“La mejor forma de cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás”, dijo Napoleón. Un profeta de su tiempo, por lo menos en este ámbito.
La inflación en EE. UU. se disparó hasta el 3,8% en abril, desde el 3,3% en marzo, y superó la previsión de Wall Street del 3,7%, de acuerdo con los datos oficiales publicados este martes. Es el nivel más alto en tres años. El principal impulsor fue el aumento de los precios de la gasolina tras la guerra de Irán lanzada por el presidente Donald Trump, que ha elevado los precios del petróleo y añadido nueva presión a la crisis del coste de la vida en el país: la inflación ahora crece más que los salarios (un 3,7%).
Ahora mismo la situación está peor que con Biden, en contra de lo prometido por Trump
Durante la campaña electoral de 2024, Donald Trump repitió en múltiples ocasiones que la inflación que estaba causando estragos en el país era culpa exclusiva de Joe Biden, atribuyéndola a un mal manejo económico y exceso de gasto público.
En mítines, prometió bajadas inmediatas de los precios de la gasolina, huevos y coches, culpando al demócrata de “saquear” la economía. En junio del aquel año dijo que “la inflación está matando a nuestro país”.
El mercado ahora otorga un 30% de probabilidades de que los tipos de interés de la Fed suban en lugar de bajar
Cuando el magnate pronunció estas palabras la tasa de inflación en EE.UU. era del 3%. Es decir, más baja de lo que está hoy en día. “El presidente Donald Trump había prometido hacer bajar los precios desde el primer día de su mandato. En lugar de eso, no deja de hacerlos subir”, arremetió ayer por su parte la senadora demócrata Elizabeth Warren, una vez publicados los datos.
En cuanto a las promesas electorales de Trump, los precios de los carburantes durante sus ataques a Joe Biden se situaban en 3,5 dólares por galón. Hoy están en casi 4,5 dólares, es decir un 27% más elevados. Pero lo llamativo es que dicho incremento ha tenido lugar en prácticamente solo dos meses (marzo y abril), en coincidencia con el estallido de la guerra en Oriente Medio.
Aunque EE.UU. es el mayor productor mundial de petróleo y ahora encima se ha convertido en exportador neto, los carburantes se han encarecido también para el consumidor estadounidense. El crudo producido por EE.UU. es ligero y no es adecuado para diésel o queroseno, con lo que al final el país tiene que importar y, en un mercado global, en el surtidor se acaba notando.
A esto habría que añadirle el impacto de los aranceles. Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal (Fed), a lo largo del último año no ha dejado de señalar que las tarifas acaban causando un aumento de los precios, porque la recarga tarifaria acaba repercutiendo en los comercios y lo acaban pagando los consumidores. Según los últimos estudios, las tarifas en promedio ahora oscilan entre el 10 y el 12%. Pero Trump ha anunciado que quiere volver a subirlas, pese a las sentencias en su contra por parte de los tribunales.
Para el próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, a punto de asumir el cargo, la tarea se complica. Trump exige una rebaja de los tipos de interés para aliviar el coste de la deuda, sostener Wall Street y debilitar el dólar.
Sin embargo, la inflación subyacente (la que no tiene en cuenta la volatilidad de los precios de la energía) se sitúa en el 3,3%, muy lejos del 2% que desearía la Fed. Por cierto: la tasa de inflación general ya lleva cinco años por encima del objetivo del 2%. En este contexto, algunos analistas (Schoders) incluso no descartan que el banco central norteamericano podría verse obligado a subir tipos para evitar que se cree una espiral inflacionaria. El mercado le atribuye ahora al alza un 30% de probabilidades.
“En los datos de hoy, buscábamos si los altos costes energéticos se están filtrando en incrementos de precios en otros sectores”, afirmaban desde la agencia Moody’s. “Y efectivamente, subieron los precios de los alimentos y las tarifas aéreas, al igual que algunos productos de consumo como la ropa y los muebles para el hogar.” Como anécdota, para degustar un filete los norteamericanos tienen que pagar un 16% respecto a hace un año. Hasta la ternera está en máximos históricos. Definitivamente, un dato estadístico difícil de digerir.
