La ruptura de las negociaciones con Estée Lauder en busca de una fusión abre ahora un nuevo camino para Puig. La multinacional catalana de fragancias y moda que preside Marc Puig explora ya nuevas operaciones corporativas que le permitan ganar volumen en un sector muy competitivo en el que reina L’Oréal y en el que la suma de Puig y Estée Lauder habría dado lugar al segundo grupo más importante. Las acciones de la compañía con sede en Barcelona cayeron ayer en bolsa un 13,44%, para volver al nivel en que se encontraban el día previo al anuncio de las conversaciones, el pasado 23 de marzo. La cotización de Estée Lauder se disparó un 14% al alza el jueves en el mercado de fuera de hora en Wall Street tras la ruptura, y ayer a media sesión subían por encima de un 11%.
“Esta decisión no modifica nuestra hoja de ruta estratégica”, aclaraba ya el consejero delegado de Puig, José Manuel Albesa, en el comunicado en el que se anunciaba el fin de las negociaciones con el grupo estadounidense. “Seguimos construyendo sobre nuestras fortalezas en belleza premium, con una gestión centrada en las marcas, creatividad, agilidad y un crecimiento disciplinado”, añadía la nota, que destacaba “nuestra fortaleza como compañía independiente para generar valor a largo plazo”.
Albesa resaltaba también la sólida estructura de capital de Puig, sin apenas deuda, que les da suficiente margen de maniobra para acometer nuevas operaciones corporativas. Aunque no se descartan del todo posibles grandes operaciones en la línea de la de Estée Lauder, desde la compañía apuestan por enfocarse hacia nuevas adquisiciones, la vía por la que Puig ha experimentado ese gran salto de los últimos cinco años, hasta alcanzar una facturación que supera los 5.000 millones de euros.
Sin apenas deuda, Puig tiene margen de maniobra para acometer nuevas adquisiciones
Con una cartera de grandes marcas que incluye Carolina Herrera, Rabanne, Jean Paul Gaultier, Nina Ricci, Byredo o Penhaligon’s, el grupo dio un salto adelante en el 2020 con la compra de la empresa de productos de maquillaje Charlotte Tilbury. Posteriormente adquirió también la firma premium de cuidado de la piel Dr. Barbara Sturm, y ha crecido asimismo con la incorporación de Kama Ayurveda y Loto del Sur.
Sin prisas, Puig se enfoca ahora hacia nuevas oportunidades de compra que aparezcan en el mercado siempre que encajen en su estrategia y al precio adecuado. La operación de fusión con Estée Lauder, que hubiera dado lugar a un grupo con unas ventas superiores a los 17.000 millones de euros, encajaba por la complementariedad estratégica de las dos firmas, tanto por producto como geográficamente. Encajaba también la aproximación entre dos familias propietarias que se conocen desde hace décadas y con culturas empresariales similares.
La complejidad de la operación sería el principal desencadenante de la ruptura de las negociaciones, que se estaban alargando demasiado, según explican fuentes próximas. Y un problema añadido de última hora fue la pretensión de Charlotte Tilbury, fundadora de la marca de maquillaje, de renegociar las condiciones del contrato de venta de la compañía, en la que sigue controlando un 21,5% del capital.
La fusión hubiera dado lugar al segundo grupo del sector por detrás de L’Oréal
La clave de esas negociaciones tan complejas estaba en el control de los derechos de voto de las dos propiedades. La familia Puig posee a través de su holding Exea el 71,7% del capital de la compañía pero controla el 92,5% de los derechos de voto. En Estée Lauder, la familia posee el 36,5% de las acciones y controla el 84% de los derechos de voto. El mercado calculaba que la familia Puig podría haberse hecho como máximo con entre un 20% y un 25% de la empresa resultante de la fusión, mientras que la familia Lauder se hubiera quedado con un porcentaje de control.
