
La comparación ya está en marcha. El “M. Rajoy” anotado por Luis Bárcenas versus la “reunión con P.S.” escrito por Leire Díez. O bien, la “operación Kitchen” para ocultar pruebas de la financiación ilegal del PP frente a la “trama Leire” para frenar casos que afectan al PSOE. Las cloacas de unos y las de otros. En medio del ruido político y judicial, resulta difícil distinguir entre acusaciones con fundamento, indicios, meras especulaciones y detalles irrelevantes que solo alimentan el espectáculo. Vamos a detenernos en el caso que ha copado la atención esta semana. Leire Díez, una militante socialista con ínfulas de investigadora, de la que se sospecha con bastante base que vivió enchufada por su partido algunos años, se ha convertido en un virus que infecta a todo aquel con quien ha contactado en los últimos años.
Se sabe que Díez se puso en marcha a raíz de los cinco días de abril deL 2024 que Pedro Sánchez se tomó como reflexión sobre su continuidad después de la imputación de su mujer. Según el sumario, fue entonces cuando esa militante se convirtió en fontanera del partido al recibir el plácet de Santos Cerdán para buscar cómo frenar a quienes investigaban al presidente y su entorno. Pero hay que retroceder un par de meses antes. En febrero de ese 2024, Koldo García fue detenido. Por lo que ahora sabemos de las relaciones entre Koldo, Ábalos y Cerdán, esa detención debió de inquietar mucho a este último, ya que los tres andaban juntos en turbios negocios. Así que no es de extrañar que, cuando Díez le propuso moverse para buscar información contra fiscales, jueces o guardias civiles supuestamente hostiles, Cerdán pensara que esas pesquisas podrían serle útiles a él, además de ayudar al partido. Hasta ahí los indicios sólidos. Pero también podría ser que Cerdán o la propia Díez informaran más arriba, como “infiere” la UCO, la unidad de la Guardia Civil que lo investiga, al hallar mensajes de móvil de ella refiriéndose al “th e one” y una anotación en una libreta que reza “reunión con P.S.”, sin más aclaración.
Alguien escribió que el excomisario Villarejo tiene grabaciones para desestabilizar a todo el Estado, gobierne quien gobierne. Díez está en primero de Villarejo. De hecho, ella buscó la ayuda del ya excomisario. La fontanera del PSOE al rescate de su partido aliándose con los restos de la “policía patriótica” del PP. Un delirio. Pero también una conclusión. Por un lado, las grabaciones de Villarejo destaparon los manejos de un ramillete de policías sátrapas erigidos en salvadores patrios (estos días se juzga si contaron con el aval de un ministro y su número dos). Por otro, el teléfono de Díez ha dejado al descubierto cómo se las gastan algunos mandos de la Guardia Civil ajustando cuentas internas.
Pasamos de los policías erigidos en salvadores patrios a los guardias civiles ajustando cuentas
Como decíamos, Díez sería amateur, pero contaba con el apoyo de un todopoderoso secretario de organización del PSOE como era Cerdán. Con esa tarjeta de presentación llamó a todas las puertas que pudo para frenar investigaciones sobre los socialistas y su líder, Pedro Sánchez. De momento, los indicios apuntan a que Cerdán pagó a Díez con dinero del PSOE. El juez Pedraz podría llegar a imputar al partido como persona jurídica por no poner los medios para evitar ese uso torticero de sus fondos. Pero también investiga si la trama, de la que forma parte el expresidente de la SEPI Vicente Fernández, también se llevó dinero del rescate de la empresa Tubos Reunidos por la pandemia y si el partido se benefició.

Ahora vienen los detalles morbosos. Como ya ocurriera con el caso Gürtel de financiación ilegal del PP, los corruptos son muy aficionados a las grabaciones o a las libretas. El gerente Bárcenas fue anotando de forma minuciosa la contabilidad B del partido y el apunte “M.Rajoy” con una cantidad asignada se convirtió en una condena para buena parte de la opinión pública. Pero el expresidente no fue nunca imputado y solo declaró como testigo. Ahora en las libretas de Díez aparece la referencia “reunión con PS”, que apunta a Sánchez, sin fecha ni apostilla alguna. Veremos en qué queda, pero esta anotación tan inconcreta es tan poco consistente como apetecible para la oposición.
Sánchez trata de enviar el mensaje de que todo el asunto de Leire Díez es una derivada más de la corrupción de Cerdán y que esa fruta podrida ya fue expulsada del cesto. El presidente está convencido de que se necesita tiempo para que se desbroce el grano de la paja, es decir, que una cosa son los manejos ilegales que se atribuyen a Cerdán, Ábalos y Koldo para su enriquecimiento personal, y otra la excesiva recreación que, en su opinión, aplican algunos jueces y agentes en sus pesquisas. De hecho, la mayoría de los aliados se mantiene en esa tesis, ya que han puesto la línea roja en el descubrimiento o no de pistas sobre financiación ilegal del PSOE.
Los presupuestos se debatirán en el Congreso en noviembre y empezará la campaña municipal
Pero es muy probable que el PSOE acabe imputado como persona jurídica por el caso Leire e incluso por la causa abierta por el juez Ismael Moreno, que ha pedido a los agentes revisar a conciencia la contabilidad del partido en busca de supuestas comisiones de empresarios para obtener obra pública, derivadas de los casos que afectan a Cerdán y Ábalos. ¿Qué harán entonces los aliados del Gobierno? El PP está convencido de que eso se va a producir más pronto que tarde, y que el PNV y Junts pagarán un alto precio por no haberse descolgado antes de Sánchez.
El presidente llevará los presupuestos al Congreso hacia noviembre. Sabe que solo un milagro haría reconsiderar a Junts y PNV su rechazo, pero trata de cuidar a esos partidos. En Barcelona recordó a Junts que la aplicación de la amnistía está a la vuelta de la esquina y les invitó a seguir dialogando sobre “el conflicto político”. Y al PNV les garantizó que las generales no coincidirían con las municipales de mayo, posibilidad que inquietaba a los nacionalistas vascos. Si las cuentas no se aprueban, poco importará porque enseguida empezará la campaña para las elecciones locales. La política española seguirá sumida en un empate de impotencias. El Gobierno no cuenta con una mayoría sólida y la oposición tampoco puede ganar una moción de censura. La pregunta del millón es si el tiempo corre a favor de uno u otro. Con permiso de lo que pudiera garabatear Leire Díez en otras libretas.

