Inmigración: cuatro casos

El mensaje central del Informe Fénix –presentado el pasado viernes y en cuya elaboración he colaborado– es que una parte demasiado importante del crecimiento económico de Catalunya en los últimos años se ha concentrado en sectores de productividad muy baja. Una de las manifestaciones de este fenómeno es el retraso del PIB per cápita frente a la media de la Unión Europea.

En la práctica, los nuevos puestos de trabajo han sido ocupados por inmigrantes, y si esta incorporación afecta al resto de la sociedad es porque al estar remunerados con salarios bajos –lo cual es inevitable si los sectores son poco productivos– su contribución al sostenimiento del Estado de bienestar es inferior al coste que comportan, lo que implica que la cantidad de personas que tienen derecho a recibir servicios públicos –sanidad, educación, dependencia, etcétera– crece más rápidamente que los recursos que los financian. El resto de la sociedad percibe el crecimiento de los sectores poco productivos en forma de encarecimiento de la vivienda y saturación y degradación de los servicios públicos.

¿Por qué la sociedad debe subvencionar con 3,50 € a quienes piden una cena a domicilio?

Ahora bien, lo que importa no es sólo la productividad y el salario de estos puestos de trabajo, sino también su papel en la sociedad. Consideramos cuatro casos: el cuidado de un anciano, la agricultura, un rider y un operador de matadero. Si todos están remunerados con un salario muy bajo, su impacto directo sobre la financiación del Estado de bienestar es negativo, pero esto no significa que sean igualmente perjudiciales para el resto de la sociedad.

'Riders' de empresas de comida a domicilio, en una imagen de archivo
‘Riders’ de empresas de comida a domicilio, en una imagen de archivoMartí Gelabert

En el caso del primero, quien paga por el servicio –supongamos que los hijos del anciano– pueden permitirse dedicar más tiempo a un trabajo más productivo. Al no pagar el coste real del servicio, se benefician de una subvención del resto de la sociedad, pero es posible que el impacto sobre la productividad colectiva sea positivo e, incluso, que se generen más recursos para financiar el Estado de bienestar. En el caso de la agricultura, es muy probable que si el inmigrante no estuviera disponible la actividad económica desaparecería, lo que mejoraría el PIB per cápita global y la financiación del Estado de bienestar, pero a expensas de la desaparición de una actividad que es legítimo considerar importante por diversos motivos. El caso del rider es distinto. ¿Por qué la sociedad debe subvencionar con unos 3,50 € a quienes piden que se les sirva una cena a domicilio? Resulta difícil justificarlo, y debe concluirse que la sociedad estaría mejor si el servicio no existiera o si estuviera remunerado con un salario que generara ingresos fiscales lo suficientemente elevados como para compensar el coste de los servicios sociales a los que tiene derecho el trabajador. Pero el caso peor es el del matadero porque el cliente es en su gran mayoría un consumidor extranjero. En este caso, no estamos hablando de una redistribución dentro del país, sino de una transferencia neta de recursos fuera del país. Por eso el Informe Fénix habla, en estos casos, de un crecimiento que nos empobrece.

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