedido cinco visados de un solo día a representantes afganos
Los cinco representantes del régimen talibán han podido entrar gracias a los visados expedidos ayer por Bélgica, que solo eran válidos para un día y solamente para dentro de este país. El gobierno belga ha querido dejar claro que este tipo de visados para los representantes afganos no les permite circular por el espacio Schengen. Todo ello ha causado un gran revuelo por ser la primera vez que Bruselas recibe oficialmente a representantes talibanes desde que recuperaron el poder, hace cinco años, cuando los combatientes islamistas derrocaron al gobierno que había sido apoyado por EE.UU. y la OTAN durante dos décadas.
La Comisión Europea, que insiste en que no reconoce oficialmente el régimen y que trata con ellos como autoridades “de facto”, reitera que el objetivo es deportar a Afganistán a las personas que representan una “amenaza para la seguridad y criminales que han cometido infracciones graves”, según ha especificado hoy el portavoz comunitario Markus Lammert. ”No vamos a reconocer al régimen, pero pienso que es importante hablar con ellos” de estas cuestiones, indicó hace unos días el comisario de Interior, el austríaco Magnus Brunner. Bruselas también defiende que la reunión es una continuación de otro debate técnico que comenzó en enero del 2026 en Kabul, en particular “en lo que respecta a la identificación de los repatriados, la expedición de documentos de viaje y su regreso”.
En cambio, para los titulares afganos se han mantenido “conversaciones sobre el fomento de la confianza, la presencia efectiva y las formas de resolver los problemas de los afganos que han solicitado asilo en Europa”, añade Qahar Balkhi. “Se espera que este viaje abra nuevas vías para una interacción positiva, refuerce el proceso de atención a los problemas de los afganos residentes en el extranjero y amplíe todavía más el espacio de cooperación basado en el respeto mutuo y los beneficios compartidos”, ha declarado el cabecilla de la delegación. Se desconoce qué técnicos comunitarios han participado en las conversaciones, pero lo más normal sería que algunas d
Todo arrancó en octubre del año pasado, cuando los ministros de una veintena de países pidieron a la Comisión Europea que coordinase una serie de contactos para ayudarles a repatriar a varios individuos sin derecho a permanecer en la UE, y que suponen una amenaza de seguridad por la serie de “serios crímenes” que, según Bruselas, han cometido. Deportarlos, sin embargo, es difícil por la falta de relaciones diplomáticas y de canales oficiales establecidos, y algunos países como Bélgica insisten en que necesitan el paraguas europeo para lograrlo.
Favorables a los retornos.
Bélgica, Dinamarca o Suecia, entre los países presentes en la reunión
Por tanto, Lammert defiende que se trata de “una oportunidad para que los Estados miembros, y en concreto a nivel técnico, establezcan contactos, ya que serán esos Estados miembros los que tendrán que llevar a cabo los retornos”. La lista de países que se han sumado a las charlas no es pública, pero además de Suecia, han estado presentes representantes a nivel técnico de Bélgica o Dinamarca, tres de los gobiernos más favorables a endurecer la política de retornos en Europa. Alemania, que comenzó a repatriar afganos con antecedentes criminales hace dos años, no ha mandado a nadie, pero ha bendecido esta iniciativa de la Comisión.
Sin embargo, el encuentro ha generado un gran clamor, tanto entre los europarlamentarios progresistas —una treintena de ellos escribieron una carta para pedir a Bélgica que les denegara la entrada— como en las organizaciones en defensa de los derechos humanos. “Los países de la UE socavan su credibilidad al condenar, por un lado, los abusos cometidos por los talibanes y exigir que sus autores rindan cuentas, mientras que, por otro lado, cooperan con los talibanes en los retornos forzosos”, ha denunciado Human Rights Watch.
Muy crítica ha sido también la Nobel de la Paz Malala Yousafzai, una joven activista pakistaní a la que los talibanes intentaron asesinar por defender la educación de las niñas. Malala defiende que cualquier contacto debe “comenzar y terminar” con los derechos de las mujeres y las niñas —un asunto que todo apunta que no ha sido abordado en Bruselas— y ha denunciado que Europa no debe “legitimar” a un régimen que, mediante un “apartheid de género, ha borrado a las mujeres y niñas de la vida pública”.
Europa da este nuevo paso apenas una semana después de que la Eurocámara aprobara el polémico reglamento de retornos que permite que los países comunitarios construyan centros de deportación de migrantes fuera de la UE, siguiendo el ejemplo de Giorgia Meloni en Albania. Ya hay países que van más allá: reclaman a la Comisión que financie la creación de estas infraestructuras con fondos europeos.
