
Marruecos anunció esta mañana la liberación del periodista Ali Lmrabet, detenido en el aeropuerto de Tánger el pasado domingo a su llegada desde España por presuntos cargos de difamación. La Fiscalía marroquí le acusaba de la “publicación de contenidos digitales con declaraciones injuriosas contra personas e instituciones”. Lmrabet, autoexiliado en Barcelona desde 2005, ya ha abandonado las dependencias judiciales de Casablanca y se encuentra en buen estado, según han podido confirmar fuentes familiares.
En un breve comunicado recogido por la agencia oficial de noticias marroquí MAP, la Fiscalía de Casablanca detalla que ha decidido poner en libertad al reportero “tras revisar y estudiar los diversos documentos del procedimiento, concluir la investigación y realizar los peritajes técnicos necesarios”. Asimismo, la Fiscalía le ha devuelto los efectos incautados, concretamente “dos ordenadores, un dispositivo de almacenamiento y un teléfono móvil”.
Su puesta en libertad coincide con las horas previas a la visita a Rabat del primer ministro francés, Sébastien Lecornu, y su extensa delegación ministerial.
Una voz disidente
La detención de Lmrabet, uno de los periodistas más críticos con el rey Mohamed VI y la clase política marroquí, había desatado una oleada de condenas por parte de organizaciones internacionales.
La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH, por sus siglas en francés) había exigido su puesta en libertad y reclamado que los casos relacionados con la prensa no se conviertan en causas penales, al considerar que ello constituye “una amenaza para los avances logrados en materia de derechos humanos”.
En Catalunya, el Col·legi de Periodistes había exigido que las autoridades marroquíes aclaren la situación legal del cronista y que “le garanticen todos sus derechos procesales y pueda regresar pronto a casa”.
El limitado margen de maniobra del periodismo marroquí queda patente en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras (RSF), donde el país se sitúa en el puesto 120 de 180. A pesar de que la Constitución del reino marroquí garantiza formalmente la libertad de expresión, los reporteros independientes continúan enfrentándose a un entorno de fuerte presión judicial y amenazas de prisión.
Esta no es la primera vez que el periodista afronta procesos judiciales por presuntos delitos de difamación o injurias
Lmrabet ya había sido procesado y encarcelado previamente por su trabajo periodístico. En 2005, el Gobierno marroquí le prohibió editar sus revistas satíricas Doumane y Demain (la versión publicada en francés) durante una década. Esta sanción llegó tras unas declaraciones sobre el pueblo saharaui que contradecían el relato oficial del Estado alauita.
Aunque trabajó principalmente para El Mundo, el periodista independiente también colaboró con otros medios españoles como El País, cabeceras internacionales como Middle East Eye y Politics Today, además de este propio periódico.
Su actividad se centra principalmente en su canal de YouTube, que supera los 120.000 suscriptores. En él, denuncia la corrupción dentro de la monarquía y la clase política marroquí, además de reivindicar una mayor libertad de prensa.
