Jordan Bardella, que presume de origen modesto y entre cuyos votantes hay muchos asalariados precarios que apenas llegan a fin de mes, ha corrido un riesgo considerable. Se dice que en su propio partido, el Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha), hubo crujir de dientes cuando vieron la portada de Paris Match del 9 de abril y el reportaje interior de diez páginas para confirmar su idilio con la princesa italiana Maria Carolina de Borbón Dos Sicilias, duquesa de Calabria y Palermo, que vive a caballo entre Italia y Mónaco.

Existen pocas dudas de que las fotos de la revista no fueron robadas, sino pactadas con la pareja durante su romántica escapada a Córcega. Van pulcramente vestidos mientras pasean cerca del mar. No hay ni besos ni arrumacos. Todo muy casto, un cortejo a la antigua.
El eurodiputado, de 30 años, y la aristócrata e influencer, de 22, escogieron presentarse al gran público de un modo espectacular pero polémico. Cuesta no ver un cálculo político, pues él, que ya lleva varios años como presidente del RN, se está preparando para ser el candidato al Elíseo si finalmente su mentora, Marine Le Pen, condenada por fraude al Parlamento Europeo, no puede presentarse. La incógnita se resolverá en el Tribunal de Apelación, el próximo 7 de julio.

La exposición del romance principesco formó parte de la clásica estrategia mediática para humanizar al personaje y que se hable mucho de él. Sin embargo, eso no es suficiente para “el joven lobo nacionalista”, como lo calificó el rotativo conservador Le Figaro, que ya no usa el calificativo de extrema derecha para el partido de Le Pen. El gran reto de Bardella, y del RN en general, es resultar creíble para gobernar Francia, sobre todo en los círculos económicos y financieros.
El idilio con una aristócrata italiana y el examen ante los empresarios han colocado al líder del Reagrupamiento Nacional en primer plano
El pasado 8 de abril hubo un primer examen, a Le Pen, en el célebre restaurante Drouant, donde se conceden los premios literarios Goncourt y Renaudot. La tres veces candidata presidencial se reunió con la flor y nata de los empresarios, entre ellos el dueño del gigante del lujo LVMH (Louis Vuitton), Bernard Arnault, y el primer ejecutivo de la multinacional petrolera TotalEnergies, Patrick Pouyanné. Ambos están acostumbrados a negociar, incluso con Trump, y son pragmáticos. La extrema derecha nunca ha sido el santo de su devoción, pero hay que estar preparados.
La segunda gran cita fue el pasado día 20. Esta vez le tocó el turno al presidenciable sustituto, Bardella. Por primera vez un líder de la extrema derecha francesa fue invitado a almorzar con la cúpula de la patronal, Medef, en su sede de París. Si seducir a una princesa de sangre real no es fácil, quizás más complicado todavía es convencer a los grandes empresarios de que el partido de Le Pen hará una política razonable.
Bardella insistió en su voluntad de simplificar las normas en Francia para facilitar los negocios, en su deseo de qu Francia pague menos contribución a la UE, en tomar decisiones que favorezcan el crecimiento. Pero siguió siendo vago en cuestiones como la protección social, consciente de que según qué dijera, si salía a la luz, lo perjudicaría ante su electorado.
El universo empresarial no se fía del RN porque han sido testigos de sus mensajes populistas, como su rechazo a elevar la edad de jubilación. Durante el debate de los últimos presupuestos, la extrema derecha causó la alarma al alinearse con posiciones de la izquierda en temas como el impuesto a los superdividendos y a la llamada “fortuna improductiva”.
A Bardella le queda mucho trabajo por hacer. Pese a que su partido está en auge, no lo tendrá fácil a la hora de la verdad, por su edad, inexperiencia y el pesado fardo de su partido. Ya se vio en las últimas legislativas. Eso sí, si la princesa italiana le acompaña en los mítines, la cobertura de los paparazzi está garantizada.

