Casa Tarradellas cerró el 2025 con una facturación de 1.582 millones de euros, un 5,3% más que el año anterior, y mantuvo su elevado ritmo inversor. La compañía alimentaria, conocida por sus pizzas y el espetec, destinó 117 millones de euros a ampliar y mejorar su capacidad industrial y otras mejoras.
El crecimiento se moderó respecto al 2024, cuando las ventas aumentaron un 8,9%, hasta los 1.501 millones. Aun así, el grupo de Gurb, propiedad de la familia Terradellas-Falgueras, volvió a alcanzar un máximo de ingresos. La empresa no ha facilitado el beneficio del ejercicio. El último dato disponible corresponde al 2024, cuando ganó 38 millones, un 11% más que en el ejercicio anterior .
La compañía tiene pendiente la puesta en marcha de la planta que compró a Pascual este año
Entre los proyectos industriales destaca la plena entrada en funcionamiento de su segundo molino de trigo, estrenado en el 2025 tras una inversión de 25 millones y dos años y medio de trabajo. La instalación puede molturar 12,5 toneladas por hora y eleva la capacidad conjunta de los dos molinos hasta las 30 toneladas. El primero opera desde el 2010.
Esta infraestructura permite a Casa Tarradellas controlar una parte esencial de la producción de pizzas y masas frescas, desde la obtención de la harina. Las pizzas y otros productos representan cerca de la mitad del negocio y la otra mitad corresponde a la división cárnica –las exportaciones aportan alrededor del 10% de las ventas–. Además de su marca propia, es proveedor de Mercadona.
El grupo prepara ahora otro proyecto industrial en Gurb. Este año ha iniciado la construcción de un centro de I+D y laboratorio central de unos 2.100 metros cuadrados, que prevé poner en marcha en el 2027. El complejo contará con plantas piloto para productos cárnicos y panificables y un laboratorio microbiológico.
La expansión industrial incluye asimismo la antigua fábrica de Calidad Pascual en Gurb, adquirida este año para producir mozzarella. La operación estuvo acompañada de un conflicto laboral. Pascual presentó un ERE para los 80 empleados que todavía trabajaban en la planta antes del traspaso, pese a que Casa Tarradellas se había comprometido a ofrecer trabajo al 90% de la plantilla. El comité cuestionó las condiciones y denunció la falta de garantías vinculantes, mientras que Pascual aseguró que las ofertas mantenían la retribución y la antigüedad.
Casa Tarradellas terminó el 2025 con 3.223 trabajadores, 65 más que un año antes. Fundada en 1976, continúa bajo control familiar y reinvierte buena parte de sus recursos en ampliar capacidad y ganar autonomía sobre las materias primas.
