Trump atribuye la reducción de maniobras militares con Seúl a su relación con Kim Jong Un

Donald Trump dijo haber ordenado al Pentágono “reducir sustancialmente” las maniobras militares conjuntas que empiezan hoy lunes en Corea del Sur. En su mensaje en redes sociales, el presidente estadounidense sugirió que su decisión estaba motivada por su frustración ante la falta de apoyo surcoreano en su agresión contra Irán.

“Basándome en mi muy buena relación con Kim Jong Un, de Corea del Norte, no estoy satisfecho con el hecho de que Estados Unidos haya acordado hace tiempo participar en ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. Estos ejercicios no solo son costosos, ya que gran parte de esos costes los asume Estados Unidos de América (¡como de costumbre!), sino que además envían una señal totalmente inapropiada y hostil a un país que, desde que Donald J. Trump es presidente, no ha supuesto una amenaza y se ha mostrado respetuoso”, aseguró el presidente en la red Truth. 

Trump asegura que Corea del Norte no ha supuesto una amenaza para EE.UU. y se ha mostrado respetuoso 

Los ejercicios Escudo de la Libertad Ulchi, de periodicidad anual, empezaron este lunes y se alargarán hasta el 27 de agosto, con la presencia de unos 18.000 soldados, tanto del ejército regular de la República de Corea como procedentes de las tropas estadounidenses estacionadas en la península coreana desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la agencia surcoreana Yonhap ya había anunciado que en esta edición participarían 14 batallones en lugar de los 17 del año pasado, por la voluntad de Seúl de congraciarse con Pyongyang. El Ministerio de Defensa surcoreano, de hecho, ha confirmado que los ejercicios conjuntos se llevarán a cabo tal y como estaba previsto. 

Este sábado 15 de agosto, precisamente, las dos Coreas celebraban el 81 aniversario del fin del yugo japonés con su respectivo Día de la Liberación. Un día antes, la agencia oficial de la República Democrática de Corea atacó con una dureza inusitada las maniobras bianuales estadounidenses en ciernes en el sur de Corea. A entender de Pyongyang, esta nueva edición de los ejercicios veraniegos (hay otros cada primavera) suponen un salto cualitativo, al estar orientados a una ofensiva real sobre el norte comunista. 

Corea del Sur, al igual que muchos aliados de Estados Unidos, se ha negado a implicarse en la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, que comenzó con ataques aéreos el 28 de febrero. En su publicación, Trump afirmó que “aunque no tenga mucho que ver”, recientemente preguntó al presidente de Corea del Sur si quería unirse a Estados Unidos en la desnuclearización de la República Islámica de Irán, a lo que, según él, le respondió: “No, gracias”.

Trump y Kim Jong Un se dan la mano en una imagen de 2019 
Trump y Kim Jong Un se dan la mano en una imagen de 2019 AFP

Aunque Estados Unidos y Corea del Sur llevan décadas realizando ejercicios militares conjuntos, estos se redujeron durante el primer mandato de Trump, cuando negoció directamente con Kim Jong Un, en Singapur, Hanoi y en la Zona Desmilitarizada entre “las dos Coreas”. 

La piedra angular del actual desencuentro con Seúl podría ser la voluntad del actual gobierno socialdemócrata de recuperar el mando de las fuerzas conjuntas en caso de conflicto bélico. Desde hace décadas, dicho papel está reservado a un oficial estadounidense (actualmente el general de cuatro estrellas Xavier T. Brunson, comandante de las Fuerzas de EE.UU. en Corea). Desde que asumió su puesto, el citado Brunson está haciendo todo lo posible por frenar cualquier cambio, refiriéndose al valor estratégico de Corea como “una daga en el corazón de Asia” y también como “un portaaviones fijo entre China y Japón”. 

Donald Trump no solo es sensible a las consideraciones del Pentágono, sino también a las de las iglesias evangélicas, que constituyen uno de sus principales graneros en casa y que en Corea del Sur se movilizaron a favor del depuesto presidente Yoon Suk Yeol, condenado por su imposición de la ley marcial. De este modo, para algunos pastores fervientemente anticomunistas, el actual presidente Lee Jae Myung es poco menos que el anticristo. El más ruidoso es el pastor Son Hyu Bo, que fue condenado a cinco meses de cárcel por dictar el voto de los fieles de su iglesia y que hace diez días fue recibido por Trump en el Despacho Oval. 

Asimismo, el anuncio del presidente estadounidense aumenta la presión en las negociaciones comerciales en curso con Corea del Sur. A cambio de una subida de aranceles por debajo del órdago inicialmente anunciado, Trump negoció con Seúl -al igual que con Tokio- la obligación de que varias multinacionales surcoreanas -y japonesas- invirtieran cientos de miles de millones de dólares en proyectos estratégicos en suelo estadounidense.  

Por otro lado, Corea del Norte expresó el miércoles pasado su disgusto con las maniobras estadounidenses en ciernes con el lanzamiento de un misil sobre el mar de Japón. Su lista de agravios incluye ahora el aparente plan del Pentágono, filtrado este mes por la cadena NBC, de revisar la doctrina nuclear estadounidense. De este modo, Washington abriría la puerta al uso de armas nucleares tácticas de corto alcance -descargando el riesgo en sus aliados asiáticos- manteniendo en un segundo plano las armas nucleares estratégicas desplegadas en su propio territorio. Cuando el vicesecretario e Defensa, Elbridge Colby, actualmente de gira en Asia, fue interrogado al respecto, lejos de negarlo, dijo que es algo que está siendo evaluado. 

Al mismo tiempo, la primera ministra derechista de Japón, Sanae Takaichi, ha dado a entender en los últimos meses que Tokio podría revertir su histórica prohibición de despliegue de armas nucleares estadounidenses en su territorio. Una posibilidad que se negó a descartar durante su reciente visita a Hiroshima. En cambio, el pasado sábado, optó finalmente por no acudir al santuario militarista de Yasukuni, para no deteriorar aún más las relaciones con China y Corea, a diferencia de lo que acostumbraba a hacer antes de ocupar la jefatura de gobierno.   

En Corea del Sur la nuclearización también ha dejado de ser un tabú. Sin embargo, el actual presidente Lee Jae Myung prioriza el deshielo con sus paisanos del norte, a diferencia de su predecesor, Yoon Suk Yeol, actualmente encarcelado por su intentona golpista de 2024. 

Por último, cabe decir que no hay ningún dato que corrobore la supuesta buena relación que Donald Trump dice mantener con Kim Jong Un. En realidad, no parece haber relación de ningún tipo. Sin olvidar que los tres encuentros simbólicos que mantuvieron durante el primer mandato de Trump no arrojaron ningún resultado visible. 

Eso sí, escenificar una restauración de lazos serviría por lo menos para quitarle una de sus muchas bazas al presidente chino Xi Jinping, que podría devolverle a Trump su visita oficial de este año a Pekín, haciéndola coincidir con la asamblea general de la ONU en Nueva York, a finales de septiembre. Sin embargo, no hay nada confirmado, entre otras cosas, porque los enviados chinos -según algunas filtraciones- se ven superados por la desorganización en la actual Casa Blanca. 

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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