Alarma en el G20: el uso malicioso de la IA puede desestabilizar el sistema financiero

La IA, la mayor fuente de crecimiento económico y empresarial de los últimos años, puede ser también un peligro susceptible de desestabilizar el sistema.

El presidente del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) y gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, advirtió este lunes a los países del G-20 del riesgo de ciberataques como consecuencia de los modelos de IA más avanzados.

Andrew Bailey, presidente del FSB, ve al mercado vulnerable ante potenciales ataques

Los ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales de los países del G-20, bajo la presidencia de EE.UU., se reúnen hasta el martes en Asheville (Carolina del Norte) para abordar la situación económica global.

Los modelos de IA de vanguardia tienen una autonomía y capacidades de resolución de problemas y de detección de amenazas cada vez mayores, pero también implican riesgos si se usan de forma maliciosa, afirma Bailey. Cabe tener en cuenta, además, que “los riesgos asociados con la IA de vanguardia no respetarán las fronteras nacionales”.

El sistema financiero global está muy interconectado y las interrupciones cibernéticas pueden propagarse entre países “a través de proveedores de tecnología comunes, infraestructura compartida y actividad financiera transfronteriza”, escribió Bailey en una carta publicada el lunes.

“La IA de vanguardia puede alterar sustancialmente la velocidad, la escala y la economía del riesgo cibernético, lo que podría socavar la confianza del mercado en todo el sistema, especialmente debido a la alta concentración de proveedores de servicios externos”, dijo. Por ello, el gobernador pide a las empresas y a las autoridades que se preparen para amenazas de ciberataques mayores y más rápidos, ya que pueden surgir problemas si el sistema financiero no es capaz de recuperarse de un fallo o ataque de forma segura.

Será este uno de los temas centrales de la reunión internacional, que por otra parte está muy marcada por las tensiones geopolíticas y las crecientes preocupaciones sobre el estado de salud de la economía norteamericana.

El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, insiste en su peculiar batalla contra las prácticas comerciales que considera desleales por parte de China, la otra superpotencia a batir. “Una economía global sólida no puede basarse en actos egoístas que sofocan la competencia justa basada en el mercado. Por ello, estamos impulsando al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a otras organizaciones internacionales a fortalecer sus análisis”, aseveró Bessent, sin especificar a quién se refería.

Por su parte, el presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh, dijo ante los ministros de Economía del G-20 que el mundo está experimentando una reactivación económica, revirtiendo así el exceso de ahorro del pasado que mantenía el capital inactivo. “Si tuviera que caracterizar este momento, diría que se trata de un auge mundial de la inversión”, afirmó Warsh.

Pero con una deuda pública de 40 billones de dólares, EE.UU. es quien acapara las miradas. Mientras el Tesoro compra deuda para hacer bajar la rentabilidad de los bonos, la Fed vigila de cerca la evolución de la inflación, lo que alimenta un posible enfrentamiento entre ambas instituciones sobre cómo relanzar la economía.

Bessent quitó hierro al asunto y, al contrario, destacó que concuerda con Warsh en varias cuestiones, aunque argumentó que durante un shock de oferta “tradicionalmente” no se suben los tipos de interés hasta que se cristalizan los efectos de segunda ronda. Como si fuera él el presidente de la Fed.

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