El turismo como actividad económica cada vez más es objeto de debate con respecto a su dimensión, al tratamiento fiscal que recibe, a las externalidades negativas que genera, a los bajos salarios y productividad, incluso sobre si se puede considerar un sector subvencionado en lo que los más beneficiados son los turistas no residentes. En ese contexto, la OCDE publica su informe 2026 sobre tendencias y políticas turísticas, que certifica la fortaleza del sector a pesar de los retos que tiene planteados, entre los cuales los asociados con el cambio climático.
Estamos ante una actividad que en el conjunto de la OCDE, de manera directa, genera el 4% del PIB, representa el 6,3% del empleo y aporta el 19,3% del total del saldo de las exportaciones de servicios. En España los valores se sitúan en la primera línea mundial: 6% del PIB, 13,4% del empleo y 48,4% de la exportación de servicios (en Catalunya los valores serían de un orden parecido). Sobre estas magnitudes, tres constataciones.
La OCDE hace pensar en si es preciso que un sector sea el principal si es tan poco productivo
La primera, la importancia absoluta y relativa del sector turístico. Que uno de cada siete ocupados trabaje directamente en él quiere decir que, al menos en términos de significación económica y social no estamos ante un sector cualquiera. Entre los miembros de la UE, solo Grecia supera España en porcentaje de empleados, pero aquí el porcentaje es casi el doble de lo que tienen en Italia o Francia, ambos muy turísticos.
La segunda constatación es que, como ya sabíamos, el sector es de baja productividad. Pero en España todavía lo es más. La ratio empleados/unidad de PIB generado es 2,2, lo que quiere decir que hace falta mucho empleo para generar renta, o en otras palabras que los empleados son poco productivos. En economías grandes que también tienen sector turístico, como Alemania o Estados Unidos, la ratio es de 1,3; en Italia es 1,6; en Francia y Grecia es 2, pero en Portugal y en Suiza es de 1,5. Baja productividad en general, pero con grados más moderados que los españoles y lejos de Austria, donde el porcentaje de PIB turístico directo supera el porcentaje de empleo. Si supusiéramos que en la economía solo hubiera dos sectores, el turístico y el resto, la productividad por empleado del primero en Austria sería superior a la del resto, pero en España sería casi un 60% inferior.

La tercera constatación es que en la economía española el turismo aporta casi la mitad de los ingresos en concepto de exportación de servicios. Eso permite equilibrar la balanza de bienes, pero pone de relieve la falta de otras fortalezas productivas en términos de servicios, como tienen Estados Unidos y Francia (el turismo aporta el 20% de la balanza) o Alemania (un 8,5%).
Los datos de la OCDE ponen negro sobre blanco cosas conocidas y, una vez más, hacen pensar en si hace falta que un sector con tan baja productividad sea el mayor de la economía y que siga creciendo. Más todavía cuando eso pasa porque se aplican políticas que lo hacen posible y que no contribuyen ni a ser más competitivos ni, al fin y al cabo, a aumentar el PIB per cápita, al contrario.
