Teherán ha recibido con satisfacción la derrota republicana en las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, donde los demócratas se han hecho con el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Para la República Islámica, el resultado es un veredicto sobre la guerra que Washington e Israel iniciaron el 28 de febrero y que ya entra en su noveno mes.
“Los estadounidenses han dicho NO A LA GUERRA, y suscribimos este mensaje”, escribió el miércoles en la red social X el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, que advirtió que, si el Gobierno estadounidense “traiciona la voluntad de su pueblo para servir a financiadores y chantajistas internacionales, aprenderá que nuestro NO viene acompañado de una pesadilla”.
El líder supremo, Mojtaba Jamenei, advirtió en cambio en un comunicado que la hostilidad estadounidense persistirá gobierne quien gobierne. “Estados Unidos ve el fin de su hegemonía como algo lejano; nosotros lo vemos como algo cercano”, añadió. Según dos altas fuentes iraníes citadas por la agencia británica Reuters, Teherán se mantiene en máxima alerta ante un posible ataque de Trump para compensar la derrota.
Desde la oficina del presidente Masud Pezeshkian, el tono fue similar. “Los crímenes en Gaza, la adhesión ciega a los intereses del ilegítimo régimen israelí y la guerra interminable con la República Islámica de Irán han infligido al Partido Republicano la mayor derrota de la historia electoral estadounidense”, escribió Mehdi Tabatabaei, responsable de comunicación de la Presidencia.
El propio Donald Trump admitió que el conflicto le ha pasado factura. “Creo que una parte fue Irán”, reconoció en una entrevista con la cadena estadounidense Fox News, en la que atribuyó el castigo a la subida del precio de la gasolina, unas consecuencias a corto plazo que, a su juicio, los votantes no estaban dispuestos a asumir. Durante la campaña, los candidatos demócratas culparon a la guerra del encarecimiento del combustible y de otros productos básicos, en un país donde la ofensiva ha sido impopular desde el principio.
El presidente, que hizo campaña con la promesa de “ninguna guerra nueva”, no se arrepiente. “Hice lo correcto. Lo volvería a hacer”, aseguró al diario estadounidense The Wall Street Journal. Trump ha repetido en las últimas semanas que la guerra contra Irán no ha terminado, y su aliado Beniamin Netanyahu, que también perdió su mayoría en la knéset en las elecciones israelíes de la semana pasada, le presiona para que vuelva a atacar.
Trump alterna desde hace meses las amenazas con los mensajes de calma. “No busco matar a mucha gente”, dijo el martes, antes de añadir que, “si tenemos que hacerlo, lo haremos”. En una entrevista con el diario británico Financial Times, en cambio, se mostró satisfecho con el pulso. “Parece que estamos consiguiendo todo lo que queremos”.
Los bombardeos, de hecho, no han cesado del todo. Trump confirmó que el ejército estadounidense atacó el martes una instalación antiaérea en la isla iraní de Qeshm, junto al estrecho de Ormuz. “Tardaron unos dos meses en construirla. La vimos levantarse y, en cuanto la terminaron, la atacamos”, explicó el presidente, que lo describió como un “ataque menor” y aseguró que “no era una guerra”. Según medios estadounidenses, el Mando Central tiene preparados planes para una ofensiva que podría empezar este mismo miércoles, con tres portaaviones ya en la región.
En Ormuz, la tensión tampoco afloja. La Guardia Revolucionaria aseguró el miércoles que cuatro petroleros quedaron destruidos tras chocar con minas navales cuando intentaban atravesar una ruta prohibida al sur del estrecho, y que sus defensas derribaron un dron estadounidense MQ-9. Ninguna de las dos afirmaciones ha podido verificarse de forma independiente. El líder supremo, Mojtaba Jamenei, ordenó el fin de semana a sus fuerzas armadas responder de inmediato a cualquier amenaza y actualizar su lista de objetivos, en la que, según han sugerido funcionarios iraníes, podrían figurar países europeos y los cables submarinos del Golfo.
La diplomacia, mientras tanto, sigue abierta pero sin avances. Qatar asegura que facilita un intercambio de propuestas “en tiempo real” entre ambas partes, aunque el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, calificó la respuesta estadounidense de “poco convincente”. “Deben abordar de forma completa y explícita las siete condiciones de Irán y cumplirlas. Sólo en ese caso se reabrirá el estrecho de Ormuz”, escribió en X.
