Almaraz y Catalunya

La prórroga de tres años en el funcionamiento de la central nuclear de Almaraz que el Gobierno anunció el pasado 14 de agosto es un paso muy importante para la sostenibilidad del sistema energético de España y de Catalunya muy en particular. La energía nuclear es el mejor compañero de viaje para complementar las energías renovables, que tienen que estar en el centro, mientras estas se despliegan y resuelven asignaturas pendientes como el almacenaje. Así lo han asumido las instituciones europeas, que en el 2022 concedieron a la energía atómica la etiqueta verde por su papel clave durante la transición energética.

En pleno proceso de descarbonización, el debate no es nuclear o renovables. Es nuclear o emisiones de CO2. Y eso es especialmente relevante en Catalunya, donde tenemos que garantizar el suministro ante la intensa –y creciendo– demanda que tenemos por el elevado dinamismo empresarial y el crecimiento demográfico, dos constantes históricas. Es importante tener en cuenta que las dos centrales de Ascó y la de Vandellòs generan un 56% de la energía que consume el país, una dato lo bastante elocuente para entender hasta qué punto necesitamos prolongar su actividad más allá del 2030, 2032 y 2035, que son los años en que tienen previstos sus cierres si el Gobierno central, como acaba de hacer con Almaraz, no rectifica.

La energía nuclear es el mejor compañero de viaje para complementar las energías renovables

En Catalunya, además, vamos con un especial retraso en el despliegue de la energía solar y la eólica. Eso hace todavía más necesaria la contribución nuclear, que también nos da soberanía, ya que no depende de elementos como el gas o el carbón que están sometidos a las turbulencias geopolíticas. Lo sabe la patronal Foment del Treball, que ha posicionado rotundamente a favor de la continuidad nuclear y lo saben todo tipo de agentes económicos y sociales que van sumándose a los partidarios de alargar la vida útil de nuestras centrales, avaladas por el Consejo de Seguridad Nuclear. Porque, y lo remarco, la prioridad debe ser siempre la seguridad, eso no cambiará sea cual sea la coyuntura. Y los municipios que acogemos las plantas lo tenemos muy claro.

La prórroga en los dos reactores de Almaraz allana el camino para alargar también la actividad de las centrales nucleares catalanas. Son decisiones políticas y eso implica, demasiado a menudo, que los ritmos y las dinámicas escapen a la realidad técnica de cuestiones tan trascendentes como el modelo energético. Es, por lo tanto, la hora de los partidos, que tienen que mover ficha en este tablero. Sería bueno que las razones científicas y la responsabilidad prevalecieran por encima de los tacticismos políticos, ya que nos estamos jugando garantizar un sistema energético estable y con precios competitivos. Aparte del impacto sobre los territorios que asumimos la generación de energía nuclear y que, mientras vamos diversificando nuestro tejido empresarial, tenemos en este sector el principal motor económico. La prioridad siempre es el interés general, pero esperamos que, en este proceso, se tenga también sensibilidad hacia nuestra realidad. Nos lo hemos ganado.

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