Vasco da Gama, solo una atracción turística

Vasco da Gama es para los portugueses como Cristobal Colón para los españoles, nadie le puede negar sus méritos como gran explorador que estableció una ruta marítima entre Europa y Asia dando la vuelta por el cabo de Buena Esperanza, y gracias a ello llevan su nombre un cráter en la Luna, el puente más largo de la UE, un barrio de Ciudad del Cabo, una localidad en Goa y tres equipos de fútbol, entre ellos el mundialmente famoso de Río de Janeiro.

Pero en la iglesia de San Francisco de Cochín (provincia india de Kerala), casi pasa desapercibida una placa en una de las naves, junto a una lápida, con una inscripción que dice: “En recuerdo de Vasco da Gama, marino portugués, que llegó a esta ciudad, murió y fue enterrado” (sin mención alguna a sus hazañas o su legado). La tumba de piedra lleva tiempo vacía, ya que al cabo de pocos años sus restos fueron trasladados a Portugal, y actualmente yacen junto a los reyes en el monasterio de los Jerónimos de Lisboa.

La sencilla estructura, en Fort Cochín (el centro histórico de una ciudad de dos millones y medio de habitantes, a orillas del mar de Arabia, una extensa red de islas y canales interconectados) es un resumen en sí mismo de la historia de la metrópoli y la huella de Vasco da Gama, ya que fue erigida por los católicos, hecha suya por la Iglesia holandesa de la Reforma primero y por la Iglesia anglicana después, conforme los imperios conquistaron y perdieron el poder, y ahora pertenece a la Iglesia del sur de la India (protestante).

Vasco da Gama atrae visitantes pero para muchos fue un colonizador cruel

Vasco da Gama cambió la historia cuando se presentó por primera vez en este rincón de mundo en 1498 (seis años después del descubrimiento de América por Colón) con cuatro barcos que habían salido meses antes de lo que hoy es la torre de Belém en Lisboa, con escalas en Tenerife, las islas Cabo Verde, Ciudad del Cabo, Mozambique y Mombasa, antes de llegar a a costa malabar, controlada militar y económicamente por mercaderes árabes que lidiaban con los marajás locales (en Cochín puso el pie en 1502). La misión era desarrollar una ruta marítima para el lucrativo comercio de pimienta, canela, cardamomo y otras especias, hasta entonces dominaba la República de Venecia, transportándolas en caravanas terrestres.

Vasco da Gama realizó tres viajes en total a lo que hoy es Kerala para afianzar el dominio portugués en el Estado de India, con otro intercalado del también célebre explorador Pedro Álvares Cabral. El último fue en 1524 al frente de una flota de 14 buques, pero al poco de llegar contrajo la malaria, y falleció la noche de Nochebuena de ese mismo año.

Quizás el mayor símbolo de cómo Cochín ha dado la espalda al aventurero portugués es que la casa que habitaba durante sus estancias –un bonito ejemplo de arquitectura europea del siglo XVI, en pleno centro– es actualmente un alojamiento de familia cuyos propietarios alquilan habitaciones a turistas que no quieren pagar un hotel. Si donde fue enterrado en la iglesia de San Francisco hay una placa, aquí ni eso. Para rendirle tributo hay que ir a Sines, en Portugal, donde nació y tiene una estatua, o a Lisboa.

El tráfico de ferris, barcazas y buques mercantes hace de Cochín la Venecia india

En Cochín es una figura polémica. La plaza que lleva su nombre es el epicentro mismo de la zona histórica, donde los locales van a ver la puesta de sol y los turistas a admirar la pesca con redes chinas (originaria del siglo XIV), unas enormes instalaciones fijas con una red rectangular suspendida por un sistema de postes y poleas de bambú y madera, operadas por un ingenioso sistema de contrapesos (principalmente piedras) que permite a los pescadores sumergirlas, dejarlas reposar en el agua un tiempo, y luego levantarlas. Lo que pillan es desplegado y vendido en puestecillos a lo largo del paseo marítimo.

Entre los transeúntes y en los comercios de los alrededores de la plaza –entre ellos una sastrería que hace trajes, camisas y pijamas a medida en solo dos horas– hay (sobre todo jóvenes) que no saben quién fue Vasco da Gama (para ellos solo un nombre), quienes aprecian lo que hizo por el comercio, la globalización de su tiempo, el tráfico de ideas y cultura (y su contribución al turismo), y quienes lo ven como un colonizador brutal e imperialista que esclavizó a los nativos y se llevó la riqueza.

Quinientos dos años después de la muerte de Vasco da Gama, “almirante de los mares de Arabia, Persia, India y todo el Oriente”, Cochín es una próspera ciudad industrial y de servicios que vive de espaldas a él excepto para los turistas, con un puerto natural (centro de entrenamiento de la Marina india) y una gran terminal de contenedores, beneficiándose de la protección a los monzones que le proporcionan las montañas Gharg occidentales, permitiendo que opere todo el año. Desde la terraza de una habitación en el Brunton Boatyard, un antiguo astillero convertido en hotel de lujo, uno puede pasarse la noche entera viendo pasar por el canal ferris y todo tipo de barcazas y buques mercantes de gran calado que transportan componentes eléctricos, productos químicos y textiles, motores y piezas de industria pesada, piñas, papayas, mangos, frutas y verduras, así como lanchas ambulancia, de la policía y de los bomberos. Es como una Venecia en el mar de Arabia.

Los dueños de la casa donde vivía el explorador alquilan habitaciones a turistas

Cuando llegaron los portugueses, por Cochín ya habían pasado los árabes y los chinos, luego los holandeses se convertirían en los amos en 1633, y más tarde mandarían los ingleses hasta la independencia de la India. El resultado de ello es una urbe multicultural, con sinagogas, iglesias y mezquitas, demográficamente muy variada con un 47% de hindúes, un 35% de cristianos (católicos y ortodoxos), un 18% de musulmanes y una representación de sijs y judíos.

Los portugueses, tras establecerse en Cochín y construir allí el fuerte Manuel en honor al rey Manuel I, trasladaron la capital política y administrativa del Estado de India a Goa, donde se quedaron hasta 1961 y su legado arquitectónico, culinario, cultural, de costumbres y en los nombres de las familias aún perdura. Aquí, Vasco da Gama es únicamente una plaza y un anzuelo turístico.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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