Los líderes autocráticos colaboran cada vez más entre sí. Ya sea para reprimir más lejos y mejor, para difundir su propaganda, para enriquecerse o para fortalecer sus ejércitos. Y si el mundo es una telaraña tejida entre dictadores, Rusia y China son las arañas que la construyen. Junto con Irán, ambos países participan en dos tercios de los actos de “colaboración” mundial previstos entre los años 2024 y 2026. Esta es la mayor conclusión a la que llega el informe Índice de colaboración autoritaria: un mapa del ecosistema autocrático mundial, que presenta este miércoles la oenegé estadounidense Action for Democracy con el fin de dibujar el ecosistema de las autocracias del mundo.
El estudio se presenta junto a una herramienta digital homónima que permite seguir el rastro de forma exhaustiva de las alianzas que trazan los regímenes autoritarios.
“Pekín y Moscú están haciendo todo lo posible para que sus prácticas se institucionalicen y sean cuestión de rutina en todos los continentes con el fin de socavar la democracia”, afirma el estudio, basado en datos sobre más de 72.000 casos de colaboración, en los que intervienen 148 regímenes, gobiernos y partidos políticos con inclinaciones autoritarias. Irán, Turquía, Arabia Saudí, Egipto y la India, también ocupan un lugar destacado. La diplomacia, los intereses financieros y la cooperación militar son los principales motores de esta red.
Los líderes autoritarios llevan a cabo varias medidas para institucionalizar la cooperación. El informe menciona la creación de foros oficiales o cumbres e instalaciones que funcionan como puntos de encuentro permanentes, como el Foro Internacional sobre Democracia, que se celebra periódicamente en Pekín. También las alianzas mediáticas como BRICS TV, vinculada a Rusia, o la red de noticias Belt & Road News Network. Estos regímenes colaboran asimismo externalizando soluciones de gobernanza como, por ejemplo, cuando Moscú prohíbe por sistema la presencia de observadores internacionales en las elecciones.
Otra de las prácticas es la exportación de tecnología dictatorial con Pekín y Moscú (otra vez) a la cabeza. Estas facilitan, por ejemplo, contratos con proveedores que aseguran la vigilancia de la población y la represión de la disidencia. Un caso que aporta el informe es el sistema venezolano conocido como la tarjeta de la patria, creado con la ayuda de ZTE y que se utiliza para monitorear el comportamiento de los votantes y condicionar los beneficios a la lealtad política.
Como consecuencia de de estos vínculos se da una cooperación en la represión transfronteriza y, si bien la alianza a veces va más allá de compartir una ideología o religión, estos dos elementos también motivan la persecución de disidente o minorías. Ejemplo de ello es la colaboración existente entre Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto y, más recientemente, Turquía con la República Popular China en relación con el acoso, la detención y la extradición de las comunidades figures en el exilio.
Este patrón se explica porque Pekín, que oprime a la comunidad musulmana uigur dentro de su territorio al considerarla una amenaza para la cohesión interna, “busca reprimir las redes de solidaridad transnacionales que podrían internacionalizar las reivindicaciones uigures”, reza el informe. Mientras tanto, los regímenes del Golfo se avienen a deportar a uigures al gigante asiático porque los ven como una amenaza de desestabilización, ya que tras la Primavera Árabe se han dedicado a reprimir la autoridad política islámica independiente.
En Europa la red también está extendiéndose. El índice revela casos de colaboración entre democracias en retroceso y regímenes híbridos de la UE, como República Checa, Hungría y Eslovaquia, por un lado, y los principales regímenes autoritarios, por otro. El caso más notorio de este tipo fue el viaje que hicieron en septiembre del 2025 el primer ministro eslovaco, Robert Fico, y el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, a China para asistir a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, que incluyó su aparición en el desfile militar del Día de la Victoria, junto a Xi Jinping, Vladimir Putin y Kim Jong Un. Pero hay muchos otros vínculos menos conocidos que también se recogen.
Si las democracias responden a la presión autoritaria país por país, seguirán perdiendo
En la plataforma web también figuran varios partidos europeos que están en la oposición, como Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen (Francia), Alternativa para Alemania de Alice Weidel, el Partido por la Libertad de Geert Wilders (Países Bajos), Ley y Justicia de Jarosław Kaczyński (Polonia), Vox de Santiago Abascal (España), Chega de André Ventura (Portugal), Vlaams Belang de Tom Van Grieken (Bélgica) y el Movimiento Popular Patriótico Democrático de Dimitris Natsios (Grecia), entre otros.
Todo ello demuestra que la noción de que las autocracias tendían a estar aisladas ha quedado desfasada. “Si las democracias responden a la presión autoritaria país por país, seguirán perdiendo frente a un ecosistema que se coordina a través de las fronteras”, afirma uno se los asesores de Action for Democracy, Francis Fukuyama, que también es miembro sénior del Instituto Freeman Spogli de Estudios Internacionales de la Universidad de Stanford. “Trazar el mapa de la colaboración autoritaria es un requisito indispensable para que la contra estrategia democrática sea eficaz”, concluye.
