
La Administración Trump censura las alianzas de Ford, gigante del motor estadounidense, con socios chinos como la cerrada recientemente en la planta de Almussafes, Valencia. El acuerdo por el que Geely se hará con parte de la fábrica y pasarán a desarrollar modelos juntos, así como otras aventuras con socios chinos, levantan una “profunda preocupación” y generan una importante “alarma”, poniendo en riesgo el principio de “seguridad nacional”. Se pide incluso repensar estos lazos.
En concreto, la alianza en España “ayuda a adversarios estratégicos a asegurarse un punto de apoyo vital en los mercados occidentales”. Así se lo ha hecho saber el secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy, en una carta enviada este martes al consejero delegado de Ford, Jim Farley.
Si bien se reconoce la presión en la competencia global, las recientes decisiones de la empresa “pintan un panorama preocupante de una marca emblemática estadounidense que entrelaza activamente su futuro con empresas chinas respaldadas por el Estado (chino)”, se añade en la misiva, cuestionando que Ford sea “un socio confiable” como se espera desde el Gobierno y el cliente americano. Washington habla de “alianzas cuestionables”. El texto llega pocas semanas antes de que el presidente chino Xi Jinping visite EE.UU., donde la guerra comercial será uno de los puntos clave a tratar.
Además del acuerdo en tierras españolas, critica sus negocios con el fabricante de baterías chino CATL, en cuyos productos licenciados se apoya para su planta de baterías de Marshall, Michigan, o las negociaciones en marcha con la automovilística BYD para componentes para vehículos híbridos. CATL está incluida en la lista del Pentágono de compañías acusadas de colaborar con el ejército chino. Duffy afirmó que depender de tecnología china era “contrario al espíritu de las políticas de seguridad nacional y económica de Estados Unidos y a la independencia de la cadena de suministro”.
Ford responde que se busca “acaparar titulares”
Este tipo de pactos “podría conducir a una mayor integración de tecnología extranjera subvencionada en las cadenas de suministro clave de Ford”. Gran parte de la cruzada arancelaria de Washington responde a las fuertes subvenciones de Pekín a todo tipo de industrias, que distorsionan la competencia. ”Se espera que empresas estadounidenses emblemáticas, como Ford, superen a sus competidores en innovación. Para ello, necesitan trazar caminos claros hacia la autosuficiencia tecnológica”, ha insistido Duffy.
Ford respondió en un comunicado que la carta de Duffy es un “intento desacertado de acaparar titulares”, con informaciones erróneas. La compañía añadió que, “mientras otros siguen importando baterías chinas, estamos invirtiendo para fabricar baterías aquí, en EE.UU.”, y agregó que en el negocio con CATL, “es propietaria de la planta, controla las operaciones y emplea a la fuerza laboral”.
La sombra de los coches chinos en EE.UU.
Ford ha abogado incluso por facilitar legalmente las empresas conjuntas con socios chinos en EE.UU. Los vehículos chinos están prácticamente excluidos del mercado estadounidense por los elevados aranceles y la prohibición de los sistemas de “vehículos conectados” procedentes de adversarios de EE.UU., como China. Pero el crecimiento de las marcas chinas en México o el inicio de la importación en Canadá acerca la posibilidad de que acaben llegando a tierras estadounidenses, lo que lleva a que varios políticos del Congreso y a los principales fabricantes pidan ir un paso más allá y prohibir directamente por ley al coche chino.
Duffy también censura que Ford haya anunciado la repatriación de la producción del Lincoln Nautilus de China a EE.UU., pero solo a partir del 2030. La fecha “deja un margen inaceptable de varios años de dependencia de la industria manufacturera china”.
