La Comisión Europea quiere favorecer la creación de grandes bancos europeos capaces de competir con los gigantes financieros de EE.UU., y para eso lanza un mensaje inequívoco a los gobiernos comunitarios: no le temblará el pulso para actuar a la hora de evitar injerencias políticas que torpedeen operaciones transnacionales. Recurrirá a su “caja de herramientas de ejecución”, advierte el Ejecutivo comunitario, cuando identifique trabas en fusiones y adquisiciones que pongan en riesgo la libre circulación de servicios y capitales.
Es una de las lecturas del nuevo informe sobre la competitividad del sector bancario, publicado este viernes en Bruselas, una de las primeras piedras de la gran reforma bancaria que la Comisión Europea está preparando de cara al primer trimestre del año que viene y que llega en un momento en que países como Estados Unidos o Reino Unido están relajando sus normas para el sector. Se trata de un documento, ahora abierto a consultas para recopilar la información de los aludidos, para terminar de diseñar la que pretende ser la gran “revolución de la regulación” después de la crisis.
El informe, abierto a consultas, pretende ser una revolución de la regulación tras la crisis
La principal conclusión del informe es que la fragmentación bancaria es la mayor enfermedad que arrastran las entidades europeas a la hora de potenciar su competitividad porque las obliga a estar atrapadas en mercados domésticos. La resiliencia lograda tras la crisis de 2008 ya no basta, y ahora Europa necesita bancos a gran escala para financiar los grandes retos económicos que tiene Europa por delante, desde la transición digital a la verde.
Esto lleva a un diagnóstico preocupante y es que, desde la crisis financiera global, la consolidación bancaria en la Unión se ha producido casi exclusivamente dentro de las fronteras nacionales. Esto ha provocado que “los bancos europeos son grandes en relación con el tamaño de su economía nacional, pero no en relación con el tamaño de la economía de la UE o de la Unión Bancaria”, o con los grandes bancos internacionales, señala el informe. “Hace treinta años el estadounidense JPMorgan tenía el mismo tamaño que Deutsche Bank o BNP Paribas”, recuerda una fuente comunitaria. Ahora, los bancos estadounidenses “son mucho más grandes y esto les permite hacer cosas que nuestros bancos no pueden hacer y hacerlas de manera más barata y eficiente”, apunta este mismo funcionario europeo.
Ante esto, Bruselas quiere simplificar la regulación, pero también denunciar las intervenciones “nacionales injustificadas”. No es una sorpresa, después de algunos expedientes abiertos recientemente. A España, por ejemplo, por las leyes usadas para obstaculizar la opa del BBVA al Banc Sabadell, o a Italia por el caso del Banco BPM y Unicredit. Pero, sobre todo, puede ser un aviso a Alemania cuando la entidad italiana dirigida por Andrea Orcel está tratando de hacerse con Commerzbank, el segundo mayor banco germano.
“Los Estados miembros deben reconocer que todos se benefician de un mercado único basado en las normas de la UE y evitar la aplicación incoherente y las amplias barreras a la consolidación o a la actividad transfronteriza”, indicó en una rueda de prensa la comisaria de Servicios Financieros y Unión de Ahorros e Inversiones, la portuguesa Maria Luís Albuquerque. Otro dato alarmante de la falta de presencia transnacional, recuerda el documento, es que solamente un 16% de todos los préstamos tenga elementos comunitarios.
La Comisión quiere algunas de las reglas de requisitos de capital para la banca europea adoptadas tras la pasada crisis
Entre las propuestas iniciales de la Comisión —todavía incipientes— está suavizar algunas de las reglas de requisitos de capital para la banca europea adoptadas tras la pasada crisis o simplificar la normativa y hacerla “más proporcionada”, incluyendo las reglas sobre los requisitos que imponen las autoridades de supervisión.
También habla de un nuevo seguro de depósitos europeo (EDIS) para generar confianza entre países o de revisar la exigencia, que solamente existe en Europa, de que los grupos transfronterizos cumplan con los requisitos de capital y liquidez a nivel de matriz y de cada subsidiaria. Es decir, terminar con la obligación de que todas las entidades tengan colchones en cada una de sus filiales, algo que pedía el sector. Era una medida pensada para dar garantías a los países en que se sitúan las filiales, pero que, según Bruselas, dificulta un uso eficiente de los recursos que ahora podrán ser liberados para financiar directamente la economía. En definitiva, de un “cambio de cultura” para que Europa deje de tener un extremo miedo al riesgo y pueda lograr unos bancos verdaderamente “capaces de competir globalmente”.
