
La ministra de Defensa, Margarita Robles, volvió a dejar claro ayer que es el verso suelto del Gobierno, desde donde se ha evitado, en todo momento, señalar la permisividad con la que Marruecos custodió la frontera para evitar que unas 80.000 personas accedieran irregularmente a España en apenas 48 horas. Con la posibilidad de un nuevo intento de entrada masivo este fin de semana, Robles advirtió -aunque sin mencionar expresamente al reino alauita- de que cualquier nueva agresión sobre Ceuta o Melilla supone agredir “a España entera”, resaltando que ambas ciudades autónomas son “españolísimas”. “No se las toca”, añadió la responsable de Defensa horas después de que el ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, afirmase que la soberanía de Ceuta y Melilla continúa siendo un asunto “pendiente” para Rabat.
Que Marruecos considere territorios “ocupados” las ciudades autónomas no es nada nuevo, como ayer recordó el presidente ceutí, Juan Vivas. Que lo pronuncie el titular de Justicia en una entrevista donde reveló que en septiembre “habrá reuniones” entre España y Marruecos en las que el país vecino se aferrar a “sus tierras”, la pretensión marroquí cobra calado. No cambia la postura sobre la soberanía de Ceuta y Melilla, pero sí el contexto, con el miedo de los ceutíes a que se repita una nueva avalancha, que sigue siendo alentada en redes sociales.
El presidente del PP también avisa en X de que las ambas ciudades “no se negocian”, sino que “se defienden”
Robles no solo se desmarcó de sus compañeros del Consejo de Ministros en el fondo, sino que también lo hizo en las formas. A los reproches (“has dejado tirados a los militares”) e insultos (“sinvergüenza”, “traidora”) de los ciudadanos de Ceuta con los que fue recibida a su reunión con Vivas, la ministra no hizo oídos sordos. Se detuvo para aguantar el chaparrón. Los miro a la cara. Y escuchó cómo una trabajadora sanitaria jubilada le trasladaba su “miedo” tras sentirse “abandonada” por el Gobierno. Otra vecina, como captaron las cámaras de televisión, entre lágrimas le reprochó no “ver la realidad” porque solo pisan la ciudad “media hora”. Todos le negaron que la ciudad haya vuelto a la normalidad. La ministra tomo nota. Y en una breve comparecencia lanzó un mensaje: “Que la gente de Ceuta sepa que sus Fuerzas Armadas van a estar con ellos. No les vamos a dejar”.
“Lo que pasó el día 30 de julio no puede volver a ocurrir. Ceuta y Melilla son españolísimas”, advirtió Robles unas horas antes de que el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, lanzase un mensaje similar en X: “Ceuta y Melilla son España. En consecuencia, no se negocian. Se defienden”. El carrusel de ministros continuará hoy con la visita del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien se reunirá con el presidente autonómico y los responsables de la Policía Nacional y la Guardia Civil en la zona, con el foco puesto en el posible intento de cruce masivo previsto para pasado mañana, pero también en la situación de los miles de migrantes que permanecen en la ciudad tras rechazar volver voluntariamente a Marruecos, como sí hizo la gran mayoría.
Marlaska admite que la aplicación de la ley “en parámetros humanitarios” impide expulsar a todos
Después de que el jefe de la diplomacia española, José Manuel Albares, afirmase que “hasta la última persona que entró va a ser devuelta” -algo que dificulta en gran medida la Ley de Extranjería por la especial protección que merecen los menores de edad y los solicitantes de asilo-, ayer Marlaska matizó que España aplica esa norma “en parámetros humanitarios”.
Unicef España recordó ayer al Ejecutivo que ningún menor no acompañado puede ser retornado o trasladado sin una evaluación individualizada de su situación y sin las garantías de protección previstas por la legislación española e internacional. La oenegé está de acuerdo en explorar posibilidades de reunificación familiar cuando estas existan, así como los traslados a la península, pero insiste en que cualquier decisión sobre su futuro tiene que estar basada en el interés superior del niño o de la niña. Y no en la voluntad de dos Gobiernos.

