PISA

En política nunca hay sorpresas, sino sorprendidos. Está fallando la educación como la llave de acceso al progreso, del mismo modo que, con un mísero sueldo, a ese mismo hijo de vecino no le alcanza para acceder a una vivienda ni en propiedad ni alquiler y así poder establecer su lugar en el mundo. No da ni para poder pagarse la energía –en permanente escalada de precios– para vivir la vida tal como era, ni la convivencia en general. Identidad, progreso, ascensor social, vivienda, energía o inmigración es lo que configura la cotidianidad. Aquí se recupera el control.

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