El alma pesquera de Islandia

En las aguas mansas del puerto pesquero de Hafnarfjördur, en la costa suroeste de Islandia, se reflejan el azul del cielo y el blanco de las nubes y crean un bello efecto de postal desdoblada. De aquí zarpan los barcos que salen a pescar bacalao, abadejo y otras especies en los preciados caladeros islandeses, caladeros que de agosto del año pasado a este julio proporcionaron una captura conjunta de un millón de toneladas de pescado.

Pilar económico y símbolo de identidad nacional, la pesca ha ocupado un lugar central en el debate previo al referéndum celebrado ayer en Islandia sobre si reanudar o no negociaciones con Bruselas para la adhesión a la Unión Europea (UE), congeladas desde el año 2015.

“La realidad es que el tema más importante es la soberanía; la pesca es un símbolo de soberanía. Las ambiciones en materia de pesca se deben tanto a que la pesca es extremadamente importante para nuestra economía como a que es un símbolo de nuestra soberanía”, sostiene el historiador Hjörtur Gudmundsson, especialista en pesquería, que ayer votó no en la consulta popular.

Hito en la narrativa nacional

Las llamadas ‘guerras del bacalao’, disputas por las capturas entre Islandia y el Reino Unido entre 1958 y 1976, perviven en la memoria de los pescadores islandeses 

Los productos del mar representan casi el 40% de las exportaciones y en torno al 7% del PIB, y entre pesca y procesamiento del pescado, el sector supone casi el 4% del empleo del país. Si bien en los últimos años el turismo y la fundición de aluminio han superado en impacto económico a la pesca, esta actividad practicada en la isla del Atlántico Norte desde tiempo inmemorial continúa siendo clave para la economía y para la concepción que muchos islandeses tienen de su nación.

“En la segunda mitad del siglo pasado, los islandeses libramos las ‘guerras del bacalao’ contra los británicos; la oposición a entrar en la UE es algo que vemos como una continuación de nuestra lucha por asegurar la soberanía, por no tener en nuestras aguas arrastreros de la flota española, que es muy grande, o de la neerlandesa, que también lo es”, arguye Gudmundsson, que ronda los 50 años, mientras tomamos café en una terraza en este agosto fresco y soleado.

Las llamadas ‘guerras del bacalao’, que enfrentaron a Islandia con el Reino Unido en tres ocasiones entre 1958 y 1976, constituyen un hito crucial de la narrativa nacional islandesa. Para proteger sus poblaciones de peces, la isla amplió progresiva y unilateralmente su zona de pesca exclusiva, lo cual derivó en enfrentamientos con pescadores británicos que faenaban también en esas aguas: embestidas, destrucción de redes e incluso disparos de cañón.

Barcos pesqueros en el puerto de Hafnarfjördur, en la costa suroeste de Islandia, amarrados el 29 de agosto del 2026, día del referéndum islandés sobre negociaciones con la UE  
Barcos pesqueros en el puerto de Hafnarfjördur, en la costa suroeste de Islandia, amarrados el 29 de agosto del 2026, día del referéndum islandés sobre negociaciones con la UE  MARÍA-PAZ LÓPEZ

La guardia costera islandesa escoltaba a sus pesqueros, mientras Londres enviaba sus fragatas a hacer lo propio con los suyos. Por fortuna, no hubo muertos. “Por supuesto, la gente en Islandia, y no solo los pescadores, se acuerda todavía muy bien de las ‘guerras del bacalao’, apostilla Gudmundsson.

Hafnarfjördur, tercer municipio más poblado de Islandia con casi 32.000 habitantes, se halla a diez kilómetros de distancia de la capital, Reikiavik, así que la pesca, aunque importante, convive con otras profesiones y negocios. “Existe una división entre las áreas urbanas, Reikiavik y los alrededores, incluyendo Hafnarfjördur y Kópavogur, y los pueblos de costas donde la pesca sí es la principal actividad económica –asegura Helga Thorsteinsdóttir, jefa de archivos de la radiotelevisión pública islandesa RÚV–. Las comunidades rurales se oponen mayoritariamente a la UE, mientras que la gente de la ciudad suele estar más a favor”.

Concentración de riqueza 

Las grandes empresas pesqueras islandesas controlan las cuotas de pesca, en detrimento de los pescadores que faenan por cuenta propia, que lo tienen muy difícil

Thorsteinsdóttir, de 49 años, residente en Hafnarfjördur, votó sí con entusiasmo en el referéndum. Conversamos ayer en la calle durante su rutina deportiva con una amiga que también eligió el sí en la papeleta. “Aunque vivimos en Hafnarfjördur, lo que nos importa es la economía y el bien de Islandia en su conjunto, el país entero, su seguridad –dice Birna Árnadóttir, geógrafa de 56 años, ahora empleada en atención geriátrica–. No nos centramos solo en nuestra pequeña ciudad; creo que la mayoría de islandeses tiene una visión holística de todo esto”.

Ambas se muestran muy críticas con los consorcios del pescado en Islandia, y con el reparto de las cuotas de pesca, concebidas en los años ochenta para limitar las capturas y evitar así la sobreexplotación de los caladeros, pero que al poder venderse y arrendarse, han generado una concentración que beneficia a unas pocas grandes empresas en detrimento de los pescadores que faenan por cuenta propia.

“Las empresas que se dedican a la pesca tienen mucho dinero y, por supuesto, les conviene el statu quo; hay una acumulación de riqueza en unas pocas grandes compañías, que tienen el poder y el dinero, y han llevado a cabo una campaña bastante eficaz para convencer a mucha gente de decir que no”, lamenta Helga Thorsteinsdóttir. Sin sorpresas: en una reciente encuesta de la consultora Gallup realizada a empresas islandesas, el 90% de las que pertenecen al sector pesquero proclamaron rotundamente su rechazo a la adhesión a la UE.

Nación insular 

El pescado, tema clave en el referéndum sobre negociaciones con la UE

Además del bacalao, también el arenque, el capelán y el abadejo han contribuido de modo clave a la riqueza de Islandia desde que en 1944 se independizó plenamente de Dinamarca. Varios de estos peces aparecen en distintas unidades de la moneda nacional, la corona islandesa. El sector pesquero –y también el Gobierno de la primera ministra socialdemócrata, Kristrún Frostadóttir, impulsor del referéndum de ayer sobre negociaciones con la Unión Europea– consideran que Islandia debe poder seguir estableciendo y asignando sus cuotas de capturas en sus aguas, además de mantener restricciones a la inversión extranjera. “En Islandia tenemos una ley que establece que los extranjeros solo pueden poseer un máximo del 25% de una empresa pesquera; la propiedad mayoritaria tiene que ser de empresas o particulares islandeses, algo que probablemente no sería posible dentro de la UE”, afirma el historiador Hjörtur Gudmundsson, votante convencido del no, que enmarca la pesca en la cuestión de la soberanía. “No entiendo dónde está la contradicción entre soberanía nacional y estar en la UE –dice la geógrafa Birna Árnadóttir, que votó sí a retomar negociaciones con Bruselas–. Tal como está el mundo hoy con Estados Unidos, Rusia, China y demás, no es que tema que vaya a ocurrir algo terrible, pero Islandia estaría más fortalecida dentro de la UE”.

María-Paz López Rodríguez

Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia

También te puede interesar