De adolescente se pasaba las tardes en el garaje de un vecino restaurando un viejo Porsche. A Robert Joseph (RJ) Scaringe (Rockledge, Florida, 1983) siempre le gustó la automoción, pero arrastraba un sentimiento de culpabilidad: estaba fascinado por la ingeniería mecánica, pero era muy crítico con el impacto ambiental que esta industria generaba.
Esta contradicción le acompañó durante sus estudios de doctorado en el MIT, donde llevó su ética sostenible al extremo: paseaba por el campus sus propios cubiertos metálicos para no usar los de plástico y secaba su ropa con cuerdas colgadas en su apartamento porque se negaba a usar la secadora. En los gélidos inviernos de Boston, iba a clase a pie o en bici para reducir al mínimo su huella de carbono.

Al terminar sus estudios, decidió resolver su conflicto interno fundando su propia empresa: Mainstream Motors. Sin embargo, el dinero no sobraba. Con la fe ciega de su familia, hipotecó su casa para conseguir financiación.
Pero el sueño americano rara vez se alcanza sin un gran volantazo inicial: su primer proyecto fue un deportivo híbrido que él mismo canceló al poco tiempo. Decidió que el mundo no necesitaba otro coche de lujo, sino una opción más radical: la movilidad eléctrica pura para la aventura.
Reorientó la empresa hacia las camionetas y furgonetas. Scaringe, vegano y apasionado de la canoa y la bici de montaña, quería vehículos capaces de llevar su equipamiento por ríos y bosques sin dejar rastro de humo. Así nació Rivian, nombre que homenajea al Indian River de su Florida natal.
Este ejecutivo percibirá este año más 400 millones de dólares en acciones como retribución
Su primer modelo, la pickup R1T, cautivó a Jeff Bezos, quien le considera “uno de los mejores emprendedores que he conocido”. El fundador de Amazon le encargó 100.000 furgonetas logísticas antes incluso de que Rivian tuviera la fábrica terminada. Una apuesta arriesgada en un ingeniero que poco tiene que ver con el otro gran impulsor de la movilidad sostenible, Elon Musk. Scaringe es metódico, reflexivo y reservado. En la fábrica es conocida su obsesión enfermiza por los ajustes: no es raro verle agachado en la línea de montaje, revisando personalmente la calidad de una costura o el sonido de una puerta al cerrar.
Bezos prefiere este perfil técnico al de un Musk más mediático. Amazon lideró una inversión inicial de 700 millones de dólares a la que siguieron firmas como Ford. Cuando la empresa salió a bolsa en 2021, protagonizó una de las mayores colocaciones de la historia de EE.UU., en que obtuvo casi 8.000 millones de dólares.
Hoy, a Scaringe le ha llegado su premio gordo : es de esta semana la noticia que ha recibido un paquete de remuneración de 403 millones de dólares, lo que le sitúa trece veces por encima de la media de otros ejecutivos del sector y 4.458 veces superior al de un empleado de la compañía que dirige. Si cumple los objetivos, el esquema aprobado por el consejo de Rivian podría reportarle hasta 4.600 millones en la próxima década. Es una cifra astronómica para una empresa que nunca ha obtenido beneficios netos y cuyas acciones han caído un 85% desde su debut. Solo el año pasado, las pérdidas netas a ascendieron a 3.600 millones.
Para Adam Jones de Morgan Stanley, Rivian se enfrenta a “una montaña de competencia y costes logísticos que ponen en duda la supervivencia de la firma como empresa independiente”. La compañía lo fía todo a su nuevo SUV para el mercado masivo, el R2 (para el 2028), y a la rentabilización de su plataforma tecnológica. El grupo Volkswagen acaba de inyectar 5.800 millones de dólares para que los ingenieros de Scaringe diseñen el cerebro (software y arquitectura electrónica) de sus futuros modelos de Audi, Porsche y VW. Es el gigante tradicional pidiendo auxilio al recién llegado.
Scaringe teme el empuje asiático. “El problema no es el precio, es que los coches chinos son realmente mejores”, reconoce con franqueza. Para Wall Street, el chico de oro del MIT tiene que demostrar que sabe gestionar la compañía sin que el dinero se evapore por el tubo de escape. Que sus vehículos no tienen.

