
Alberto Núñez Feijóo ha dado un nuevo paso en su estrategia de ampliar el espacio electoral del PP en Euskadi al aprovechar una discreta agenda en el País Vasco para mantener dos encuentros con representantes del empresariado -una visita a la refinería de Petronor, en Muskiz, y una reunión posterior con el Círculo de Empresarios Vascos, en Bilbao- a quienes ha presentado su proyecto económico de corte liberal con el fin de abrir una vía de comunicación con un sector que, según la dirección popular, observa con creciente “incomodidad” la alianza parlamentaria del PNV con el Gobierno de Pedro Sánchez.
A pesar de que la iniciativa no aparecía en la agenda oficial del líder popular, no ha sido improvisada. Al contrario. Forma parte de la estrategia con la que Génova pretende ampliar su espacio electoral en Euskadi y Catalunya, dos territorios donde el PP considera que aún tiene margen de crecimiento y cuya evolución puede resultar determinante para las aspiraciones de Feijóo de alcanzar la presidencia del Gobierno. Tal y como han venido deslizando en las últimas semanas, en el equipo de Feijóo consideran que existe un nicho electoral potencial entre los votantes moderados del PNV y de Junts que, a su juicio, observan con creciente recelo la dependencia de ambas formaciones del Ejecutivo socialista.
El mensaje que el presidente popular ha trasladado al empresariado vasco ha reproducido, en buena medida, el guion que ya utilizó hace apenas un mes ante el Cercle d’Economia de Barcelona. El pasado 2 de junio, Feijóo evitó solicitar un respaldo explícito de los directivos catalanes y les advirtió de que su proyecto político llegaría al Gobierno “con ayuda o sin ella”, sin pedir “atajos ni regalar favores”. Ahora ha repetido esa misma filosofía ante un auditorio que el PP identifica nítidamente con el centroderecha económico.
Fuentes de la dirección popular sostienen que una parte del tejido empresarial vasco tiene ganas de escuchar “nuevas recetas liberales” frente al intervencionismo económico que, a su juicio, el PNV ha terminado consintiendo para sostener al Gobierno de coalición. La intención de Feijóo ha consistido en presentar un programa centrado en la competitividad industrial, que incluye revisar las subidas de impuestos, un paquete ambicioso de beneficios fiscales a la innovación, mayor seguridad jurídica, menos burocracia y una política energética basada “en la tecnología y no en la ideología”.
Durante sus intervenciones, Feijóo también ha endurecido su discurso contra el Ejecutivo. Ha asegurado que España atraviesa un “clima de corrupción” incompatible con la estabilidad institucional y económica y ha advertido del “enorme coste reputacional” que, a su juicio, supondrá para el país que Begoña Gómez no pueda acompañar al presidente del Gobierno a la próxima cumbre de la OTAN tras la retirada judicial de su pasaporte. “Ninguna empresa, ni siquiera una comunidad de vecinos, resistiría una forma de gobernar como la que tiene España”, ha afirmado. “Quien de verdad crea en un proyecto compartido de prosperidad, no puede conformarse con sostener un proyecto político como este”, ha zanjado.
Más allá de la severa crítica al Ejecutivo, Feijóo ha querido lanzar guiños específicos de hondo calado al electorado vasco para contrarrestar los recelos históricos hacia su partido. De este modo, ha manifestado su “respeto por el cumplimiento íntegro de toda la Constitución”, explicitando que ello incluye la Disposición Adicional Primera relativa a los derechos históricos y el Estatuto de Gernika.
Feijóo ha salido así en defensa de las singularidades forales y el modelo autonómico frente a las corrientes centralistas de la derecha: “Aquellos que dicen que quieren mucho a España, pero no están dispuestos a defender el Estado de las autonomías, ni los estatutos de las comunidades autónomas, ni las foralidades de esta comunidad junto con Navarra, no la quieren mucho”, ha afirmado de forma tajante.
Con ese mensaje, Feijóo ha tratado de responder a uno de los principales reproches que el nacionalismo ha dirigido históricamente al PP: su supuesta falta de sensibilidad hacia el autogobierno vasco. Al mismo tiempo, Génova ha intensificado su presión sobre los jeltzales.
Uno de los argumentos recurrentes del PP ha vuelto a ser la devolución del conocido palacete de París, antigua sede del Gobierno vasco en el exilio. Los populares presentan esa operación como una cesión política del PSOE al PNV, mientras los nacionalistas insisten en que no se trató de ningún regalo, sino de la restitución de un patrimonio que les fue incautado durante el franquismo.
En el PNV, mientras tanto, restan recorrido a la estrategia de Feijóo y consideran que el PP mantiene un diagnóstico equivocado sobre la realidad política vasca. Fuentes de Sabin Etxea sostienen que los continuos ataques de la dirección popular, especialmente de Miguel Tellado, dificultan cualquier aproximación al electorado nacionalista moderado. En Génova, por el contrario, están convencidos de que el desgaste del PNV por su alianza con el Gobierno abre una oportunidad para crecer en Euskadi. Los encuentros celebrados este martes representan el primer paso de una estrategia con la que Feijóo aspira a disputar al nacionalismo moderado una parte del centroderecha vasco.

