Andalucía y el largo otoño de la cohabitación

El curso político que comienza este mes de septiembre en Andalucía, en términos estrictos, no va a ser técnicamente nuevo. Simplemente parece novedoso y, con bastante probabilidad, acabará siendo tormentoso. Moreno Bonilla se marchó de vacaciones en agosto –interrumpidas por el incendio de Niebla (Huelva), el más devastador de la historia desde que existen registros– con el agrio sabor de boca que causa la resignación mal digerida.

El Gran Laurel vive, igual que las flores de estación, una fase marchita. No tuvo más remedio que asumir el principio de realidad –ya no cuenta con una mayoría propia y tiene que pactar con Vox para casi todo– pero continúa sin mostrar mucha voluntad por naturalizar esta situación de dependencia crónica que va a marcar la legislatura recién estrenada.

La prueba más evidente es su decisión de replicar, prácticamente sin introducir variantes, el mismo gabinete que presidía antes de 17M, como si designando de forma mimética a los mismos consejeros –a excepción de Manuel Gavira, el Adelantado ultramontano en la Marisma, más dos perfiles afines al PP– conjurase la incertidumbre de tener que convivir –en teoría cuatro años; en la práctica ya veremos– con el partido de Abascal.

El Quirinale está haciendo todo lo posible –y también una parte de lo imposible– por proyectar la imagen de que en Andalucía los daños colaterales de la pérdida de la mayoría absoluta van a ser limitados. “Seguimos igual”, argumentan en San Telmo, sin querer reconocer que puede que la alineación del ejecutivo no refleje –salvo decorativamente– los cambios decretados por las urnas, pero el tablero político meridional es radicalmente diferente al existente durante los últimos ocho años.

Moreno Bonilla (PP) y Manuel Gavira (Vox) tras la firma del pacto de Gobierno en Andalucía.
Moreno Bonilla (PP) y Manuel Gavira (Vox) tras la firma del pacto de Gobierno en Andalucía.JOSÉ MANUEL VIDAL (EFE)

En primer lugar difiere el contexto político estatal. En el horizonte aparecen ya las elecciones locales y quizás también un hipotético adelanto de los decisivos comicios generales. Dos factores ambientales que, desde luego, no ayudarán a consolidar una situación de normalidad institucional.

Después está la agenda política meridional. La cámara legislativa tiene convocado su primer pleno a mediados de este mes. Entre noviembre y diciembre discutirá el presupuesto autonómico de 2027, que se presentará a finales de octubre. Será el primero del gobierno de coalición PP-Vox. En él debe trasladarse el contenido del acuerdo político entre las dos derechas.

En el nuevo gobierno andaluz reina la paz porque, hasta ahora, únicamente se ha ocupado de designar a sus altos directivos

El Quirinale anhela llegar a las navidades con las cuentas completamente ratificadas, un objetivo político que dependerá del nihil obstat de los ultramontanos. Vox, por el momento, no ha querido abrirle a San Telmo ningún frente interno, evitando hacer sangre con la cuestión de los menores inmigrantes de Ceuta, cuya acogida –obligatoria por ley– es incompatible con el memorándum que Moreno firmó para lograr su tercera investidura.

En el nuevo gobierno andaluz reina la paz porque, hasta ahora, únicamente se ha ocupado de designar a sus altos directivos y a los correspondientes cargos de confianza. Un cometido que no resulta nada problemático porque obedece únicamente a la lógica de las cuotas de reparto de cada partido.

El Quirinale todavía no ha empezado a gobernar. Tampoco cuenta con un protocolo expreso para navegar en esta etapa de cohabitación con Vox. San Telmo, sencillamente, está improvisando. La tensión política estatal y un posible adelanto electoral pueden quebrar esta quietud de forma súbita.

Foto de familia del nuevo Gobierno andaluz.
Foto de familia del nuevo Gobierno andaluz.JUNTA DE ANDALUCÍA

Todo hace indicar que ambos partidos, conscientes de que la oposición va a explotar al máximo sus divergencias con el fin de que sus contradicciones influyan en la agenda política estatal, tratarán de conciliar sus diferencias.

Vox exigirá que se cumpla lo firmado y el PP, sin evidenciar su rendición, irá quitándole trascendencia a las renuncias. Moreno trata de delimitar un cortafuegos contra la erosión a su imagen, que ya no es la misma que antes del 17M. Es previsible una etapa de mayor confrontación con la Moncloa.

A ambos partidos les conviene intensificar esta estrategia para disimular su evidente falta de sintonía, en consonancia con la aproximación entre Génova y Bambú. Pero la tregua interna no durará eternamente. El PP sabe que Andalucía ha dejado de ser un oasis para convertirse en un tormento.

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