Cuando los miembros europeos de la OTAN decidieron no acudir al rescate de Donald Trump cuando les pidió ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz, el presidente dijo que ya no importaba, que Estados Unidos no dependía del petróleo que sale del Golfo y que su bloqueo por parte de Irán no tendría ninguna consecuencia en Washington. “Tengo una sugerencia para vosotros: compradlo a EE.UU., tenemos de sobra, y armaos de ese valor que os falta, id al estrecho y simplemente tomad el petróleo”, instó a Reino Unido, Alemania, Francia y otros aliados europeos.
Este jueves, el barril de Brent ha superado a primera hora los 126 dólares y el galón de gasolina en EE.UU. ya promedia alrededor de los 4,5, máximos que no se alcanzaban desde el 2022. La inflación norteamericana se disparó en marzo hasta el 3,5% interanual y los análisis de la Reserva Federal prevén que la presión energética encarezca todavía más el precio de la vida en los próximos meses.
Teherán dice que los buques enemigos que “cometan el mal” en el estrecho de Ormuz acabarán “en el fondo del mar”
Al parecer, el estrangulamiento del suministro energético global provocado por la guerra de EE.UU. e Israel en Irán, que cerró hace dos meses Ormuz (por donde pasaba el 20% del petróleo mundial), sí ha tenido efectos en la economía estadounidense. El posterior bloqueo naval americano a los puertos iraníes, que se solapa con el cierre del estrecho y que ahora Trump quiere mantener de manera indefinida, no ha dado de momento sus frutos estratégicos, mientras ha agravado todavía más las perspectivas.
La situación ha llevado a la Casa Blanca a plantear, de nuevo, una coalición internacional destinada a reabrir el estrecho de Ormuz, según un cable del Departamento de Estado al que ha tenido acceso la agencia Reuters. En el plan, se invita a los países aliados a unirse a una coalición denominada Maritime Freedom Construct (MFC) para permitir que los buques naveguen por el estrecho.
“El MFC constituye un primer paso fundamental en el establecimiento de una arquitectura de seguridad marítima postconflicto para Oriente Medio”, decía el cable, que según Reuters debía comunicarse oralmente a los países socios antes del 1 de mayo. Francia, Reino Unido y otros países han mantenido conversaciones sobre su posible participación en esta coalición, pero han señalado que solo estarían dispuestos a ayudar a abrir el estrecho una vez finalice el conflicto.
Pero su resolución se encuentra en un punto muerto. El frágil alto el fuego, vigente desde el 8 de abril, no ha dado de momento pie a negociaciones honestas entre ambas partes para alcanzar una paz duradera. La fase actual de la guerra, en la que Pakistán trabaja intensamente como mediador, se ha convertido en una carrera de resistencia. Trump confía en que su bloqueo indefinido a Ormuz terminará doblegando al régimen iraní, pues ha cortado su principal sustento económico. Por su parte, Teherán espera que la prolongación de la guerra pase factura política a la Casa Blanca y termine buscando un fin rápido de la guerra.
En un comunicado desafiante, el líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, ha afirmado que la República Islámica garantizará la seguridad en el Golfo Pérsico y eliminará “los abusos del enemigo” en Ormuz, donde Teherán escribe “un nuevo capítulo”. Las potencias extranjeras que “cometan el mal” en el estrecho acabarán “en el fondo del mar”, ha señalado, en alusión a EE.UU. y los países que se sumen a su coalición.
En su mensaje, Jamenei, quien todavía no ha realizado ninguna aparición pública para disipar los rumores sobre su estado de salud tras el asesinato de su padre, se permite el lujo de regocijarse en la humillación estadounidense. “Hoy, dos meses después de la mayor concentración militar y agresión de los matones del mundo en la región y de la vergonzosa derrota de EE.UU., se está escribiendo un nuevo capítulo”, ha señalado en el comunicado, difundido por medios estatales con motivo del Día del Golfo Pérsico. “Por el poder y la fuerza de Dios, el brillante futuro de la región del Golfo Pérsico será un futuro sin EE.UU.”, concluye.
Sin embargo, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha tomado un tono más conciliador este jueves, al mostrar su “disposición a continuar el proceso diplomático” con EE.UU., aunque solo si Washington detiene sus “acciones excesivas y provocadoras”. Entre ellas, ha citado las repetidas amenazas de Trump desde que comenzó la guerra, entre las que se incluye la de cometer un genocidio, cuando afirmó que iba a “morir una civilización entera” en Irán.
El presidente finalmente retiró esa amenaza y prorrogó el plazo de su ultimátum, algo que ha hecho repetidamente a lo largo del conflicto. Los costosos bombardeos diarios, en una guerra que ayer el Pentágono confirmó que ya ha costado más de 25.000 millones de dólares (organizaciones independientes la cifran en 60.000 millones), dieron paso al bloqueo naval, con el que ya se han hecho retroceder 37 buques, según la actualización más reciente del Comando Central.
Trump afirmó el domingo que su bloqueo naval haría “explotar” en “dos o tres días” los oleoductos iraníes; cuatro días después, no hay evidencia de que eso haya ocurrido
Trump sostiene que, al no poder exportar el petróleo, “toda la infraestructura petrolera de Irán va a explotar”. Según afirmó el domingo en Fox News, los oleoductos iraníes, “tanto mecánicamente como en el subsuelo, explotarán desde dentro”. “Dicen que solo les quedan unos tres días antes de que eso ocurra. Y cuando explota, nunca se puede reconstruir como antes”, añadió. Pero ya han pasado cuatro días y eso no ha ocurrido, y, según señalaron expertos a The Washington Post, todavía quedarían meses para ese improbable escenario.
En paralelo al bloqueo naval, Trump tenía previsto recibir este jueves un informe del Comando Central con posibles planes para una nueva serie de ataques militares contra Irán, según informó anoche el portal Axios. Entre ellos, se incluye tomar el control de partes del estrecho de Ormuz, incluida la estratégica isla de Kharg, esencial para las exportaciones iraníes, en una estrategia que busca la cesión de Teherán en posibles negociaciones futuras.
Trump prometió que no iba a entrar en ningún conflicto y resolvería el problema de la inflación al “desatar” el potencial energético de EE.UU. y “liberar” la gasolina, que iba a alcanzar suelos “nunca vistos”. La guerra en Irán no solo le ha hecho incumplir todas esas promesas, tampoco ha podido cumplir ninguno de sus objetivos estratégicos: el régimen de los ayatolás sigue en pie e inflexible ante la exigencia de Washington de que renuncie a su uranio enriquecido, Ormuz permanece cerrado, y las milicias proxy mantienen apoyo financiero y logístico de Teherán.
