Silicon Valley derrota a su bestia negra en Nueva York

Las primarias demócratas de Nueva York han evidenciado que Zohran Mamdani vive su momento más dulce. Y otra cosa quizás más trascendental para el futuro de Estados Unidos: que los gigantes de Silicon Valley están muy dispuestos a influir en la política para hacer valer sus intereses.

Las empresas tecnológicas han invertido una cantidad ingente de dinero en estas elecciones, y casi todo el gasto ha ido dirigido hacia un único candidato: Alex Bores, quien aspiraba a representar al distrito 12 de la Gran Manzana en el Congreso y que finalmente ha perdido por un estrecho margen frente a Micah Lasher.

De 35 años, Bores había centrado su campaña en la necesidad de regular la inteligencia artificial, un ámbito que conoce de primera mano, ya que durante una temporada trabajó para Palantir, la empresa de software de vigilancia y análisis de datos cofundada por el magnate ultra Peter Thiel.

La idea de Bores era promover en el Congreso una legislación similar a la que él mismo impulsó el año pasado en la Asamblea Estatal de Nueva York: la denominada ley Raise, que obliga a los desarrolladores de sistemas de IA a publicar sus protocolos de seguridad e informar sobre cualquier incidente. Asimismo, el candidato proponía la creación de un “dividendo de la IA”, para compensar con dinero de Silicon Valley a todos aquellos estadounidenses que se queden sin trabajo por culpa de la automatización. “Que las grandes tecnológicas rindan cuentas”, se decía en uno de sus anuncios electorales.

Con este perfil, Bores se granjeó la hostilidad inmediata de las compañías que se oponen a las restricciones gubernamentales, que tiraron de chequera para financiar una campaña en su contra. Lo hicieron a través de una organización llamada Leading the Future, que cuenta con el respaldo económico del presidente de OpenAI, Greg Brockman, de uno de los cofundadores de Palantir, Jack Lonsdale, y de varios inversores tecnológicos cercanos a Donald Trump, como Marc Andreessen y Ben Horowitz. 

En total, esta entidad gastó unos 8 millones de dólares en publicidad negativa del candidato –publicidad que, cómo no, sacó jugo de los antiguos vínculos laborales de Bores con Palantir; “experto en hipocresía”, se le recriminaba en un espot–.

Pero esta campaña de derribo suscitó una contrarréplica por parte del ala de la industria más favorable a la regulación. Un grupo denominado Public First Action, financiado en parte por Anthropic, la compañía que se presenta como la conciencia moral de la IA –ahí está su colaboración con el Papa en la encíclica Magnifica humanitas–, recaudó más de 10 millones de dólares para apoyar a Bores.

De esta forma, la lucha por el escaño del distrito 12 se convirtió en una prolongación de la guerra civil en la que Silicon Valley está inmersa desde hace meses: en un extremo, OpenAI y Palantir, empresas que creen que las restricciones limitan su capacidad de innovación y que cuentan con el apoyo entusiasta de una Casa Blanca alérgica a todo código ético; por otro, Anthropic, que considera que hay líneas rojas que no deben ser traspasadas y a la que la Administración Trump está presionando para que flexibilice su postura.

La contienda neoyorquina al final la han ganado los primeros. Pero no de manera incontestable. El candidato que se ha impuesto a Bores, Micah Lasher, que contaba con el aval de las élites demócratas, también es partidario de regular la IA y respaldó en su momento la ley Raise. Eso sí, no ha hecho de este tema su bandera, lo que ya supone un alivio para gran parte de Silicon Valley.

Daniel Rodríguez Caruncho

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.

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