Las temperaturas se calientan, la economía se congela. La canícula que asfixia a Europa estos días, si se consolida como tendencia estructural, tendrá un impacto económico devastador.
Para 2030, la subida del mercurio puede recortar entre el 5% y el 7% de la riqueza de los países europeos más expuestos, según el reciente informe de Allianz Trade titulado T oo hot to grow . La factura conjunta para las próximas temporadas alcanzará los 560.000 millones de euros para las cuatro grandes potencias del continente. España soportará un quebranto de 104.000 millones.

Para poner estos datos en perspectiva, conviene recordar que la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) constató en 2023 que “los fenómenos meteorológicos extremos causaron pérdidas de 650.000 millones de euros en la UE entre 1980 y 2022”. Como referencia, las proyecciones de Allianz sugieren que, solo por el calor, Europa podría acercarse a esa cifra en apenas un lustro.
El informe alerta de que, a nivel global, la proporción de horas de trabajo perdidas debido al estrés térmico aumentará del 1,4% en 1995 al 2,2% en 2030. La explicación es física: un día de calor extremo (por encima de los 32 °C) equivale a media jornada laboral perdida, debido al esfuerzo físico, el deterioro cognitivo, la peor calidad del sueño y el absentismo.
España soportará un sobrecoste de más de 100.000 millones de euros hasta 2030 por el estrés térmico
A partir de ahí, el impacto se intensifica con la temperatura: por encima de los 30 °C, la productividad laboral cae alrededor de un 3% por cada grado adicional.
En paralelo, la demanda energética aumenta en torno a un 1,2% por cada grado, a medida que hogares y empresas incrementan el uso de refrigeración. Este aumento del consumo eléctrico encierra una paradoja: el mix energético europeo sigue dependiendo de tecnologías térmicas –nuclear y centrales de gas y carbón– que requieren importantes volúmenes de agua. Esto se convierte en una tormenta perfecta si al calor se le suma la sequía, como ya ocurrió en España en 2024.

Para las arcas públicas, el estrés térmico supone un lastre directo. Allianz Trade estima una caída en la recaudación fiscal debido a la contracción de la actividad y calcula “una pérdida de ingresos de hasta el 1,3% en Italia y España”, provocando un deterioro en los saldos presupuestarios de alrededor del 0,5% del PIB anual.
Además, el Banco Central Europeo (BCE) señala que estas anomalías climáticas provocan desplazamientos de capital: las empresas y los estados se ven obligados a destinar recursos a sistemas de climatización industrial o resiliencia hídrica, en lugar de canalizarlos hacia la innovación o la digitalización.
La anomalía climática golpea de forma más contundente a los hogares con menor renta
Los episodios de calor extremo se han multiplicado por siete desde los años ochenta. El economista jefe del BCE, Philip Lane, señaló que el PIB per cápita en Europa sería hasta un 20% más elevado en la actualidad si no se hubiera producido el calentamiento global observado entre 1960 y 2019.
El impacto del calor no se limita a la actividad económica, sino que también puede trasladarse a la inflación y, en consecuencia, a los tipos de interés y a la política monetaria. Según una investigación del instituto emisor, “los shocks de cosecha representan el 30% de la volatilidad de la inflación a medio plazo en la zona del euro y basta una crisis para que los precios de los alimentos suban a tasas de dos dígitos, con consecuencias inflacionarias persistentes”.

El canal financiero tampoco es inmune. Desde Frankfurt añaden que “el 40% de los préstamos bancarios se concentran en empresas altamente expuestas a la sequía y dependientes de las reservas de agua, con niveles de exposición elevados en el sur de Europa”. El calor, por tanto, incrementa el riesgo de impago bancario. Y también el agrícola: las simulaciones de Allianz sugieren que el crecimiento anual de la agricultura podría disminuir entre un 1,9% y un 7,6% en la mayoría de las regiones por estrés climático.
Más allá de los grandes agregados, otro estudio publicado en la revista Global Environmental Change pone el foco en la economía micro: los ingresos de los hogares. Con un calentamiento de 1,5 °C, la renta disponible de las familias en Europa disminuirá un 7,5% debido a las olas de calor y las sequías. El estudio revela, asimismo, que estos efectos no se sienten de manera uniforme. Los datos demuestran que los hogares del quintil de renta más bajo suelen experimentar una reducción del ingreso medio un 2,7% mayor que la de las familias más ricas. “Las olas de calor y las sequías aumentaron en unos 5,6 millones el número de personas en riesgo de pobreza en Europa en el periodo 2004–2022”, señalan los autores.
Desde el sector bancario al agrícola y hasta el turístico, el impacto es transversal
En cuanto a España, en el peor escenario, donde el calentamiento global alcance los 2,7°C para finales de siglo (la trayectoria inercial actual), los ingresos medios de los hogares españoles se reducirían en más de un tercio respecto a la hipótesis, cada vez más lejana, de neutralidad climática.
En 1979, Kool & the Gang cantaban T ooHot . “Demasiado calor. Tenemos que refugiarnos y buscar sombra”. Corría 1979 y hablaban de pasión. Hoy, es cuestión de supervivencia.
Diferencias regionales
Si bien Europa es la región global donde más rápido suben las temperaturas, el mayor incremento de las emisiones CO2 procede de China. En la carrera por la adaptación, el Viejo Continente parte con desventaja estructural: se estima que apenas el 20% de sus edificios cuenta con sistemas de aire acondicionado, en contraste con EE. UU., donde el porcentaje sube al 90%. Entre las paradojas, el informe destaca que un aumento moderado de la temperatura produce ciertos resultados positivos iniciales en algunos países nórdicos de Europa (menos heladas y coste energético) . Además, el sur de Europa –y en particular España– corre el riesgo de perder atractivo turístico estival en favor de un norte que ya empieza a beneficiarse del negocio de la sombra.

