

Todo empieza a coger un cariz diferente con el impacto de la guerra cognitiva. Ha sido lo de Ceuta, lo de Osnabruck, la reivindicación judía de las Malvinas argentinas, la caída en desgracia de Machado por el control del petróleo venezolano y más ataques híbridos que vendrán. Hay un hilo rojo que une todo hacia un objetivo: la devaluación de la democracia, ese sistema que no protege y no funciona. Si el ascensor social está sin plomos, se entienden mejor los resultados del informe PISA. ¿Para qué estudiar si no nos va sacar de esclavos?
