Libertad bajo fianza para los cinco detenidos de la base británica de Fairford

De una película de James Bond o Misión imposible a Slow Horses (Caballos lentos, la serie de televisión sobre un equipos de agentes del MI5 desterrados por las meteduras de pata que han cometido); de un thriller de Dan Brown en el que está en juego el futuro mismo de la humanidad a una novela de Agatha Christie en la que una apacible anciana de la campiña inglesa es más perspicaz que la policía a la hora de resolver los misterios.

En tan sólo veinticuatro horas el supuesto atentado contra una base aérea utilizada por los bombarderos de Estados Unidos ha adquirido una dimensión mucho menos dramática y siniestra, y los cinco detenidos (todos ellos veinteañeros de barrios bien de Londres) han sido puestos en libertad bajo fianza. Si los servicios de inteligencia creyeran que son agentes iraníes –como se filtró en un principio– difícilmente habrían sido tratados con tanta condescendencia.

El suceso hizo evacuar la madrugada del domingo a casi un centenar de hogares

El suceso, que hizo evacuar la madrugada del domingo a casi un centenar de hogares en las aldeas que rodean la base de Fairford, en la región de los Cotswolds, está más lleno de incertidumbres y contradicciones que de certezas. ¿Por qué dijo Trump que la CIA seguía la pista a los “terroristas”, si tuvo que ser una granjera la que dio la alerta a la policía local? ¿Por qué las filtraciones sobre una conexión iraní, o las especulaciones sobre la mano negra de Putin, si han sido puestos en la calle al día siguiente, cuando podían haber sido retenidos e interrogados durante dos semanas antes de presentarse cargos? ¿Podría tratarse de activistas medioambientales como los que ya una vez pintaron con grafiti aviones de guerra en una instalación militar? Lo que está claro es que algo huele a chamusquina.

Las autoridades afirman que “el caso sigue abierto con múltiples vías de investigación siendo exploradas, incluida la participación de una potencia extranjera”, y que los cinco jóvenes disfrutan una libertad sometida a estrictas condiciones. Pero no hay ninguna indicación de que sus domicilios hayan sido registrados, o personas próximos a ellos interrogadas, algo que ocurriría si efectivamente fueran sospechosos de ser agentes del régimen de los ayatolás o terroristas islámicos. También hay dudas de si los supuestos “explosivos” que llevaban fueran otra cosa, como botes de pintura.

La embajada iraní en Londres emitió ayer un comunicado desmintiendo categóricamente cualquier relación con el supuesto atentado como “especulaciones maliciosas e infundadas en el contexto de la agresión de los Estados Unidos e Israel”.

Para ser una instalación tan importante en las misiones de Estados Unidos en Oriente Medio, la seguridad de la base de Fairford no es nada del otro mundo, con una carretera que discurre paralela a su perímetro.

Pese a lo que dice Trump, nadie parecía al tanto de que fuera a haber un “atentado”, y fue una granjera local –la Miss Marple de este episodio– quien vio gato encerrado y llamó al teléfono de emergencias.

Rafael Ramos

Abogado y periodista. Corresponsal de ‘La Vanguardia’ en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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