

El día después del regreso de León XIV a Roma, en el Vaticano se hace un balance positivo de la visita a España. Ni siquiera el incidente técnico que obligó al Papa a regresar a bordo de un Falcon militar, tras varias horas de espera en el aeropuerto de Tenerife Norte, ha empañado la impresión general. La rueda de prensa prevista en el vuelo de regreso tuvo que ser cancelada y Prevost no pudo expresar formalmente su satisfacción. Lo hará durante el Ángelus de este domingo, al mediodía en la plaza de San Pedro.
Poco antes de que el comandante de Iberia anunciara la avería, monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados del Vaticano, una especie de ministro de Exteriores de la Santa Sede, recorría el pasillo del avión con una sonrisa. “La acogida al Papa ha superado nuestras expectativas. Las calles estaban llenas y las ceremonias fueron organizadas con gran cuidado”, comentaba. El experimentado diplomático de Liverpool reflejaba así la satisfacción de la Santa Sede por una semana intensa y considerada un éxito, pese a la irritación que provocó la gestión de la incidencia por parte de Iberia. En la memoria del Pontífice y de quienes le acompañaron han quedado grabadas las multitudes de Madrid, Catalunya —con Montserrat y la Sagrada Família como símbolos del viaje— y la intensidad de los actos celebrados en Canarias. En el Vaticano, en definitiva, se hace una valoración ampliamente positiva del viaje, aunque algunas voces admiten que los frecuentes retrasos evidenciaron una agenda quizá demasiado ambiciosa. Algunos actos resultaron similares entre sí, lo que contribuyó a acumular retrasos. Una vez concluida la visita, también se reconoce que la preocupación de Robert Prevost por las posibles instrumentalizaciones de sus palabras era mayor de lo habitual. El contexto español, marcado por una fuerte polarización que se refleja también en sectores de la Iglesia, hacía temer controversias. Por eso sorprendió positivamente la acogida recibida en las Cortes. “Esperábamos algo parecido a lo que ocurrió con Francisco en el Congreso de Estados Unidos en el 2015, cuando los aplausos se dividían entre republicanos y demócratas según los temas. En cambio, aquí el consenso fue unánime”, explica una fuente vaticana.
Roma recuerda que la selección de las asociaciones de víctimas de abusos no dependió de la Iglesia
En la Santa Sede, el entusiasmo visto en Madrid se interpreta también como el reflejo del deseo de superar el permanente enfrentamiento político y acoger el mensaje de reconciliación de León XIV.
Algo más de decepción existe respecto a las polémicas relacionadas con los abusos en la Iglesia. El Papa, que abordó directamente la cuestión en su discurso a los obispos e hizo referencias indirectas durante el acto celebrado en el Palacio Real, recibió el lunes en Madrid a tres asociaciones de víctimas, una decisión que provocó el malestar de algunos colectivos que quedaron fuera del encuentro. Desde Roma se subraya, sin embargo, que la selección de los participantes no dependió ni de la Santa Sede ni de la Conferencia Episcopal Española, sino de la oficina del Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo.
En el Vaticano se considera que las polémicas sobre el uso del catalán en Barcelona eran previsibles. Sin embargo, recuerdan que quienes atacaron duramente al arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, acabaron, de hecho, atacando también al propio Papa.
Prevost mostró sensibilidad hacia la cuestión lingüística, aprendiendo algunas nociones de catalán y eliminando a última hora unas referencias a la unidad de España que figuraban en al menos dos versiones de la homilía de la Sagrada Família. Los discursos redactados por la Secretaría de Estado, como contó La Vanguardia , reflejaban en esos pasajes la influencia de algunos prelados españoles de la Curia romana. El Papa, sin embargo, supo leer el contexto. También por eso, en el Falcon que lo devolvió a Roma, respiraba aliviado y hasta contento tras su primer viaje europeo.
