Medios estadounidenses se preguntaron el viernes: “¿Estamos en guerra?”.
Los ciudadanos responderían que sí, porque esa es la única manera de explicar que repostar el depósito del coche les cueste el doble ahora en comparación al 28 de febrero, cuando arrancó esa campaña militar supuestamente relámpago bautizada como Furia épica.
El mundo no se ha enterado, pero Trump, que se considera un elegido por Dios y que se representa a sí mismo como un Jesucristo en la era de la IA, se otorga la capacidad de “parar el reloj” y, por lo tanto, al estar en tregua, ya no hay conflicto bélico. Así lo sostiene el mismo Trump en la carta que remitió al Congreso para evitar el trámite establecido por ley, a pesar de que el mandatario pida ayuda de nuevo a los aliados para reabrir el estrecho de Ormuz, situación en la que se encontraba previamente a aquella última jornada de febrero en la que comenzaron los bombardeos, la presencia militar estadounidense en aquella zona y de volver a repetir la amenaza de destruir por completo el país enemigo.
El presidente remitió una carta al Capitolio en la que señaló que a efectos de cumplir la Resolución de Poderes de Guerra, “han cesado las hostilidades con Irán” tras el acuerdo de alto el fuego alcanzado este pasado 7 de abril, y todavía vigente, entre Estados Unidos y la república islámica.
El viernes se cumplieron 60 días desde que el gobierno de EE.UU. notificó formalmente al Congreso sobre el conflicto. Ese margen de dos meses marca el plazo en que el ejecutivo debe obtener la autorización de los legisladores para continuar con los esfuerzos militares. Pero el presidente considera que la tregua pone en pausa ese periodo y, por tanto, no se ha llegado al límite. Además, en declaraciones a la prensa incluso aventuró, sin base alguna, que esa resolución es anticonstitucional.
De manera similar, el secretario de Defensa, Pete Hegseth (a él le gusta mucho más que le llamen secretario de Guerra, nombre no oficial de su departamento), sostuvo el jueves en el comité de servicios armados del Senado que la cuenta se detuvo al interrumpirse las operaciones bélicas. La ley, destinada a controlar los actos de la presidencia, se aprobó en 1973 como consecuencia de la guerra de Vietnam.
“Estamos en un alto el fuego en este momento, lo que, según nuestra interpretación, significa que el plazo de 60 días se detiene”, argumentó Hegseth en esa comparecencia.
El senador demócrata Tim Kane puso en duda este razonamiento. Afirmó que no creía que la Ley de Poderes de Guerra, que permite al presidente desplegar fuerzas estadounidenses en un conflicto hasta 60 días sin la aprobación del Congreso si existe una amenaza inminente, respaldara esta justificación.
El republicano Mike Johnson, presidente de Cámara de Representantes y fiel aliado de Trump, también declaró a la cadena NBC que Estados Unidos “no está en guerra” con Irán.
“No creo que tengamos una actividad militar activa, cinética, de bombardeos, disparos o algo así. En este momento, estamos tratando de negociar la paz”, comentó Johnson. “Sería muy reacio a adelantarme a la administración en medio de estas negociaciones tan delicadas, por lo que tendremos que ver cómo evoluciona la situación”.
Sin embargo, no todos los legisladores republicanos están de acuerdo con este nuevo calendario en el que se negocia la paz, reconocimiento más que explícito de que existe la guerra.
Dos senadores republicanos, Rand Paul y Susan Collins, se unieron el jueves a los demócratas en su último intento de obligar a la administración Trump a retirar las tropas de Oriente Medio. La resolución fue derrotada por tres votos, incluido uno del senador demócrata John Fetterman, aliado habitual del trumpismo.
Collins subrayó que los poderes militares de Trump “no están exentos de límites”. Según su visión, “la Constitución otorga al Congreso un papel esencial en las decisiones de guerra y paz, y la Ley de Poderes de Guerra establece un plazo claro de 60 días para que el Congreso autorice o ponga fin a la participación de Estados Unidos en hostilidades en el extranjero”, remarcó. “Ese plazo no es una sugerencia, es un requisito”, insistió.
Su colega de partido John Curtis, que votó en contra de esa resolución, prometió que frenaría su apoyo a la financiación adicional para el conflicto hasta que se consulte al Congreso.
“Esto no es una postura adversaria contra la administración, más bien es un compromiso con nuestro sistema de gobierno”, escribió en un comunicado. “Es fundamental para nuestra seguridad nacional que las capacidades malignas de Irán sean neutralizadas, pero es igualmente fundamental que lo hagamos sobre una base constitucional sólida”, reiteró.
La oposición a la guerra de Irán alcanza niveles parecidos a los registrados durante la del Vietnam en los 70
Este debate se produce en un momento en que la guerra de Trump en Irán es tan impopular entre los estadounidenses como la guerra de Irak durante el año de mayor violencia en 2006 y la de Vietnam a principios de la década de 1970, según una encuesta de Washington Post-ABC News-Ipsos. El sondeo llega en medio de un creciente malestar económico y temores de terrorismo como consecuencia de la campaña militar.
El 61 % de los estadounidenses, a pesar de apoyo del 79% de los conservadores, afirma que el uso de la fuerza militar contra la república islámica fue un error, y menos de dos de cada diez creen que las acciones de EE.UU. en Irán han tenido éxito.
Aproximadamente cuatro de cada diez ven la guerra como un fracaso, mientras que otros cuatro de cada diez creen que “es demasiado pronto para saberlo”. Los datos de la encuesta suponen una condena al esfuerzo bélico aunque la Casa Blanca ha estado tratando de convencer a los estadounidenses de que están mejor bajo Trump que con Joe Biden.
