Regreso al Barranco del Lobo

La comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso ha venido a confirmar que el Gobierno se equivocó al considerar que el asalto de Ceuta quedaba cuasi solucionado con la inmediata decisión marroquí de reabsorber a sus nacionales. Regresaron muchos, casi todos, pero no todos. Unas ocho mil personas se han quedado, menores e inmigrantes subsaharianos en su mayoría.

Sánchez no evaluó bien a Juan Jesús Vivas , presidente de la ciudad autónoma desde el año 2001. Lleva 25 años en el cargo y tiene a la ciudad en el bolsillo. Político de la vieja escuela, Vivas no es un mamporrero de esos que ahora salen en televisión, pero que no embista no quiere decir que sea un flojo. Sin Vivas, esa crisis es imposible de gestionar.

Segundo error: no haber calibrado bien la reverberación del acontecimiento en los distintos estratos de la sociedad. Para los más mayores, voten popular o socialista, han regresado el Barranco del Lobo y el Desastre de Annual, los dos grandes reveses del ejército español en el norte de África en el siglo pasado; ecos de antaño, recuerdos genéticos de la guerra del Rif, que se llevó por delante a los partidos de la Restauración, al general Primo de Rivera ,y finalmente a la monarquía alfonsina. Recuerdos del 18 de Julio en África y de la Guardia Mora de Franco . Recuerdos, más recientes, de la humillante salida del Sáhara Occidental en 1976, de los niños saharauis pasando las vacaciones en la España democrática, y del reciente giro de Sánchez en el 2022, ese adiós al Frente Polisario, nunca debatido en el Parlamento, que Podemos acató para no romper el gobierno de coalición.

Toda esta carga le ha estallado en las manos al presidente del Gobierno este verano, mientras creía que tenía la situación controlada porque el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, el poderoso Naser Burita , directamente conectado con el rey Mohamed VI , prometió a José Manuel Albares que Marruecos reabsorbería a todos a sus nacionales, asegurándole que el gobierno de Rabat no provocó la estampida. Puede que sea cierto, lo cual no quiere decir que el Estado marroquí nada tenga que ver con lo ocurrido. También hay zafarrancho en los círculos de poder marroquíes.

Los ministros Jordi Hereu, Luis Planas y Ángel Víctor Torres, ayer en el Congreso
Los ministros Jordi Hereu, Luis Planas y Ángel Víctor Torres, ayer en el CongresoDani Duch

Bourita ofreció una reabsorción rápida del hematoma, pero esa promesa, en buena medida cumplida, no cerraba el trauma. El Barranco del Lobo ha regresado este verano a una sociedad española muy tensada políticamente, confusa e incierta ante el futuro.

El presidente retoca su discurso y matiza la confianza en Marruecos

No era posible una solución rápida, fría e indolora de una crisis descomunal, que el magnate Elon Musk , el hombre más rico del mundo, expandió de inmediato con una serie de mensajes en X, red de la que es propietario, con imágenes de zombis salvajes saltando la muralla de una ciudad fortificada. “Esto es lo que pasará en Estados Unidos si vuelven a ganar los demócratas”, decía Musk, siempre al servicio de Donald Trump . Saquen sus conclusiones. Sánchez optó por una actitud que también está inscrita en la tradición española: impasible el ademán. Error. La sesión parlamentaria de ayer giró sobre ese error.

Sánchez es un político muy resistente, pero no un titán homérico de una película de Christopher Nolan . Su aguante reposa sobre un sistema de refrigeración mental que le permite enfriar y tomar distancia de las tensiones que le rodean. Ese mecanismo de refrigeración, sin embargo, es incompatible con el “sentido dramático de la historia”. No hay capacidad de resistencia sin una cierta insensibilidad. Para solventar eso están los consejeros y asesores. Es posible que a Sánchez le hayan fallado los asesores este verano.

La España de derechas ha querido recordar el Barranco del Lobo, y la España de izquierdas, la marcha verde , la aviesa astucia de Hasan II , con Henry Kissinger detrás, y la humillación del pueblo saharaui, ahora abandonado por casi todos. Sánchez ha quedado aislado este verano en la política interior, mientras era apuñalado por 22 gobiernos europeos en la política exterior. Difícil de superar.

Seguramente consciente de los errores cometidos, el presidente del Gobierno endurece ahora el tono sobre Marruecos -sólo un poco-, reivindica la prudencia, rebaja las alusiones a Rusia e Israel, sigue sin mencionar a Estados Unidos –atención a este dato, es muy relevante–; anuncia que el Rey viajará a Ceuta en las próximas semanas (aún no hay fecha), promete publicar un dossier con todos los informes policiales y de inteligencia, propone una mayor europeización de Ceuta y Melilla (entrada en la Unión Aduanera), y ofrece apoyo a los ceutíes, con tonos emotivos hasta ayer ausentes.

Victoria de la derecha, que presenta dos estrategias convergentes, con puntas separadas. Vox domina el combate ideológico, maneja los marcos más contundentes, y propone un impeachment por “alta traición”. Santiago Abascal ha recogido la idea de activar el artículo 102 de la Constitución para que el Tribunal Supremo juzgue a Sánchez por traición. La iniciativa requiere el 25% del Congreso (Vox no lo tiene) y debería ser aprobada por mayoría absoluta, esto es, se necesitarían los votos de Junts. En caso de ser aprobada, el Tribunal Supremo debería investigar y decidir la apertura de juicio. La vía del 102 fue públicamente sugerida el pasado mes de mayo por el jurista Pedro Cruz Villalón , ex magistrado el Tribunal Constitucional, tesis posteriormente apoyada por el periodista José Antonio Zarzalejos . Esa idea hoy es bandera de Vox.

PP y Vox quieren, por vías distintas, que el Supremo juzgue a Sánchez

El Partido Popular no va a dar sus votos a Abascal para esa aventura. No, por el momento. El PP confía en una progresión de la instrucción abierta por la juez María Tardón de la Audiencia Nacional, y contempla la posibilidad de que el asunto salte al Supremo, con la consiguiente entrada en escena de la Sala Segunda, rompeolas de todos los cataclismos políticos en España.

Los jueces están convocados a clausurar la legislatura.

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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