La pequeña pancarta de cartón que sostenía Pierre, un jubilado de 64 años, en la Puerta de Italia, en París, quería resumir el espíritu de la jornada: “Responder al centenar de casseurs (alborotadores violentos) permite no responder a los centenares de miles de manifestantes pacíficos que reivindican en calma”. En efecto, la nueva protesta social de este sábado en Francia ha sido mucho más pacífica que hace una semana, a pesar de incidentes limitados en algunas ciudades como París, Lyon, Toulouse, Marsella o Grenoble cuando la policía ordenó dispersar las concentraciones.
El mensaje de Pierre, exconsultor bancario y financiero (“Trabajar en las finanzas es muy útil para formarse una opinión”, declaró), era compartido, con matices, por otros participantes en la marcha. Hugo, de 16 años y alumno de instituto, está convencido de que “nuestra generación puede cambiar las cosas”. “Hace falta un poco de violencia para que te escuchen, pero el otro día se fue demasiado lejos, tanto los casseurs como la policía con su represión”, agregó el muchacho, que llevaba una bandera francesa con la inscripción “GEN (generación) Z”.
Algunos padres acompañaban a sus hijos adolescentes, como Yann, contable, de 47 años, y Eugénie, de 15. Yann arremetió contra la extrema derecha y la izquierda radical, que para él son igual de nefastas.
-¿Qué opina de los diez años de presidencia de Macron?
-A parte de haber enriquecido a los ricos, empobrecido a los pobres y a nosotros que estamos en medio, solo ha pensado en él. El balance es catastrófico. Yo voté a Macron, las dos veces, porque no tenía opción, o él o Le Pen.
-¿Ese es el problema del sistema francés a dos vueltas, que deslegitima al que gana, no le parece?
-Sí, exacto, eso ocurre en Francia desde Jacques Chirac, en el 2002, cuando se enfrentó a Jean-Marie Le Pen.
-¿Hay que cambiar hacia un sistema más parlamentario?
-Sí, pero ya ve que ahora tampoco tenemos un Gobierno legítimo desde hace dos años. Aquí no es posible poner de acuerdo a los partidos y hacer alianzas, un consenso, como en Bélgica, en España o en Alemania. Es dramático. Tenemos un Parlamento bloqueado y un Gobierno ilegítimo y que no es representativo.

Horas después, la calma de la manifestación parisina evolucionó hacia enfrentamientos entre grupos minoritarios y la policía, con el lanzamiento de objetos contra los agentes y la respuesta con gases lacrimógenos y cañones de agua, el esquema clásico cuando terminan las marchas. Lo mismo ocurrió en Lyon, Marsella, Toulouse y otras ciudades, aunque a una escala mucho menor que la semana pasada en el momento de redactar esta información.
El trauma de los desmanes del 17 de octubre impactó en todos. La policía aprendió la lección. Las autoridades también. A las múltiples prohibiciones a manifestarse se sumó la confusión de decisiones administrativas en el último momento y el cambio de itinerarios. Todo eso desbarató en parte la protesta, aunque, según la prefectura, en la capital se reunieron unas 110.000 personas. La estrategia de llevar la manifestación a la periferia de la ciudad dio resultados. El centro estuvo tranquilo.
A escala nacional, el Ministerio del Interior estimó en 410.000 personas la afluencia a las protestas. El sindicato CGT casi dobló esta cifra, con un cálculo de 800.000 en toda Francia, 250.000 en París.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, expresó su satisfacción por el control del orden público, aunque destacó que aún hubo un nivel de violencia extremadamente elevado y se produjeron al menos un millar de detenciones. Una de las buenas noticias es que no se atacaron edificios públicos.
El alcalde de Marsella, el socialista Benoît Payan, fue el primero en felicitarse por el buen desarrollo de la jornada de protesta, en especial de la manifestación en la ciudad sureña, que se saldó con episodios aislados de violencia y algún pillaje puntual. “Estoy contento por las marsellesas y marselleses”, dijo Payan, aliviado de que no se repitiera la batalla campal del sábado anterior. Hubo algunos saqueos, entre ellos los de dos joyerías, pero nada que ver con lo ocurrido una semana antes.
La considerable disminución de la virulencia de las movilizaciones no significa que el conflicto social se frene y que el Gobierno pueda cantar victoria. Puede tratarse de una simple tregua. El sábado que viene puede haber más manifestaciones y el 5 de noviembre está convocada una huelga en todo el país para reclamar medidas contra la carestía de vida, en especial el alza de los combustibles.
Un punto muy sensible era Orléans, donde se celebra este fin de semana el congreso del Reagrupamiento Nacional (RN, extrema derecha). Las acciones preventivas de la policía y el propio control del sindicato CGT hicieron que la manifestación de protesta transcurriera en relativa calma. El partido confirmó al eurodiputado Jordan Bardella, de 31 años, como presidente, con el 98,98% de los votos, aunque la participación fue solo del 68%. No le afectó a Bardella el escándalo sobre las revelaciones de sus presuntos comentarios antisemitas cuando tenía 17 y 18 años. Mañana domingo pronunciará el discurso de arranque de campaña la candidata presidencial, Marine Le Pen.

