Corea del Norte lanzó una decena de misiles balísticos sobre el mar de Japón, este sábado, coincidiendo con las maniobras bianuales entre las fuerzas armadas de EE.UU. y Corea del Sur. Así lo ha revelado este último ejército, que ha descartado cualquier daño. Japón emitió una alarma tras detectar el primer proyectil, que no habría alcanzado su zona económica exclusiva.
Las fuerzas armadas de Seúl detectaron a las 13.20h, hora local, “uno diez misiles balísticos lanzados desde la región de Sunan, en Corea del Norte, en dirección al mar del Este” (nombre coreano del mar de Japón”. Los misiles -que han caído al mar- fueron lanzados pocas horas después del encuentro en la Casa Blanca entre el primer ministro surcoreano, Kim Min Seok, y el presidente y vicepresidente de EE.UU., Donald Trump y JD Vance.
Kim habría alabado a Trump con el mensaje de su presidente, Lee Jae Myung, de que él es el único líder occidental capaz de mediar con el líder norcoreano Kim Jong Un. Incluso transmitió que la resistencia de este último a negociar se habría rebajado.

Donald Trump, por su parte, reiteró su disposición a entrevistarse con Kim Jong Un, aunque los tres encuentros durante su primer mandato no dieron ningún fruto. El presidente estadounidense ni siquiera descartó que un hipotético encuentro con el dictador pudiera producirse al hilo de su visita a Xi Jinping en Pekín, entre marzo y abril, aunque esta misma está en el aire por la guerra de Irán.
En realidad, nada indica predisposición por parte de Pyongyang. Desde el lunes pasado -y hasta el 19 de marzo- las fuerzas armadas de Corea del Sur y de EE.UU. se ejercitan en territorio coreano, con 18.000 efectivos. Se trata de las maniobras anuales anfibias Escudo de la Libertad (hay otras en agosto). Corea del Norte las denuncia como ensayos de invasión de su territorio.
Pyongyang ya expresó su rechazo con el ensayo de lanzamiento de misiles de crucero desde su buque insignia, el destructor Choe Hyon, a principios de semana. No obstante, el empleo de misiles balísticos sobre el mar de Japón rompe con más de un mes y medio sin incidentes de este tipo, desde el 27 de enero, cuando fueron dos. En febrero tuvo lugar el congreso quinquenal del Partido del Trabajo de Corea, en el que Kim Jong Un fue reelegido como secretario general. En contra de algunos pronósticos, su hija adolescente, Kim Ju Ae, no recibió ningún cargo.

Las maniobras conjuntas tampoco terminan de disipar algunos temores de Seúl. A principios de esta semana se descubrió que EE.UU. está desplazando a la guerra de Irán varios de sus dispositivos de defensa antibalística desplegados en Corea del Sur, entre los cuales su único sistema Thaad en Asia. Ayer mismo, Washington reconoció estar mandando al mismo teatro de guerra una unidad expedicionaria de 2.200 marines, hasta ahora estacionada en Okinawa, Japón. Junto a ella, el buque USS Tripoli de asalto anfibio -hasta ahora asignado a una base de Nagasaki- dotado con un escuadrón aéreo de F-35, V-22 Osprey y helicópteros.
Todo ello ha vuelto a poner sobre la mesa la integración de las bases asiáticas de EE.UU. en sus propias necesidades bélicas, más allá de la amenaza norcoreana que preocupa a surcoreanos y japoneses. Pero el debate podría no terminar ahí. Hay indicios de que Donald Trump podría solicitar a la primera ministra Sanae Takaichi, en la cumbre prevista para el jueves, el envío de la armada japonesa al mar Arábigo, para escoltar petroleros.
El cierre del estrecho de Ormuz supone una gravísima amenaza para la seguridad energética de Corea del Sur y Japón, que importan del golfo Pérsico la aplastante mayoría de su petróleo y gran parte de su gas. En este contexto agónico, la Oficina de Dominio Energético de EE.UU. organiza este fin de semana un encuentro “ministerial y comercial” en Tokio, en el que intenta cerrar acuerdos entre empresas de ambos lados del Pacífico.

Cabe señalar que la visita recién concluida del primer ministro surcoreano a Washington fue precedida por la aprobación (el mismo día), por parte de la Asamblea Nacional coreana, de la exigencia de Donald Trump de 350.000 millones de inversiones (públicas y privadas) en territorio estadounidense.
La cumbre en ciernes de Takaichi y Trump, también está haciendo madurar proyectos estratégicos de gran calado. Japón se comprometió a invertir 550.000 millones de dólares en EE.UU. para evitar unos aranceles que semanas después el Supremo estadounidense consideró ilegales.
De todos modos, el compromiso sigue adelante y tendría como proyecto estrella la alianza entra Westinghouse, Toshiba, Mitsubishi y IHI para levantar la primera central nuclear que se construye en EE.UU. desde los años setenta. Un empeño de 100.000 millones de dólares que tal vez no contribuya a la seguridad energética de Japón -ahora en la picota– pero sí a la de EE.UU..

