La guerra emprendida por Israel y Estados Unidos contra el régimen de los ayatolás de Irán amenaza con derrumbar la política económica de Pedro Sánchez. El precio del petróleo ha llegado a subir en dos semanas un 60%, hasta superar los 120 dólares el barril de Brent, aunque después se ha moderado. Fuerte impacto en la inflación. Y a partir de ahí todo empieza a complicarse. Menos mal que Donald Trump ha visto las orejas al lobo y ha tranquilizado a los mercados afirmando que la guerra está “casi acabada”. Si acierta, las aguas volverán a su cauce. El problema es que ya hizo afirmaciones similares en el caso de Ucrania, y ahí seguimos empantanados cuatro años después.
La situación de España es más complicada que la de otros países aliados, ya que enfrenta dos crisis simultáneamente: una derivada del conflicto bélico y otra originada por el desacuerdo con Estados Unidos al impedirle el uso de bases militares. Es como si se estuviera gestando una tormenta perfecta. Los precios de las materias primas aumentan considerablemente, el coste de la cesta de la compra alcanza niveles elevados y los salarios permanecen estancados. La clase media trabajadora ve reducido su poder adquisitivo mientras las clases bajas sufren aún más. El descontento social crece frente al Gobierno de coalición progresista.
Si la guerra elevara los tipos de interés y la prima de riesgo, la situación empeoraría
La economía es frágil, y podría pasar de crecimiento a recesión ante cambios bruscos. Los fondos europeos se están agotando y el Ministerio de Economía teme que haya que devolver hasta un 25% por falta de gestión. La llegada de inmigrantes también podría estar llegando a un punto de saturación. La regulación masiva de más de un millón de trabajadores sin papeles podría terminar creando más problemas que beneficios: la falta de vivienda y las alta tasas de desempleo entre los inmigrantes solo son la punta del iceberg.
Además, existe una intensa presión sobre el gasto público, impulsada por dos factores principales: los acuerdos de inversión en defensa asumidos ante la OTAN y el notable aumento del déficit de la Seguridad Social debido al pago de pensiones. Bruselas ha advertido que España corre riesgo de endeudamiento público excesivo a partir del 2028 debido al envejecimiento de la población y una deuda que supera el 103% del PIB. Si la guerra eleva los tipos de interés y también la prima de riesgo, la situación podría agravarse notablemente.

Como en la genial película de Harold Lloyd ¡Ay, que me caigo! (1930), Pedro Sánchez podría empezar a sentir vértigo. Seguro que uno de sus cientos de asesores asignados directamente por él le aconsejará que no se arriesgue terminando la legislatura. Existe una ventana de oportunidad haciendo coincidir las elecciones generales con las andaluzas, antes de que la situación se ponga fea. Aunque al presidente le gusta ganar los partidos encestando un triple en el último segundo, como ha hecho hasta ahora.
