Un dato aún más significativo, el PIB per cápita que era de 959 dólares en el 2000 se sitúa actualmente en 13.000 dólares, según cálculos internacionales. El volumen del comercio exterior chino ha pasado de 474.000 millones de dólares a 6,1 billones, lo que representa un 19% del total del comercio mundial. Atenta a la oportunidad de mercado, la inversión extranjera directa en el periodo subió de 38.400 millones de dólares a 170.000.
Este crecimiento económico se ha acompañado de profundas transformación sociales, empezando por la formación de una China urbana en la que habita ya un 67% de la población cuando era un 36% a principios de siglo. El mejor índice de una mejora de las condiciones de vida, en cualquier país, es la salud. Pues bien, la esperanza de vida (que ya era alta en términos internacionales) ha aumentado de 74,4 años a 78,6 años, mientras que la mortalidad infantil ha decrecido del 32,2/1.000 al 4,9/1.000. Es el resultado del incremento de la cobertura básica de salud de un 15% de la población a un 95%, si bien la calidad del sistema no concuerda con el cambio cuantitativo, aunque está reforzado por la medicina tradicional china que funciona para muchas cosas. Algo semejante ha sucedido en la educación, a todos los niveles. Los años promedio de escolarización han crecido de 7,1 años a 10,8 y los estudiantes universitarios han pasado del 7,6% de su cohorte de edad al 47,6%. Obviamente el analfabetismo ha prácticamente desaparecido, con un 97% de población alfabeta. La desigualdad social ha aumentado, con el coeficiente Gini que pasó del 0,433 al 0,467.
Reducción de la pobreza
Sin embargo, más importante que la desigualdad en todos los países es el nivel de pobreza. Y en este sentido el cambio de China (en gran parte ligado a la masiva emigración rural-urbana) ha sido espectacular. Según el Banco Mundial y fuentes internacionales sintetizadas en Wikipedia entre 1981 y 2022, 850 millones de chinos salieron de la extrema pobreza, y el índice general de pobreza, que era de un 88% en 1981 cayó por debajo de un 1% en el 2015. La reducción de la pobreza en China representa tres cuartas partes de la reducción de la pobreza en el mundo en ese periodo. Sigue habiendo disparidades considerables entre el campo y la ciudad, en parte derivadas del sistema Hakou que requiere un permiso de residencia en las grandes ciudades, aunque recientemente se está flexibilizando. Aún así, una numerosa población flotante indocumentada puebla las grandes metrópolis, particularmente visible en las obras de construcción que proliferan en todo su espacio.

A la vez consecuencia y causa del crecimiento económico la modernización tecnológica de China ha transformado ese país y el mundo en general. Más de mil millones de chinos (un 77,5% de la población) son usuarios de internet, hay más móviles (generalmente smartphones) que personas, y la digitalización de las actividades y de la vida cotidiana es omnipresente. Ha habido inversión masiva en investigación (de un 0,8% de I+D sobre el PIB en el 2000 a un 2,64% del PIB actual). Las patentes domésticas han pasado de 51.000 a 4,21 millones. Y la infraestructura de transporte ha superado a países como Estados Unidos, con 45.000 kilómetros de alta velocidad, con una media superior a los 300 km/hora.
Apuesta por la IA
China ha abrazado con entusiasmo, impulsada por el Gobierno, la inteligencia artificial, ingenuamente considerada como la panacea para todo, desde lo personal a lo profesional. En el 2024 se invirtieron en China 54.000 millones de dólares en IA, comparado con 4.000 en Europa. La industria china ha priorizado su digitalización y los sectores de futuro. Lo más interesante es que la política china enfatiza el uso y adaptación de la IA en aplicaciones prácticas, en particular en las pymes y la educación. Para ello priorizan el uso de aplicaciones en código abierto, que facilitan la adaptación de las organizaciones usuarias a sus necesidades.
En la automación eléctrica ya son líderes mundiales, no solo en automóviles fabricados sino en componentes, sobre todo en baterías. Por ejemplo, Musk pidió a Trump que rebajara los aranceles a la industria automotriz china porque la mayoría de componentes de su Tesla provienen de China. Una petición semejante a la que hizo Volkswagen a la Comisión Europea por la misma razón. Baidu ya ha lanzado su Apollo, vehículo sin conductor equivalente al Waymo de Google, aunque no me gusta cuando se pone a masajearte en cuanto te descuidas.
La gran paradoja es que el mayor ejemplo de crecimiento económico en el siglo XXI no ha sido del mercado sino del Estado, aunque con empresas vinculadas a la economía global de mercado
En telecomunicaciones, grandes empresas como Huawei se sitúan en la punta de la manufactura del 5G. Pero hay muchas otras. No hay más que visitar el Mobile World Congress que se reúne anualmente en Barcelona para constatar la presencia cada vez más significativa de los productos chinos. En lo referente a las plataformas digitales de las redes sociales, al prohibir la entrada de redes sociales estadounidenses, como las controladas por Meta, X o Google/You Tube, las han sustituido por su propia industria, con grandes empresas como Tencent (equivalente a Meta), Alibaba (que compite con Amazon en e-commerce en el mundo), Baidu, su buscador dominante, o Byte Dance/Tik Tok que ha conquistado el mercado mundial de los más jóvenes.
Importancia de las pequeñas empresas
No todo proviene de grandes empresas. Tencent se originó en un dormitorio de la Universidad de Shenzhen, a partir de un estudiante, Pony Ma, y su grupo de amigos, según me relató el propio Pony Ma, que insistió en la importante contribución de la agencia local de Desarrollo de Shenzhen, que creó el clima propicio para la innovación. Hoy día Tencent controla un 70% del mercado mundial de videojuegos, una industria fundamental en nuestro mundo. Incluso Huawei nació como una pequeña empresa de componentes de telecomunicaciones, creada por el ahora legendario señor Ren, cuando lo licenciaron, junto a miles de otros soldados, de un Ejército Popular de Liberación con exceso de tropa. Como había servido en un destacamento de telecomunicaciones, tenía algunos conocimientos técnicos que le permitieron emigrar de su pobre provincia rural para crear una pyme en Shenzhen, aprovechando la existencia de una zona especial establecida por el Gobierno central para estimular la iniciativa privada en la década de los noventa aprovechando la frontera con Hong Kong.
Cuando visité Shenzhen en 1983 era una aldea de pescadores de 300 habitantes con una oficina pública para un futuro desarrollo. Cuando hice mi investigación en el 2019, encontré una metrópoli de 14 millones de habitantes que es ahora uno de los centros de la electrónica mundial, con unas 10.000 empresas de alta tecnología. Ren y Huawei crecieron con Shenzhen. Más recientemente, una constelación de pymes está creciendo en Beijing, Shenzhen y Hangzhou, con la ola de innovación en IA. Por ejemplo DeepSeek, el LLM (modelo de lenguaje de gran escala) que ha revolucionado el campo de la inteligencia artificial, surgió como un startup de la escuela de ingeniería de la Universidad de Zhejiang en Hangzhou. Un grupo de jóvenes emprendedores, liderados por Lianfang Chen, algunos de los cuales conocí cuando enseñé en esa universidad en el 2023 antes de que se hicieran mundialmente famosos en el 2024 por ser competitivos frente a Open AI con muchos menos recursos.
Emprendedores y universidades
La industria de tecnología digital que apenas existía en el 2000 ahora representa un 41,5% del PIB. Y una buena parte proviene de emprendedores, siguiendo un modelo no muy distinto de Silicon Valley, como es el caso de Tencent y cientos de empresas en Shenzhen y Hangzhou, los hubs tecnológico chinos además de Beijing y Shanghai.

Una buena parte de este éxito se debe a la calidad del sistema universitario, destruido durante la revolución cultural, que ha recibido una fuerte ayuda en este siglo, con universidades como Tsinghua, como Beijing o Fudan, en altas posiciones en los rankings internacionales. Mis doctorandos en Tsinghua nada tienen que envidiar en calidad a mis estudiantes equivalentes en California. Y son más trabajadores y motivados. Es decir, el mito de las grandes empresas basando su éxito en los subsidios del Gobierno se desvanece cuando se investiga sobre el terreno. Son empresas con su propia dinámica, grandes, medianas y pequeñas, que han constituido un ecosistema, con articulaciones con las universidades y con distintas administraciones, cuyo éxito exportador ha sido la base de la creación de valor.
El papel del Gobierno
Ahora bien, el Gobierno controla y favorece su crecimiento. El control se opera fundamentalmente mediante la presencia de un representante del Partido Comunista (PCCh) en el consejo de administración de la empresa, aunque las empresas son de propiedad privada o cooperativa. Y se benefician de un mercado protegido en ciertos sectores así como de incentivos a la exportación. De ahí las tensiones con Estados Unidos o Europa. Pero dichos mecanismos no explican el extraordinario incremento de competitividad en la economía global, basado sobre todo en la innovación, la calidad del trabajo y el diferencial de costos de producción respecto a otras economías industrializadas. Sin embargo, lo que representaba ese diferencial hace dos décadas ha ido disminuyendo al tiempo que ha crecido el componente tecnológico de procesos y productos. Sin lugar a dudas este desarrollo tecnológico beneficia la influencia económica china en el mundo así como su acelerada modernización militar, orientada a disuadir cualquier amenaza estadounidense.
Contra el deterioro ambiental
En las primeras fases del desarrollo chino tuvo lugar, al igual que en los orígenes de la industrialización occidental, un importante deterioro medioambiental. Sin embargo en época reciente, el Gobierno chino ha establecido salvaguardas de conservación del medio ambiente que, por ejemplo, han reducido la gravísima contaminación atmosférica de hace dos décadas. Es más, el énfasis en la automoción eléctrica (contra la principal fuente de dicha contaminación en el mundo) tuvo como causa la preocupación por las consecuencias ambientales del modelo de crecimiento. Y resultó ser un éxito de exportación con respecto a países que plantean reducir las emisiones de CO2 para luego capitular en plazos y medidas frente al lobby del automóvil y el petróleo, particularmente en el caso de Estados Unidos. En realidad, en el ámbito internacional las posiciones del Gobierno chino son sistemáticamente más conservacionistas que las de Occidente en su conjunto, aunque haya excepciones de mayor coherencia ecológica, como es el caso de España.
Estabilidad institucional y Estado
En contraste con la experiencia histórica de rápido crecimiento tecnoeconómico, China ha sido capaz de mantener en este siglo una paz social y una estabilidad institucional que son la envidia de mundo, aunque se tamiza y se autocensura dicha apreciación por la crítica ideológica a su experiencia. Tendremos que tener cuidado de asimilar control político y estabilidad porque si así fuera habrá numerosos candidatos a probar esta fórmula.
Desde el punto de vista del modelo de desarrollo es una constatación decir que la estabilidad ha favorecido el desarrollo, reservando para unos párrafos ulteriores de este texto la evaluación de los valores subyacentes al modelo. Porque tenemos que ir a la raíz de la transformación de China. ¿Cuál ha sido el motor de esta transformación que ha modificado el conjunto de la economía mundial? El actor central del proceso ha sido el Estado chino y sus políticas de desarrollo encaminadas a situar a su país en el liderazgo mundial.
El PCCh es en realidad un partido nacionalista con organización comunista, que se formó en la guerra de resistencia a Japón y luego se constituyó como garante de la independencia de China
La gran paradoja de nuestro tiempo es que, en contra de la ortodoxia neoclásica, la fuente del mayor ejemplo de crecimiento económico en el siglo XXI no ha sido el mercado sino el Estado. Eso sí, mediante la competitividad de sus empresas en la economía global de mercado. Manteniendo a la vez la estabilidad institucional y social del país, mediante un control político y social que cubre todos los aspectos de la vida. Y es que la característica más importante de China es que el PCCh es en realidad un partido nacionalista con organización comunista. Se formó y consolidó en la guerra de resistencia a Japón y luego se constituyó como garante de la independencia de China frente a Estados Unidos y a la Unión Soviética, superando una historia siempre en peligro de ser colonizada por potencias extranjeras. Así construyó su legitimidad entre la población. Algo que es coherente con la teoría del Estado desarrollista elaborada por Chalmers Johnson y otros politólogos para explicar el extraordinario crecimiento del Pacífico asiático, a diferencia de los fracasos de modernización en América Latina o África. El rápido crecimiento económico y la mejora de las condiciones de vida explican el profundo arraigo de las políticas del Estado en la gran mayoría de la población. Particularmente en un mundo en el que las democracias liberales están en sobresalto permanente y en el que las desigualdades sociales se disparan, en los países y entre países.
El modelo chino
Claro que China tiene graves problemas, en primer lugar su envejecimiento y la crisis demográfica resultante de una política estúpida de limitación de la natalidad que apenas ahora se ha revertido. El Partido Comunista controla la política y la sociedad sin apenas fisuras. Aunque no parece haber una resistencia social significativa, porque nunca ha habido democracia liberal en China. Y es improbable que la haya en un futuro previsible porque está en crisis en el conjunto del planeta. Es evidente que los principios liberales de privacidad y respeto de los derechos de cada persona no tienen vigencia en China. La cuestión es hasta qué punto estos principios corresponden a la experiencia histórica de China o de cualquier parte del mundo.
Los principios de la Revolución Francesa en su aplicación al mundo poscolonial en África y en otras áreas del mundo se han deformado en la práctica vivida de su promesa utópica hasta generar una crisis de legitimidad de la democracia liberal. Una crisis cuyas consecuencias estamos viviendo. El modelo chino no es ni puede ser una alternativa para el resto del mundo. Porque ningún país puede ser modelo para otro. Esa pretendida acción civilizadora, proyectando sobre los demás la experiencia propia, es la base del colonialismo cultural y, en último término, político. Por eso hay que entender China en sus propios términos, no juzgar según nuestros propios valores, frecuentemente con escasa información sobre la realidad. Por ejemplo, no hace falta ser liberal para afirmar los derechos humanos de los uigures, sometidos a vigilancia especial para prevenir un posible crecimiento del islamismo radical. Pero extrapolar de esta situación la discriminación sistémica de las minorías étnicas en China es una estrategia geopolítica. Se olvida que de los 1.350 millones de personas que habitan China, más de un 96% son chinos han. Es decir que China es uno de los países más étnicamente homogéneos del mundo, a pesar de su dimensión y su diversidad cultural interna. Lo cual no implica que el abuso de los derechos humanos de una sola persona deje de ser condenable. En China y en donde sea. Sin oscurecer por eso el entendimiento de un proceso que está transformando nuestro mundo, por sus repercusiones más allá de China.
¿Internet bajo control?
Otro tema frecuentemente debatido es el control de China sobre internet. Existe, desde luego. Como existe el control estatal y comercial sobre la comunicación en las redes sociales en todo el mundo, algo que he documentado en mi último libro La sociedad digital (2024). Lo específico de China es que la crítica directa al Partido Comunista puede acarrear consecuencias según la repercusión que tenga. Pero eso no implica que se impida la circulación de los trillones de mensajes de todo tipo que pueblan internet en el país con mayor número de usuarios del mundo. Porque la inmensa mayoría de los intercambios en internet en el planeta no tienen un contenido explícitamente político, apenas un 15% según los estudios disponibles. Internet expresa la vida en su conjunto y para la mayoría de nosotros, y para los chinos también, la política ocupa una pequeña fracción de nuestro cotidiano.

Lo que es cierto es que el desarrollo de la IA en China, en particular con el reconocimiento facial, permite el despliegue de un gigantesco panopticum digital que autoriza al Estado y a las grandes empresas saber todo de nosotros, incluidos los detalles que pueden decidir nuestro empleo por parte de un empleador o nuestro control en cualquier frontera. Esa es nuestra realidad tecnológica. Y como China es la sociedad digital más avanzada, sus posibilidades de vigilancia están más avanzadas. Así que toca ser buenos, aquí y allá. O inventar otro sistema institucional.
Pero eso es otra cuestión que nos concierne más allá de China. En mi opinión personal, la obsesión del Gobierno chino en el control ideológico, en internet y en las instituciones, es producto de una rutina burocrática más que de una necesidad del sistema. Su legitimidad está enraizada en la sociedad, en mucho mayor medida que la legitimidad actual en las democracias liberales. Insistir en ese control minucioso es un gesto innecesario que en último término acaba molestando al personal sin gran utilidad para el sistema. La burocracia es el auténtico enemigo del pueblo.
En fin de cuentas, lo que estamos observando en China, cualquiera que sea nuestra opinión, es una experiencia histórica de desarrollo multidimensional, utilizando al capitalismo global pero sin seguir sus principios, que está transformando el mundo. China es la potencia del siglo XXI.
Manuel Castells es profesor universitario. Titular de la cátedra Wallis Annenberg de Tecnología de la Comunicación y Sociedad, así como catedrático de Comunicación, Planificación Urbana, Relaciones Internacionales y Sociología, Universidad de California Meridional (Los Ángeles). Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias (AAAS). Miembro de la Academia Estadounidense de Ciencias Políticas y Sociales (AAPSS). Miembro de la Academia Británica.
Cómo leer Vanguardia Dossier
VERSIÓN IMPRESA
• Compra de ejemplar. La edición impresa de VANGUARDIA DOSSIER se puede adquirir en quioscos y librerías habituales al precio de 12 euros.
• Suscripción. Solicita tu suscripción llamando al 933481482 y recibirás VANGUARDIA DOSSIER cómodamente en tu domicilio.
VERSIÓN DIGITAL
• Compra de ejemplar. La edición digital de VANGUARDIA DOSSIER está disponible de forma gratuita en la app “Vanguardia Dossier” para iOS (App Store) y Android (Google Play Store). Cada ejemplar tiene un coste de 8 euros.
• Suscripción. Suscríbete a La Vanguardia Premium y accede sin límites a todos los contenidos de La Vanguardia y VANGUARDIA DOSSIER en su versión digital.
