Hay algo en el presidente Donald Trump que apacigua al “animal político” que lleva dentro el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, socialista adscrito al Partido Demócrata y gran referente de los políticos progresistas en Estados Unidos y más allá. Hay cola para visitarlo. El presidente español Pedro Sánchez tiene cita el miércoles.
Mamdani, el dirigente joven y descarado, que arremete contras los capitalistas o los perseguidores de inmigrantes, se convierte en un corderito cada vez que aparece al lado de ese vecino de Nueva York multimillonario, poco amante de los llegados de países pobres, convertido en máximo dirigente del país y al que le encanta denigrar siempre que puede a su cuna al ser muy impopular y poco apreciado en esta ciudad.
Algunos medios calificaron de festival de elogios o peloteo mutuo la comparecencia conjunta que ambos mantuvieron este lunes en la Grace Mansion, en Manhattan, la residencia oficial del alcalde y lugar que un presidente de EE.UU. no visitaba hace tanto que su recuerdo se ha perdido en el tiempo.
Los dos se reunieron a puerta cerrada y, como en sus dos encuentros anteriores en la Casa Blanca, las conversaciones se caracterizaron por ser cordiales, respetuosas y quizá incluso productivas, aunque Trump puso sus pegas.
Tras ese encuentro, que se prolongó alrededor de una hora, ambos salieron juntos, conversaron de manera cercana e informal y caminaron lentamente hasta un atril con el sello de la alcaldía, donde iniciaron una rueda de prensa conjunta a la que el presidente no tenía previsto asistir.
El presidente y el alcalde, opuestos ideológicamente en prácticamente todos los aspectos, mantuvieron una actitud respetuosa entre sí. Trump reiteró una declaración anterior en la que expresó su deseo de que Mamdani sea un “un gran alcalde”, mientras que el alcalde afirmó que estaba dispuesto a trabajar con cualquiera, incluido Trump, para ayudar a los neoyorquinos.
Un periodista le planteó a Mamdani que no hay muchos demócratas que le extiendan la alfombra roja a Trump. Se salió por la tangente al responder que se habían focalizado en construir más viviendas asequibles, término que el presidente ha estigmatizado a lo largo de su mandato. Ese término forma parte del paquete ideológico que incluye su insulto habitual de “comunistas”.
Pero esa comparecencia de prensa también puso de manifiesto la peor cara de Madmanni en el teatro político que ha construido hasta ahora con Trump. El alcalde se vio en la incómoda posición de permanecer en silencio y con el rostro rígido e inexpresivo, mientras Trump desacreditaba a los medios de comunicación calificándolos de “fake news” y defendía su decisión de prohibir la entrada de CNN, Politico y MS NOW a Casa Blanca, todo aderezado con sus habituales falsos o exagerados éxitos electorales. A su lado, la actitud del alcalde resultó patética, como uno más de los trumpistas rendidos.
Preguntado sobre si había cuestionado al presidente por la prohibición de los medios, Mamdani señaló que le había comunicado a Trump que todos los miembros de la prensa tendrían permitido acceder al jardín de la residencia para la rueda de prensa. Al responder a la misma pregunta, Trump dijo que tenía la obligación de marginar a los periodistas que, a su juicio, no le reconocen suficientemente lo que considera sus logros. El alcalde dio su consentimiento a esas palabras al no hacer ni una mueca de queja.
