El éxodo de miles de ciudadanos marroquíes a Ceuta a riesgo de morir ahogados en el mar ha expuesto las contradicciones de la economía del país. El rápido desarrollo de los últimos años contrasta con altos niveles de desigualdad y una generación que continúa buscando fuera mejores condiciones de vida.
La migración en Marruecos ha alcanzado tal nivel que la diáspora alauí es la mayor del norte de África, con unos 3,6 millones de personas residiendo en el extranjero, lo que equivale al 9,5% de la población nacional. Estas magnitudes explican el enorme peso que los magrebíes residentes en el extranjero han alcanzado en la economía de su país. Las remesas que envían a Marruecos suponen ya el 6,8% del PIB nacional, al mismo nivel que el turismo y solo superado por las exportaciones del sector automovilístico.
Solo en el 2025, los migrantes transfirieron más de 11.000 millones de euros, un 2,6% más que un año antes, indican los datos de la Oficina de Cambios de Rabat. La evolución es aún más pronunciada este 2026, con un incremento de remesas del 9,9% de enero a junio.
Este dinero representa un balón de oxígeno para el estado norteafricano. Refuerza las reservas de divisas, funciona de estabilizador, ayuda a la subsistencia de miles de familias e impulsa el consumo. España aparece como el segundo país de origen de estas transferencias, por detrás de Francia y seguido de Italia y Bélgica, lugares que acogen el 80% de la diáspora marroquí.
Para fortalecer estos vínculos, Marruecos ha lanzado nuevos programas dirigidos a involucrar a sus emigrantes. El Fondo de Inversión Marroquíes del Mundo (MDM) busca canalizar los ahorros de éstos hacia sectores estratégicos.
El reino alauí crece con fuerza, pero sigue lastrado por las altas tasas de paro juvenil y la desigualdad
Todo ello, mientras la economía del país crece de forma estable por encima de la europea, con incrementos anuales medios del 3,5% desde principios del año 2000 y del 4,9% en el 2025, el mayor registrado en la última década. La ayuda internacional también es clave, con créditos y ayudas multimillonarias de la Unión Europea, el BEI, el FMI o el Banco Mundial. El desarrollo se hace visible en toda la zona de la costa, de Casablanca a Tánger, con importantes infraestructuras. Además de construir modernas autopistas y la primera línea de ferrocarril de alta velocidad de África, Marruecos ha puesto enormes esfuerzos en impulsar sus capacidades portuarias para convertirse en una potencia logística.
Jordi Torrent, experto en estrategia portuaria y secretario general de la Asociación de Puertos del Mediterráneo, destaca la creciente relevancia del puerto Tánger Med, por donde pasan al año más de diez millones de contenedores. “Se ha convertido en el primer puerto de mercancías del mediterráneo”, continúa Torrent. Gestionado por una sociedad mercantil, a su alrededor se han instalado clústeres industriales de la automoción, el textil o de la transformación de fosfatos.
A finales de este año Marruecos inaugurará otro gran puerto en Nador, y ya prepara otro más en Dakhla, en la costa atlántica. Todas estas instalaciones portuarias, prosigue Torrent, están sacando partido de la legislación europea en materia de emisiones, que obliga a los grandes buques de mercancías a pagar un impuesto medioambiental. A consecuencia de ello, cada vez más cargueros eligen los puertos marroquíes, sin este tipo de tributos, para realizar su primera escala en el Mediterráneo.
La transformación de la economía marroquí también atrae a numerosas empresas occidentales en busca de oportunidades. Desde Catalunya, con una importante comunidad del Magreb, Foment del Treball organiza desde hace unos años misiones empresariales para compañías que quieran hacer negocios en Marruecos. “El país se encuentra en plena expansión económica; nosotros ayudamos a empresas que quieran crecer allí o que busquen un lugar desde donde dar el salto al resto de África; no para deslocalizar producción de Catalunya, sino para abrir nuevos mercados”, explica Kilian García, director de Internacional de Foment.
En total, más de 350 empresas españolas se han implantado en el país, según datos de la secretaría de Comercio. Sus inversiones se concentran en energía, infraestructuras, la industria auxiliar del automóvil, la banca y la tecnología, áreas llamadas a crecer con los proyectos vinculados al Mundial del 2030, que el reino alauí quiere utilizar como palanca de cambio y escaparate exterior. De hecho, el ecosistema digital español ha mostrado especial interés en desplegar su tecnología en el país, con una reciente misión de la patronal Adigital con inversores y emprendedores de referencia interesados en aprovechar el filón del campeonato de fútbol.
El Gobierno también ha creado un régimen fiscal especial para atraer empresas extranjeras. El moderno distrito financiero de Casablanca es un ejemplo de la voluntad del país para tirar adelante. Pero este avance no llega ni mucho menos a todos los ciudadanos. El desempleo se mantiene elevado, por encima del 13%. Y en el caso de los jóvenes de 15 a 24 años, protagonistas de la crisis migratoria de Ceuta, alcanza el 36%. A ello se añade una alta tasa de jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni reciben formación, que representan una cuarta parte de la citada franja de edad.
A la brecha generacional se suma la regional. La población que vive bajo el umbral de pobreza severa apenas alcanza el 3% en las áreas urbanas, mientras que en el medio rural supera el 13%. El Gobierno está intentando con programas de ayudas erradicar las viviendas en chabolas pero una transformación de este calado no se hace de la noche a la mañana. Con ansias de crecimiento, Marruecos sigue siendo un país en vías de desarrollo en el que la migración continúa en ebullición.

