“Tener a un amigo rico ayuda al ascenso social”

Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Johannes Stroebel (1985), profesor de la Universidad de Nueva York y de la Escuela de Negocios Stern, ha puesto las bases teóricas al célebre lema, al estudiar el impacto económico de la amistad. Estuvo en Barcelona esta semana para dar una charla en el Cercle d’ Economia tras recibir el premio Calvo-Armengol, galardón promovido por la Barcelona School of Economics (BSE) y el Gobierno de Andorra.

“El pobre tiene acceso a información y oportunidades mediante la amistad con otra clase social”

Usted habla del índice de conectividad económica. ¿En qué consiste?

Es un indicador que mide cómo están conectadas las personas ricas y pobres en una sociedad. Para ello hemos analizado una gran cantidad de datos en la red Facebook.

¿Y por qué es algo importante?

Descubrimos que en aquellos lugares donde las personas pobres tienen más amigos ricos, a lo largo de las generaciones había más movilidad social, hacia arriba. Hay una correlación, una relación causal. No sólo la relación se refiere a vínculos familiares, sino a las personas que conoces en el instituto, en la parroquia o en tu club deportivo.

¿Cómo lo explica?

Hay varios factores que influyen. Uno es la información. Si tienes más amigos ricos, ellos podrían decirte por ejemplo cómo se solicita el ingreso en la universidad, algo que, si en tu familia nunca nadie ha ido a la universidad, quizá no sepas. O bien podrían ser recursos directos. Me refiero a que tus amigos ricos pueden ayudarte a conseguir unas prácticas, o tu primer trabajo. Aunque en realidad, lo más importante es que la relación moldea tus creencias y tus aspiraciones. Cuando, siendo pobre, ves lo que otras personas han logrado, quieres eso para ti y para tus propios hijos. Los ricos acaban siendo un modelo a imitar.

Pero en grandes ciudades como Barcelona conviven distintas clases sociales. Y los barrios pobres siguen siéndolo.

Las amistades y las redes de contacto requieren dos cosas. Una, la exposición. Abarca los tipos de lugares a los que vas como persona de bajos recursos –la escuela, el barrio en el que vives, la iglesia a la que acudes–. El otro aspecto es lo que llamo el sesgo de amistad. Puede que estas personas vayan al mismo colegio, pero que en una mesa se sienten los niños ricos y en la otra los pobres. Y nunca sean amigos.

¿Entonces?

Una de las cosas que hemos descubierto es que este tipo de sesgo de amistad es mucho peor en las grandes ciudades. Porque hay tanta gente que todo se fragmenta. En los pueblos es al revés. ¿Vas al campo y te apetece jugar al fútbol? Solo hay un equipo. No hay otra opción, ¿verdad? Los ricos quieren jugar al fútbol, los pobres también… pues van al mismo equipo.

El roce hace el cariño.

Por eso en las ciudades hay más brecha de conectividad económica, porque, con densidad de población, se van formando subgrupos, las personas se empiezan a dividir según los ingresos. En las urbes las redes de ricos y pobres están bastante separadas, aunque vivan muy cerca. Para que haya conectividad es necesario que estén en el mismo espacio, pero no es suficiente.

Según esta teoría los colegios públicos deberían favorecer lazos de amistad entre niños de distintas clases económica y el posterior ascenso social. Pero eso no ocurre en la mayoría de casos.

No todos los colegios lo consiguen. Hay escuelas en que, con la misma mezcla de alumnos, en una se hacen amigos y en la otra no. Eso depende del tamaño. Cuando el centro es muy grande, empieza a producirse una separación entre ricos y pobres. En los más pequeños, en cambio, no hay elección. Algo que parece desempeñar un papel importante son los deportes. Si estás en el mismo equipo deportivo, es mucho más probable que ricos y pobres se hagan amigos. Un tercer aspecto que favorece la amistad son los uniformes escolares. Cuando lo llevas, desde fuera todos tienen el mismo aspecto. No puedo saber de inmediato si eres rico o pobre.

¿Los colegios deberían poner algo de su parte para facilitar el ascenso?

Hubo un caso interesante en Palo Alto. Pusieron en marcha un programa de mentoría entre alumnos. Se buscó a alguien con recursos económicos y se le asignó como mentor a alguien de un curso inferior de una familia con pocos recursos. Se reunían una vez a la semana. La idea era que el rico empezara a dar consejos. Y descubrieron así que las notas de los exámenes de los estudiantes pobres mejoraban y al final tenían más probabilidades de triunfar. Tengo la sensación de que estamos dejando de aprovechar mucho talento porque la gente no tiene ni la información ni las aspiraciones necesarias para sacarle partido.

Si un pobre tiene éxito, ¿es porque tiene talento o un amigo rico?

Es una mezcla. Ese amigo rico puede ayudarte a aprovechar tu talento. Puede que ni siquiera los pobres sean conscientes de que lo tienen. O quizá lo tengan, pero por alguna razón no lo rentabilizan; lo único que necesitan es un poco de ayuda, un poco de orientación. Así que creo que es una combinación de talento y de todo lo que la conexión económica puede aportar.

¿Y los chicos ricos qué beneficios obtienen?

Parece que están más contentos. Diría que es bueno para el alma. Por ayudar a alguien, ser útil. Así que hay beneficios mutuos.

¿Se ha hecho alguna comparación por países?

En Colombia, el 1 % más rico y el 1 % más pobre están tremendamente separados. Quizá el 1% más rico gana un millón de dólares y el 1 % más pobre gana 1.000 dólares. En cambio, en Dinamarca, el 1% más rico y el 1% más pobre están mucho más cerca, ¿verdad? Cuando los ricos vuelan en helicóptero y los pobres no tienen electricidad, no se relacionan. No tienen nada en común. Sus estilos de vida son muy diferentes. Puede incluso que los pobres ni siquiera vayan al colegio.Y los ricos van a centros privados. En Dinamarca, ricos y pobres siguen teniendo una diferencia de ingresos, pero todos tienen un nivel de vida bastante similar. La mayoría van a los mismos colegios públicos. La desigualdad hace más difícil que ricos y pobres se relacionen.

¿Qué más impide a ricos y pobres ser amigos?

Cuando los ricos y los pobres no solo tienen ingresos diferentes sino que también hablan un idioma distinto, es aún más difícil establecer las conexiones. Si voy a los Emiratos Árabes Unidos, si voy a Dubái y te pregunto qué idioma hablas y respondes árabe, sé que eres rico. Si me dices bengalí, nepalí o urdu, no eres rico.Voy a Barcelona y te pregunto: ‘¿Qué idioma hablas?’. Sé que si hablas catalán, eres un poco más rico que si no lo hablas. Si las barreras lingüísticas se suman a las económicas, eso hace que estas últimas sean aún más difíciles de superar.

El comercio o la inversión ¿se ven más influidos por las relaciones personales que por las leyes o tratados?

Diría que probablemente estamos subestimando el factor de la amistad. Se habla mucho de capital físico, pero es hora de dar valor al capital social. Aquellas sociedades que cuentan con más capital social y una mayor interconexión económica no solo tienen una mayor movilidad social, sino que también parecen gozar de un mayor nivel de confianza. Y la gente parece tener una visión más favorable de la democracia.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

También te puede interesar