La empresa familiar y la IA

La Edad de Piedra, el fuego, el lenguaje, la agricultura y la Revolución Industrial transformaron nuestra capacidad para actuar sobre el mundo. Hoy, la IA promete multiplicar las capacidades aplicadas al trabajo intelectual. Europa tiene en sus familias empresarias una fuerza capaz de protagonizar esta nueva etapa. En el 2000, los 27 países de la UE representaban el 21,4% del PIB mundial; EE. UU., el 30,2%; China, el 3,6%; Japón, el 14,8%, e India, el 1,4%. En 2025, las cifras fueron del 17,9%, el 26,0%, el 16,5%, el 3,7% y el 3,3%, respectivamente. Europa pierde peso relativo.

El informe Draghi identifica tres prioridades: cerrar la brecha de innovación con EE. UU. y China; hacer compatible la descarbonización con la competitividad; y reducir las dependencias estratégicas. Esa agenda debe traducirse en inversión, innovación y productividad. La empresa familiar representa más del 60% de las firmas europeas y, en España, alcanza el 92,4%. Además, Europa concentra el 47% de las 500 mayores compañías familiares del mundo, frente al 29% de Norteamérica, el 18% de Asia y el 6% de otras regiones.

Empresa que usa la IA en sus operaciones
Empresa que usa la IA en sus operacionesBCG / Europa Press

 El empresario europeo tiene una visión a largo plazo. Su visión generacional, conocimiento del negocio y arraigo territorial favorecen inversiones pacientes. Pero conservar una empresa familiar no significa conservar intacto su modelo de negocio. Exige profesionalizar el gobierno, incorporar talento y decidir qué actividades tienen futuro. El verdadero legado no es la empresa que recibimos, sino la que seremos capaces de transmitir.

Ante la disrupción, fusionarse aporta tamaño y mayor competitividad

La IA acelera esta exigencia. Según Eurostat, en 2025 solo el 20% de las empresas de la UE con diez o más trabajadores la utilizaba. Adoptarla no consiste en comprar herramientas: exige formar equipos, reorganizar procesos, revisar decisiones y medir resultados. Es una decisión estratégica de la propiedad. Ante esta disrupción, solo hay dos vías: transformar radicalmente el negocio o redefinir la estrategia corporativa. Comprar puede aportar tecnología, talento y clientes; fusionarse, la dimensión necesaria para invertir e internacionalizarse y vender actividades, el capital para concentrarse en negocios con mayor futuro. En un estudio realizado por la Universidad de St. Gallen concluyó que el 71% de la empresa familiar ya está optando por el M&A.

Europa también debe avanzar en la integración de sus mercados, eliminando de manera definitiva las barreras que dificultan que empresas de diferentes países puedan invertir, fusionarse y crecer conjuntamente. El tamaño de las compañías, constituye una condición importante para competir con las grandes economías mundiales. Además, Europa dispone de conocimiento, talento y cuenta con otra fortaleza: la seguridad jurídica. Nueve de los diez primeros países del índice de Estado de derecho de 2025 del World Justice Project son europeos; EE. UU. ocupa el puesto 27 y China, el 92. Contratos fiables, instituciones sólidas y reglas previsibles dan confianza para invertir a largo plazo.

Las familias empresarias deben ser conscientes de este cambio. Ojalá puedan desempeñar un papel protagonista en la recuperación de la competitividad europea. Transmitir un legado exige darle futuro. El mayor tamaño vía crecimiento inorgánico y M&A es prioritario.

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