Todo eso de que el saber no ocupa espacio, a Mendel Uminer, vecino de Nueva York, le suena a pamplina o a cuento chino.
La cultura sí ocupa espacio y, aunque se diga lo contario, puede ser un estorbo y un condicionante. Porque, como también se afirma popularmente, la cultura pesa y esa carga ha tenido una influencia directa en el destino de este neoyorquino e incluso de su comunidad.
“Uminer dormía en un colchón en el suelo, rodeado de novelas de páginas dobladas por el uso”
¿Cuánto pesan 10.000 libros? Según los cálculos, la cifra podría oscilar entre tres y diez toneladas.
Mendel Uminer, de 31 años, recibió una notificación de desahucio y ha acabado fuera del que era su hogar ideal. La razón no fue el habitual impago, cosa que este inquilino llevaba al día, sino precisamente la carga literal de su sabiduría, donde no halló recursos para su problema inmobiliario.
“Siempre estoy leyendo. Leo para extraer conocimiento. Necesito cada uno de los libros que tengo. Mi biblioteca es mi manual para la vida”, confesó al The New York Times . Pero todo ese conocimiento no le sirvió para afrontar la crisis que sufrió cuando recibió la orden de desalojo de su piso, en el Upper East de Manhattan, a una manzana de Central Park.
El propietario le comunicó hace unos meses que debido a esa acumulación de volúmenes “incumplía una obligación sustancial de su contrato de arrendamiento”, según la carta que le remitió el administrador del edificio. “Mantiene la vivienda en un estado de desorden extremo, permite la acumulación exagerada de libros en el inmueble, y está creando un riesgo de incendio debido a la acumulación excesiva de tomos combustibles en la vivienda”, recalcó.
“Abro esta carta”, recordó Uminer, “y me dicen que mis libros representan un peligro de incendio y que tendré que irme si no me deshago de ellos”, confesó al Times .
Desde hacía un año, cuando entró en ese apartamento, y hasta recibir esa carta, Uminer, joven estudioso y escritor judío, llevaba una existencia idílica en ese templo de la erudición de 56 m2.
El joven escritor llevaba una vida idílica en su templo de la euridición de 56 metros cuadrados, en el que también trabajaba como traducctor independiente de hebreo
A partir de la descripción del citado artículo, altas pilas de libros de temática judía se alineaban junto a las paredes. Montones de ejemplares sobre crítica cinematográfica e historia de la ópera llenaban el baño del apartamento de preguerra. Pilas de obras de teatro y poemarios bloqueaban una ventana; y “Uminer dormía en un colchón en el suelo, rodeado de novelas de páginas dobladas por el uso”. En ese paraíso de las ideas, al despertar hacia el mediodía, “pasaba las tardes recostado en su chaise longue , bañada por la luz del sol, devorando las obras de escritores en yidis como Chaim Grade y de críticos como Edmund Wilson, alimentando su mente mientras la ciudad bullía al otro lado de sus ventanas”.
En su existencia cotidiana, trabajaba como traductor independiente de hebreo y utilizaba el apartamento como sede de su incipiente revista literaria, Notarikon Review . Organizaba reuniones en su piso que se ganaron cierta fama en algunos círculos de la bohemia literaria neoyorquina. Escritores que aspiraban a abrirse camino bebían cerveza entre las tambaleantes pilas de libros mientras discutían sobre política internacional y poesía griega.
A medida que transcurrieron los días, las pilas de libros no dejaron de crecer conforme ampliaba su colección con hallazgos de tiendas de segunda mano, libreros y compras recibidas de eBay. No se consideraba un acumulador compulsivo, algo muy propio en la esencia de ser neoyorquino, aunque, por lo visto, los responsables del edificio sí lo pensaban.

Uminer hizo caso omiso del aviso del administrador, así que se inició el procedimiento de desahucio. Entonces decidió defenderse en los tribunales.
Nacido en una familia hasídica de Brooklyn, conoció los cafés literarios de Manhatan, se quitó la kipa y se secularizó. Se matriculó en cine y filosofía en la Universidad Columbia. Se fue a París siguiendo una novia, con la que rompió. Una vez se gastó sus ahorros, regresó a Nueva York.
Después de meses de tira y afloja legal, Uminer se resignó y se mudo con el peso de la sabiduría a cuestas.
Mendel Uminer
“Mi biblioteca es mi manual para la vida”
Mendel Uminer, estudioso y escritor judío de 31 años, se mudó a un piso del Upper East Side, cerca de Central Park, donde en sus 56 m2 halló un paraíso de sabiduría. “Mi biblioteca es mi manual para la vida”, sostuvo para remarcar la necesidad de acumular tantos libros.

