La UE y China alcanzan un acuerdo sobre los vehículos híbridos y las tierras raras

Las intensas negociaciones de la Unión Europea y China han dado sus primeros frutos. El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, ha anunciado este viernes desde Pekín un principio de acuerdo con su homólogo chino, Wang Wentao, que pretende reducir las exportaciones de vehículos híbridos chinos a Europa, facilitar las licencias de tierras raras esenciales al continente y promover el acceso al mercado chino a sectores europeos clave como el aceite de oliva, las piezas de automóviles y el calzado.

No se trata del final de las negociaciones, sino de un “primer paso”, según el comisario, en el proceso de reequilibrar las relaciones comerciales entre los dos bloques después de que Bruselas exigiera a China resultados tangibles ante unos desequilibrios que ve directamente “insostenibles”. El acuerdo, aunque para muchos será insuficiente, supone una tregua que podría contribuir a evitar una guerra comercial abierta a la que Europa parecía cada vez más dispuesta.

A la espera de las capitales

El acuerdo contribuye a evitar una guerra comercial a la que París y Berlín parecían dispuestas

Según el comisario, el acuerdo podría reducir a la mitad las exportaciones de vehículos híbridos e híbridos enchufables de China a la UE a lo largo de cuatro años. Sin embargo, no hay acuerdo sobre los aranceles europeos a los vehículos eléctricos chinos como represalia por las subvenciones de Pekín. Después de la imposición de estos gravámenes, las ventas de híbridos chinos se dispararon desde el 7% de los automóviles importados de China en 2023 al 39% durante el primer semestre de 2026. 

La visita de Sefcovic llega después de tres meses de conversaciones técnicas muy intensas, después de que el año pasado el déficit comercial superase los 360.000 millones de euros. A finales de junio, la Comisión Europea dio un ultimátum claro a Pekín: tenía hasta octubre para que cambiasen las cosas o activaría el interruptor de las medidas de represalia. 

Ahora, la semana que viene, la Comisión Europea informará a los líderes comunitarios de los progresos alcanzados para recibir orientación sobre la línea a seguir y saber qué opinan de estos procesos. La comunicación es constante y ya antes de viajar el comisario Sefcovic mantuvo al tanto a los veintisiete embajadores europeos de todos los avances hasta el momento en las negociaciones. Ambas partes prevén retomar el diálogo en enero y celebrar una nueva ronda de consultas en marzo. 

Sefcovic acudía a Pekín con un mensaje importante por parte de las dos principales capitales europeas. El respaldo de Francia y Alemania es crucial en esta carpeta. Y pocos días antes del viaje para reunirse con Wang, el canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, enviaron una carta al Ejecutivo comunitario en la que abogaban por nuevos instrumentos de protección frente a las prácticas comerciales desleales de países terceros. Es decir, China, aunque el canciller alemán rechazó que se refirieran a “ningún país en particular”. Es una carta importante. Es un cambio importante porque Francia siempre ha sido partidaria de la mano dura comercial, pero ahora hasta Alemania, tradicionalmente temerosa por los intereses de su industria automotriz, quiere ir más allá  después de que su déficit comercial se haya disparado hasta un récord de 89.300 millones de euros.

En caso de no llegar a un acuerdo, París y Berlín apuntaban directamente a dos novedosos y poderosos instrumentos. Uno de ellos, la exclusión, como último de los casos, y mediante un procedimiento de urgencia, del mercado único europeo; y el segundo, un nuevo mecanismo de diversificación,  de manera que las empresas se viesen obligadas –o incentivadas– a diversificar el origen de los productos en los sectores clave de las cadenas de valor. En el ámbito de las tierras raras, por ejemplo, la industria europea depende casi por completo de la buena voluntad de sus socios chinos. Sectores vitales para el desarrollo económico europeo, como las tecnologías limpias, las baterías, la infraestructura digital o los suministros médicos, son demasiado dependientes de China. “A veces es muy fácil declarar una guerra comercial —o cualquier guerra—, pero es muy difícil detenerla”, ha avisado Sefcovic desde el gigante asiático.

Anna Buj Cussó

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

También te puede interesar